
No Somos Salvos por las Obras (Image by Gerd Altmann from Pixabay)
Existe gran controversia entre los cristianos acerca de sí somos salvos por obras o no. A continuación lo aclararemos según la Biblia.
La Biblia a veces tiene conceptos confusos que pudieran hacer ver dentro de ella ideas opuestas o contrarias entre sí, dando a entender que se contradice. Sin embargo recordemos que la Biblia fue inspirada por Dios, y Él nunca se equivoca. ¿Entonces? ¿Qué es lo que pasa con muchos textos que se muestran tan confusos y ambiguos?
La primera clave que tenemos que tener en cuenta para leer la Biblia es pedir la dirección del Espíritu Santo, porque las cosas de Dios se disciernen solamente con el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14). La Biblia, al ser inspirada por Dios, es imposible entenderla sin la ayuda de su Santo Espíritu que es el que nos puede abrir la mente y el entendimiento para comprender sus misterios. Una vez pedida la dirección del Espíritu Santo en oración antes de comenzar a leerla, tenemos que estudiarla yendo a cada una de las referencias que la Biblia nos da para ampliar los conceptos.
Y finalmente, pero no menos importante es que debemos conocerla toda porque algunos conceptos poco claros en algunas partes, pueden ser analizados y ampliamente explicados en otras partes de la misma, de tal manera que para entender la Biblia tenemos que estudiarla a fondo y siempre de la mano del Señor. Una vez comprendido lo anterior analizaremos si necesitamos o no de las obras para ser salvos.
No Somos Salvos por las Obras
La Biblia es muy clara cuando dice que no somos salvos por obras sino solamente por gracia en Cristo Jesús quien murió para pagar la deuda impagable de pecado que todos teníamos con Dios. Sin embargo, la Biblia también es muy clara cuando dice que todos seremos juzgados por nuestras obras. Veamos lo que dice el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:10 al expresar lo siguiente:
«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo». Entonces, si somos salvos por gracia, por qué seremos juzgados por nuestras obras? Es tal vez en este punto donde se presenta la confusión, pero la verdad es que no es tan confuso como parece y veremos por qué.
Cuando una persona después de haber vivido una larga vida de pecado y se arrepiente de corazón, lo normal es que dicha persona decida de manera consciente cambiar de vida dejando el pecado atrás. Ese es el fruto del verdadero arrepentimiento, dar un giro de ciento ochenta grados y mirar hacia adelante con otra perspectiva. Entonces sus hechos, actos o comportamientos van a ser, a partir de ese momento, muy diferentes de los que solía tener antes de arrepentirse.
Es por eso que las obras no son para ser salvos, sino que son el fruto de serlo, y por ellas es que Dios nos juzgará para determinar si en verdad nos hemos arrepentido o no. Porque si en verdad somos salvos, es obvio que ya no actuaremos como de pecadores lo hacíamos sino que ya actuamos diferente si es que en verdad hemos nacido de nuevo.
Cuando nos arrepentimos y nos sometemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador somos justificados por fe y son nuestras obras a partir de ese momento las que respaldan ese nuevo estado que adquirimos, porque como dice el apóstol, una «fe sin obras es muerta» (Santiago 2:26). Podríamos decir entonces que la fe y las obras vendrían siendo como las dos caras de una misma moneda, de tal manera que la una no podría existir sin la otra. No puedo decir que soy salvo, si mis buenas obras no me respaldan.
Porque la Salvación está compuesta por dos importantes e inseparables aspectos que son la justificación que recibimos gratuitamente por fe, solamente por arrepentirnos de corazón y aceptar a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Y la Santificación que viene a ser la transformación de nuestro carácter por la obra del Espíritu Santo y que produce en nosotros las buenas obras o las obras de justicia, «pues ahora que hemos sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenemos entonces como fruto la santificación, y como resultado, la vida eterna», según dice en Romanos 6:22.
Las obras entonces son el producto de la Fe que obra por el amor de Cristo en nosotros, porque cuando creemos en algo o en alguien, actuamos en concordancia a eso que creemos. Como podemos ver, las obras son inherentes a nuestra Salvación porque una persona verdaderamente salva no actuará del mismo modo que un pecador, ya que la persona salva reconoce a Cristo como Salvador, lo ama, lo obedece y lo respeta porque entiende el verdadero significado de lo que Él ha hecho por ella.
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