En Qué Consiste el Sello del Espíritu Santo

En qué consiste el sello del Espíritu Santo
Según la Biblia, al nacer de nuevo somos sellados por el Espíritu Santo. Pero qué significa eso y en qué consiste? Lo veremos a continuación.
La Biblia es muy clara cuando dice que todos al nacer de nuevo, somos sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la Redención y que el Espíritu Santo es el sello de la promesa (Efesios 1:13-14, y 4:30).
Pero veamos primero lo que es un sello. Un sello es un instrumento que se utiliza para poner una impresión o marca. Pero sello también es la marca en si misma, que se pone para certificar la autenticidad de un documento, sin el cual no tendría ninguna validez.
En Qué Consiste el Sello del Espíritu Santo
Ahora bien, cuando decimos que al nacer de nuevo, el Espíritu Santo nos sella, significa que es a través de Él que somos certificados y autenticados como hijos de Dios. Que ya le pertenecemos a Cristo, que Jesús es el dueño y Señor de nosotros, porque fuimos adquiridos o comprados por Él a través de su sangre. Significa que el Espíritu Santo es el instrumento que Dios utiliza para sellarnos.
Pero el Espíritu Santo además sella o marca en nuestros corazones y nuestra mente la Ley de Dios y sus principios. Si en el Antiguo Pacto las leyes estaban escritas en tablas, ahora y a través del Nuevo Pacto, estas son impresas o marcadas por el Espíritu Santo en nuestra mente y nuestro corazón, como lo anunció Dios en el libro de Jeremías 31:33: “Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
Así pues los mandamientos de Dios no fueron abolidos con el Nuevo Pacto, sino que simplemente fueron cambiados de lugar, y puestos en nuestro interior, y es solo a través del Espíritu Santo que podemos ser obedientes a ellos.
Dada nuestra condición pecaminosa, los seres humanos carnales e imperfectos, no tenemos ni la facultad ni el poder para obedecer. Solo cuando Cristo viene y entra a morar en nosotros es que cambia nuestro corazón. Es el Espíritu Santo de Dios quien nos empodera y nos capacita para evitar el pecado, santificarnos y vivir una vida en obediencia a Dios.
Es ese corazón nuevo que el Señor nos prometió desde el Antiguo Testamento, el que nos hace diferentes: “Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”, Ezequiel 36:26-27, pero para eso es necesario nacer de nuevo como lo dijo Cristo:
“De cierto de cierto os digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3:3, y nacer de nuevo es nacer en el espíritu. Es solo a través del nuevo nacimiento que nuestra condición carnal puede cambiar y tiene que cambiar para poder agradar a Dios.
“Porque los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios”, (Romanos 8:5-8 NVI).
Y esa naturaleza pecaminosa se traduce según Gálatas 5:19-21 en «adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, de tal manera que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios», y no tienen el sello del Espíritu Santo.
Es solamente el Espíritu Santo el que nos santifica y nos lleva a una vida de obediencia y sumisión a Dios, dejando atrás todos esos hábitos pecaminosos. El Espíritu Santo es el único que puede transformarnos de una naturaleza carnal a una espiritual, pero solo si lo dejamos trabajar en nosotros, porque definitivamente, el que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9).
Pero ahora veamos cuál es el fruto del Espíritu y analicemos si en verdad dicho fruto es parte de nuestra vida diaria : amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, Gálatas 5:22-23.
Si nosotros dejamos que sea Cristo el que dirija cada uno de nuestros actos, vamos a llevar una vida que honre y glorifique a Dios, porque lo que es imposible para el hombre que es obedecer la Ley de Dios, ahora a través de Cristo en el Nuevo Pacto sí es posible. Cristo pone su Santo Espíritu dentro de nosotros para que andemos en sus mandamientos, guardemos sus estatutos y los pongamos por obra como lo demanda Dios. Es pues el Sello de Dios en la vida de todo creyente.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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Sin el espiritu santo en mi , no puedo entender lo que leí. Y se entiende muy bien . Y me es agradable.confirmarlo con lo que hago. Por medio de mi fe. Que es Jesucristo
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