
La Palabra de Dios Nunca Llega Vacía (Image by inkflo from Pixabay)
“La palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará lo que quiero, y será prosperada para lo que la envié”, Isaías 55:10-11.
Como hijos de Dios que somos debemos compartir la Palabra de Dios con otros, pero a veces no lo hacemos porque tenemos miedo a ser rechazados o porque pensamos que nada de lo que digamos ayudará a otros a cambiar su equivocado estilo de vida. Pero como cristianos tenemos que hacerlo porque el compartir la Palabra de Dios no es solo misión de los pastores sino también de nosotros. Además no seremos nosotros quienes convenzamos sino que será siempre el Espíritu Santo quien haga la tarea, y nosotros solo sus instrumentos.
A continuación compartiré el interesante testimonio de un Pastor de una pequeña Iglesia que muestra cómo la Palabra de Dios sí tiene efectos verdaderamente significativos, aunque nosotros no nos demos cuenta, porque la Palabra de Dios nunca llega vacía.
La Palabra de Dios Nunca Llega Vacía
«Un Pastor de un pequeño pueblo, llegó a la Iglesia animado y motivado para realizar la reunión de la noche. La hora pasaba y la gente no llegaba. Después de 15 minutos de atraso entraron tres niños, después de 20 minutos entraron dos jóvenes, entonces el Pastor decidió comenzar el culto con las cinco personas. Al correr el culto entró una pareja que se sentó en los últimos asientos de la iglesia. Cuando el Pastor hacía la lectura de la Biblia para la prédica de la noche entró otro señor, con sus ropas sucias y con una cuerda en sus manos.
Aún sin entender el porqué de la falla del pueblo, el Pastor condujo el culto animado y predicó con dedicación y celo. Cuando volvía para su casa fue asaltado y golpeado por dos ladrones que se llevaron su bolso donde estaba su Bíblia y otras pertenencias de valor. Mientras su esposa hacía las curaciones de sus heridas en casa, él describió aquel día como:
– El día mas triste de su vida.
– El día más fracasado de su ministerio.
– El día mas infructífero de su carrera.
Después de cinco años, el Pastor decidió compartir esa historia para la iglesia. Mientras él terminaba de contar la historia, un matrimonio de gran referencia en aquella congregación interrumpe al pastor y dicen:
«Pastor, aquella pareja de la historia que se sentó en el fondo éramos nosotros. Estábamos al borde del divorcio a causa de varios problemas y diferencias que había en nuestro hogar. En aquella noche decidimos poner fin a nuestro matrimonio, pero primero decidimos entrar en una iglesia, dejaríamos allí nuestras alianzas y después cada uno seguiría su camino. Pero desistimos del divorcio después que oímos la prédica en aquella noche y hoy estamos aquí con el hogar y la família restaurada».
Mientras el matrimonio hablaba uno de los empresarios más prósperos y que ayudaba en el sustento de aquella iglesia se levantó pidiendo la oportunidad para hablar, y dijo:
«Pastor yo soy aquel señor que entró todo sucio con una cuerda en las manos, estaba al borde de la quiebra, perdido en las drogas, mi esposa y mis hijos se habían ido de casa a causa de mis agresiones. En aquella noche intenté suicidarme, sólo que la cuerda se rompió. Cuando iba a comprar otra cuerda, ví la iglesia abierta, y decidí entrar aún estando todo sucio con la cuerda en las manos. En esa noche el mensaje perforó mi corazón y salí de ahí con ánimo para vivir; hoy estoy libre de las drogas, mi familia volvió a casa y me convertí en el mayor empresario del pueblo».
En la puerta de entrada el diácono que recibía las personas gritó: «Pastor, yo fui uno de aquellos ladrones que le asaltó. El otro murió en aquella misma noche cuando realizábamos el segundo asalto. En el bolso usted tenía una Biblia, y yo pasé a leerla cuando despertaba por la mañana; después decidí entrar en esta iglesia».
El pastor quedó en shock y comenzó a llorar junto con el pueblo. Al final de la noche que él consideraba como una noche de fracaso, fué en realidad, una noche muy productiva. Nunca sabes en qué momento tus palabras se convierten en inspiración para otros y eres un canal de bendición.
La Palabra de Dios lo dice en Isaías 55:10-11 al expresar lo siguiente: «Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié».
No dejemos de compartir el evangelio porque no es una opción sino una obligación. Nosotros cumplimos con hacer lo nuestro y Dios se encargará del resto.
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