
La Ira de Dios (Image by ds-grafikdesign from Pixabay)
Mucho se habla del infinito amor de Dios pero muy poco de la ira de Dios y veremos qué la puede generar de acuerdo a la Palabra de Dios.
Es verdad que la Biblia dice que Dios es tardo para la ira y grande en poder, pero tambien dice que no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en el torbellino y en la tempestad, y las nubes son el polvo de sus pies. Él reprende al mar y lo hace secar y agota todos los ríos, Nahum 1:3-4. Y el libro de Números 14:18 lo expresa de la siguiente manera: “El Señor es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión; mas de ninguna manera tendrá por inocente al culpable«.
Esto significa que Dios es muy paciente con nosotros y nos da muchas oportunidades para arrepentirnos y ser perdonados, porque Él no quiere que nadie se pierda, sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3:9), pero la paciencia de Dios tiene un límite también. No debemos nunca confundir bondad con alcahuetería, porque si Dios es paciente es porque nos ama demasiado pero Dios no es tonto y conoce perfectamente las intenciones del corazón, y sabe quien es verdaderamente fiel a Él, y quien no.
El sabe qué corazón es sincero y pretender engañarlo con El no funciona, porque aunque nos ama demasiado, cuando tiene que castigar lo hace sin dudarlo, asi que tenemos que ser muy cuidadosos con eso.
La Ira de Dios
¿Pero qué puede generar la ira de Dios? Definitivamente la perversidad del hombre, y el rechazo total de su Gracia. Dios reconoce y entiende la pecaminosidad del ser humano, pero a través del sacrificio de Jesús nos ofrece un camino para la Salvación, y desconocer, no aceptar o rechazar ese camino que es Cristo, no le deja otra salida más que la ira de Dios. Por eso dice en Hebreos 10:26-31:
«Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!».
La ira de Dios está aún contenida, y el mundo sigue haciendo de las suyas, creyendo que no tendrá que rendir cuentas de sus actos a nadie. La maldad y la violencia siguen creciendo desaforadamente, pero pronto Dios se pronunciará. Cuando menos la gente lo espere la ira de Dios se desatará de manera inexorable y sin ningún control ni misericordia. Lo dice claramente la profecía en Isaías 5:23-25 al expresar lo siguiente:
«Ay de los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho! Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel.
Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendiida».
Y en Jeremías 25:30-33 dice así: «Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada santa dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra. Llegará el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová tiene juicio contra las naciones;
Él es el Juez de toda carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová. Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados; como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra».
Y así como cada profecía de la Biblia se ha cumplido, estas también se cumplirán. Muchos aún cristianos se atreven a decir que por su bondad, Dios no castigará, pero cuidado, que Dios es bueno pero también es justo, y Él no perdonará a aquellos que no se quieren arrepentir ni someterse a Él. El viejo adagio popular dice: «El que la hace la paga».
Y aunque con Dios tenemos la enorme ventaja de que si nos arrepentimos de corazón y confesamos nuestras culpas seremos perdonados, quien se resista a hacerlo también tendrá que pagar con su propia vida y lo que es peor aun, con la muerte eterna. «Porque cercano está el día del Señor, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento. Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol», dice el Señor.
No esperemos a agotar la paciencia de Dios, y más bien arrepintámonos de nuestros pecados y sometámonos a su Voluntad y Él nos protegerá en aquellos días de tribulación que muy pronto vendrán.
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