
Estamos Listos Para Entrar al Cielo (Image by Noel Bauza from Pixabay)
¿Cómo saber si estamos listos para entrar al cielo? Existe solo una forma para ser aceptados en el cielo y veremos cuál es a continuación.
Aunque tal vez muy poco se piensa en el cielo, por lo que sabemos acerca de este, creo que todos queremos pasar la eternidad con Cristo, sobre todo sabiendo que ya no habrá sufrimiento ni dolor con El. Pero entonces ¿Cómo saber si estamos listos para entrar al cielo? ¿Cuáles serán los requerimientos que Dios exige para estar con Él por toda la eternidad? Veremos lo que dice la Biblia.
Estamos Listos Para Entrar al Cielo
En Hebreos 12:14 dice que «sin santidad nadie verá a Dios«, y también dice la Biblia que Cristo vendrá por una iglesia sin mancha ni arruga. Eso quiere decir que si queremos ir al cielo tendremos que haber cambiado nuestra naturaleza de pecado por una semejante a la de Cristo, porque ningún pecador entrará al cielo y en eso Dios si es determinante. ¿Te imaginas cómo sería el cielo si Dios lo permitiera? ¿Encontrarte por ejemplo allá a aquel ser perverso que tanto daño te ha hecho? Sin embargo, muchos piensan que porque Dios es bueno pasaría por alto nuestras faltas, que a veces solemos clasificar como pequeñas y de poca importancia.
Pero ese ser que te hizo tanto daño piensa igual que tu. Muy probablemente esa persona jamás creyó que lo que te hizo era malo, porque los seres humanos somos tan imperfectos que creemos que son los otros los que pecan y dañan, pero que nosotros no. Sin embargo, algo que para nosotros puede parecer insignificante como mentir, ofender a alguien o dañar la reputación de otros, es tan grave para Dios como robar, matar o violar sexualmente.
Porque si Dios nos perdonara a nosotros, tendría que haber perdonado por ejemplo a los habitantes de Sodoma y Gomorra, o a cualquier asesino en serie de nuestros días, porque Dios es ante todo justo y no hace acepción de personas, porque para El no hay pecado pequeño. Cualquier cosa que vaya en contra de nuestro prójimo por pequeña que sea, ofende también a Dios y es inaceptable para El. Y también fallar en darle la debida honra a Él, con mayor razón.
De tal manera que por cualquier pecado que implique transgresión de la Ley, nos dejará por fuera del cielo, sin misericordia, porque el tiempo de arrepentirnos y cambiar es hoy. Estamos en el tiempo de Gracia todavía, pero cuando se cierre ese tiempo, y ya Cristo deje de interceder por nosotros, ya no habrá más misericordia para el pecador sino el irremediable castigo.
Dios requiere de nosotros perfección y pureza; ser como niños para entrar al cielo, con un completo sometimiento y obediencia a sus principios aquí en la tierra, para garantizar que no nos vamos a rebelar en el cielo como pasó con Lucifer y los ángeles malvados que tuvieron que ser expulsados junto con él de allá.
Sin Santidad Nadie Entrará al Cielo
Dice el apóstol Pablo: Puesto que somos el Pueblo Escogido de Dios (2 Corintios 6:16) limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, (2 Corintios 7:1). Si decimos ser el pueblo de Dios debemos andar como Cristo anduvo a su paso por la tierra (1 Juan 2:6). Porque nuestra principal misión es reflejar su carácter, y así como El fue santo ser nosotros también santos. Cristo dijo: «sed pues perfectos como vuestro padre que está en los cielos es perfecto». Y en Levíticos 20:26 el Señor dijo: «Habéis de serme santos porque yo soy Santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos».
Sé que muchos cristianos nominales dicen que eso es imposible, pero Dios no nos exigiría algo imposible de lograr, y al decir que es imposible estamos llamando a Cristo mentiroso, porque si El lo logró en calidad de hombre, significa que nosotros tenemos que lograrlo también. Y para eso tenemos su incondicional ayuda, pero es una ayuda que pocos están dispuestos a aceptar, porque para seguir a Cristo tenemos que renunciar al mundo y sus frívolos placeres.
El dijo: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer», Juan 15:5. Tenemos que permanecer en Cristo para producir frutos espirituales de justicia que es lo que Dios necesita de nosotros, para demostrarle a Él que sí estamos listos para entrar al cielo. Y eso tenemos que lograrlo aquí, en medio de un mundo caído lleno de perdición, con sacrificio, con abnegación y con renuncia a las cosas materiales que nos ofrece nuestro entorno.
¿Estaremos verdaderamente dispuestos a eso? Debemos pensar que es mucho lo que hay en juego y es nada más y nada menos que nuestra eternidad con Cristo. Porque si no estamos dispuestos a dejar las banalidades de la vida y someternos por completo a Dios pero ya, no estaremos listos para entrar al cielo.
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