La importancia de la Ley de Dios

La importancia de la Ley de Dios
La importancia de la Ley de Dios es grande porque sin ella, ni la gracia ni la misericordia de Dios te salvarán el día del Juicio.
La Salvación y la Ley de Dios se relacionan íntimamente porque aunque la Ley no salva, sí actúa como un espejo que nos permite ver la suciedad del pecado que hay en nosotros. Esa es la importancia de la Ley de Dios, que nos permite ver nuestras debilidades y nuestra condición de pecado ante un Dios Santo y Justo que no lo tolera.
¿Pero sirve la Ley para salvarnos? De ninguna manera, ella es solamente una herramienta importante para conocer el pecado, un pecado que sin ella no tendría ningún sentido. Pablo lo dijo: “Yo no conocí el pecado sino a través de la ley”, Romanos 7:7.
Es imposible saber lo que es malo si antes alguien no nos muestra que está mal. Y ese es el único propósito de la Ley, como lo expresa muy sabiamente el evangelista y fundador de “La Cruzada estudiantil para Cristo”, Bill Bright, en su libro titulado ‘Escrito por la Mano de Dios’, y dice así: “La Ley de Dios o los Diez mandamientos tienen a Dios por autor, la santidad por tema y la revelación de los corazones impíos por propósito”.
Pero quienes son los impíos. Según la Biblia todos lo somos, porque el mismo Jesucristo dijo que el único bueno es Dios. Es por eso que ni aunque quisiéramos cumplir con toda la Ley, nos alcanzaría para merecer la Salvación, porque tenemos una condición pecaminosa.
No somos salvos por obras sino por el sacrificio de Jesús quien pagó la deuda, limpiándonos de todo pecado y haciéndonos justos ante Dios. Pero entonces si la Ley no salva, cuál es su relación con la Salvación?
La Ley nos deja ver nuestra culpa, es el espejo que refleja nuestro pecado y nos condena irremediablemente ante Dios, mostrándonos que necesitamos ayuda para no sucumbir, es la que nos permite comprender la necesidad de un Salvador.
La importancia de la Ley
La Ley de Dios es importante porque nos enfrenta a una realidad que de otro modo no conoceríamos, la realidad del pecado que hay dentro de nosotros, para poder arrepentirnos, confesar nuestras faltas y pedir perdón a Dios, reconociendo a Jesucristo como el Salvador, el único Salvador que nos puede llevar a la Vida Eterna.
Pero al reconocer a Jesucristo como Salvador, estamos aceptando su soberanía y total potestad sobre nuestra vida. Significa que a partir de ese momento nuestra vida le pertenece a Él, que debemos seguirlo y obedecerlo ciegamente, dejando el pecado atrás y buscando “la santidad, sin la cual nadie verá a Dios”, como lo dice en Hebreos 12:14.
¿Pierde entonces vigencia la Ley? Por el contrario, es cuando más debemos cumplirla. Pero ya no lo hacemos para querer ganar la Salvación o para merecerla, sino como respuesta a tan preciado regalo de Dios, para honrarlo, como un acto de amor y gratitud. Además porque Dios nos exige santidad y obediencia porque habrá un juicio para todos, en el cual tendremos que rendirle cuentas a Dios por todas nuestras obras.
Romanos 2:12-13 lo afirma: «Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados».
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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