
El Carácter de Cristo para Alcanzar la Eternidad
Tenemos que ser transformados al carácter de Cristo si queremos alcanzar la eternidad. Lo veremos a continuación según la Palabra de Dios.
Una vez hemos aceptado a Cristo como Señor y Salvador, nuestra meta es desarrollar en nosotros el carácter de Cristo para alcanzar la eternidad. Porque la Salvación es un proceso que comienza con el arrepentimiento, confesión de pecados y sometimiento a Cristo, reconociéndolo como nuestro Señor y Salvador.
Y sigue con la transformación de nuestro carácter al carácter de Cristo, nuestro modelo de perfección para llegar al cielo. Cristo perdona todos nuestros pecados pasados (justificación) y está dispuesto a ayudarnos a dejar de pecar, si vamos en el proceso de santificación de la mano con El, porque sin santificación no hay Salvación.
Los estándares de Dios no son menos, después de haber mandado a su Hijo a morir para salvarnos. Dice el apóstol Pablo que «todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo», 2 Corintios 5:10.
Y para que eso suceda, tiene que haber una norma de justicia por la cual todos seremos juzgados, y esa norma de justicia es Cristo, nuestro modelo, quien pudo vivir una vida santa y de perfecta obediencia a la Ley de Dios (Juan 15:10). En el momento de nuestro juicio, nuestro carácter será comparado con el carácter de Cristo para recibir nuestra sentencia.
Dependiendo de qué tan cerca esté la perfección de nuestro carácter a la del de Cristo, es que recibiremos nuestra retribución o castigo. Entendiendo que el premio es el cielo y el castigo el infierno sin que haya puntos medios.
O somos santos y de perfecto carácter para alcanzar la eternidad con Dios, o simplemente seremos descalificados y dejados fuera. Cristo dijo: «Sed santos como vuestro Padre Celestial es Santo», Mateo 5:48.
El Carácter de Cristo Para Alcanzar la Eternidad
¿Pero es posible en verdad ser como Cristo? ¿Por qué Dios nos exige tanto? Sí es posible ser como Cristo, porque un Padre tan bueno y amoroso como es Dios, no nos exigiría algo que no pudiéramos alcanzar. Dios nos exige ser como Cristo, porque El ya nos ha dado suficientes herramientas para lograrlo, y todas ellas a través de Cristo.
Cómo alcanzar el Carácter de Cristo
¿Entonces cómo alcanzar el carácter de Cristo? La formación de un carácter puro y libre de pecado es una tarea de toda la vida, librando nuestras luchas diarias de la mano del Señor, porque esta es una tarea que no podemos hacer solos. Esas mismas luchas las tuvo que vivir Cristo, enfrentarlas también como hombre, y vencerlas todas.
¿Pero cuál fue la clave de Cristo para lograrlo? Una entrega total de dependencia al Padre, una perfecta obediencia a sus mandamientos, y una constante y ferviente oración. Cristo no desperdiciaba su tiempo en cosas vanas, ni en entretenimientos frívolos que lo desconectaran de su propósito y de Dios.
Cristo solo vivía para hacer las cosas que el Padre le ordenara hacer, y mantenía una conexión constante con El. El dijo: «He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió», Juan 6:38. Esa es la clave del éxito para tener el carácter de Cristo. Y no se trata de dejar de trabajar como alguien me decía.
Se trata de llevar a Cristo al trabajo y de usar nuestro tiempo libre para Él. ¿Se te hace difícil? Puede que si al principio, pero todo es cuestión de costumbre, y de todas formas el beneficio será para nosotros, porque nos estamos preparando para la eternidad.
Los entretenimientos del mundo solo nos hacen perder un tiempo valioso que no sirve de nada para nuestra preparación para nuestro destino final. Recordemos que este mundo es temporal y pronto terminará, y si no lo hemos usado para prepararnos, Cristo no nos llevará con Él.
Con respecto a eso el apóstol nos insta a dejar las cosas del mundo: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la soberbia (el orgullo) de la vida, no es del Padre, sino del mundo. El mundo y sus deseos pasan, mas el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre», 1 Juan 2:15-17.
Puede que suene a que Dios es demasiado estricto, pero es que no puede ser de manera diferente. Dios no va a permitir que el cielo, morada del Dios Santo y Perfecto se llene de pecadores.
Es por eso que hoy nos ha dejado a su Santo Espíritu para que con su ayuda, seamos transformados al carácter de Cristo, pero nosotros tenemos que estar dispuestos a renunciar al mundo, porque seguir a Cristo es renunciar al mundo.
La edificación de un carácter puro y santo tiene que ser nuestra prioridad, superando toda imperfección o pecado, y poniendo unos cimientos firmes en la Roca inconmovible que es Cristo.
Veamos lo que Jesús dijo en Lucas 21:36: «Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán (la tribulación), y de estar en pie delante del Hijo del Hombre».
Velar es estar firme en los principios de Dios, viviendo en santidad y clamando al Señor para que nos ayude a lograrlo, con el fin de poder estar en pie frente a Cristo cuando venga, y no ser destruidos por el resplandor de su Presencia.
Dios nos ha dado desde el principio unas normas y principios que servirán de guía en nuestro proceso de santificación, y son los mandamientos de su Ley, que han existido desde siempre, y que seguirán vigentes hasta el final.
Porque la Ley de Dios es la norma de justicia sobre el universo y la señal de autoridad de Dios sobre la tierra, y el obedecerla es para nosotros la gran prueba de lealtad a Cristo. Es la prueba fehaciente de que lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador.
Deducimos de todo esto que la clave para tener el carácter de Jesús que nos hace idóneos para la eternidad, es el arrepentimiento genuino de nuestros pecados, el sometimiento a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y la obediencia a sus mandamientos, con la ayuda del Espíritu Santo.
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