
Por Qué Nos Cuesta Tanto Dejar de Pecar
Si sabemos que el pecado es malo y que nos aleja de Dios, por qué pecamos? Veremos entonces, por qué nos cuesta tanto dejar de pecar.
Aclarando lo dicho arriba, el pecado es muy malo porque daña nuestra relación con Dios (Isaías 59:2). Hace que Dios vuelva su rostro de nosotros, y nos aleja definitivamente de Él, siempre y cuando persistamos en seguir pecando; hasta que nos arrepintamos, confesemos y estemos dispuestos a dejarlo atrás.
Un Mundo de Pecado
Sin embargo, habiendo crecido en un mundo sin valores en el que poco se tiene en cuenta a Dios, el pecado no es malo sino muy atractivo, porque satisface nuestros gustos y deseos. Nos han hecho creer que fuimos creados para ser felices, una felicidad que consiste solamente en sentir placer y en satisfacer todo aquello que complace los sentidos.
Es el culto al YO, que hemos heredado del pecado y del adoctrinamiento de una sociedad contaminada por el mal. Satanás se ha encargado de llenarnos de tentaciones fáciles de satisfacer, y para todos los gustos. Es por eso que hay una ley en la mente del ser humano que dice que mientras exista la posibilidad de conseguir el objeto deseado, la mente insistirá en pedírtelo hasta conseguirlo, y lo logra.
Y hoy por hoy hemos llegado al punto crítico, de que todo lo que queremos, lo que produzca placer a los sentidos lo tenemos a la mano, dejando nuestra voluntad a expensas de lo que nuestro cuerpo pide. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito pero no todo edifica», 1 Corintios 10:23″, porque las peores cosas y degradaciones del hombre, hoy son legales.
Veamos algunos ejemplos de cosas aberrantes que hoy son legales:
El matrimonio entre dos personas del mismo sexo, ya legal en muchos países; o el tener intimidad con animales, es legal en Canadá, siendo ambas cosas abominación para Dios. Todos los excesos habidos y por haber que satisfagan nuestros deseos son legales, como el licor, las drogas alucinógenas, la pornografía, las orgías, el intercambio de parejas o los juegos violentos de video, solo por mencionar algunos, porque la lista se sigue. Hemos llegado al punto de que a lo bueno se le llama malo y a lo malo bueno, haciendo de la luz tinieblas y de las tinieblas luz, (Isaías 5:20).
Por Qué Nos Cuesta Tanto Dejar de Pecar
Ante tanta complacencia de nuestro cuerpo y nuestra mente, por supuesto que es muy difícil dejar de pecar, antes por el contrario, el cuerpo cada vez va a pedir más y más. Nadie podrá dejar un mal hábito si no se determina a dejarlo.
Es necesario entonces que aunque el deseo persista, la voluntad se niegue a darle rienda suelta y así aprender a controlarlo. El problema en sí es que como seres humanos, producto de una sociedad perversa y complaciente, no tomamos decisiones en favor de lo que es correcto.
Es porque no somos determinantes a dejar de hacer lo que nos daña, o peor aún lo que daña a otros. Sin embargo, hay que aclarar que hay un poder superior que puede auxiliarnos en esos procesos de cambio, y es el Espiritu Santo.
Nadie puede dejar de pecar por sí mismo, debido a nuestra naturaleza pecaminosa, pero así como Cristo venció el pecado gracias a su perfecta conexión con el Padre, nosotros también podemos vencerlo si permanecemos en Cristo, porque separados de Él nada podemos hacer, (Juan 15:5), según las propias palabras de Jesús.
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