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Justicia Imputada y Justicia Impartida

¿Qué son la justicia imputada y la justicia impartida? La primera es la justificación y la segunda es la santificación. Lo veremos ahora.

La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo y la segunda es nuestra idoneidad para el cielo (Mensaje para los Jóvenes, EGW.).

Muchos creen que tenemos que hacer obras para ganar la Salvación, y de hecho eso es lo que pensaban los judíos de la época de Jesús, pero tanto nuestro derecho al cielo, como nuestra idoneidad para el cielo se encuentran en la justicia de Cristo. Es por eso que a ellos no les alcanzó su esfuerzo, y se perdieron, no solo porque nadie puede ser salvo por sus propios méritos, sino porque no quisieron aceptar a Cristo como el Mesías, ni la Salvación por medio de Él.

No significa que las obras no sean importantes, de hecho por ellas seremos juzgados. Pero hay que recordar que las obras no son para alcanzar la Salvación, pues la Salvación es por el sacrificio de Jesús Las obras por el contrario, son el resultado de la Salvación. Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceréis», es decir, que de acuerdo a su comportamiento y manera de vivir, sabríamos si son salvos o no.

Los buenos frutos son el resultado de la santificación, que de acuerdo a lo expuesto arriba, es la justicia impartida. Dice en Romanos 6:22: «Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna».

Cristo nos libera del pecado, y nos covertimos en siervos suyos, porque cuando vivíamos en pecado, éramos esclavos del diablo pero al ser liberados por Jesús, nos convertimos en siervos de Dios. Y entonces nuestro fruto ha de ser la santificación, y la meta, la Vida Eterna, como lo dice el versículo arriba mencionado.

Justicia Imputada y Justicia Impartida

Entonces si la justicia imputada, es la que nos da Dios al arrepentirnos de nuestros pecados, recibir a Cristo en nuestro corazón, y aceptarlo como nuestro Señor y Salvador, la justicia impartida, es la que recibimos de Dios cuando sometemos nuestro temperamento, al poder modelador de Cristo, para que el amor de Dios, nos transforme al carácter de Jesús.

Porque a través de ese regalo generoso de Dios, alcanzamos la justicia de Cristo, que es la exigida por la ley. Así pues que al abrir nuestro corazón a Jesús, y someter nuestra voluntad a Dios, la misma vida de Cristo y su infinito amor, entran a ser parte de nosotros, para lograr el estándar de Dios para ir al cielo.

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Esta entrada fue publicada en mayo 11, 2026 por en Descubriendo la Verdad, Vida Eterna y etiquetada con , .
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