
Los peligros del Orgullo
El orgullo, la prepotencia y la arrogancia son tal vez los defectos más comunes de nuestro tiempo. Hoy hablaremos de los peligros del orgullo.
Según el diccionario de la lengua española, la palabra orgullo tiene dos acepciones:
1. «Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio».
2. Y «exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás».
El primer significado puede hacer referencia a un sentimiento de pertenencia del individuo con respecto a una institución, ente o comunidad. Por ejemplo, alguien podría decir: «Estoy orgulloso de mi tierra; me siento orgulloso de mi escuela o siento orgullo por mi raza. Aun diría me siento orgulloso de mi hijo”, etc. Y en este sentido, no es malo.
Sin embargo, el segundo significado, hace referencia a una persona con la que es muy difícil convivir, porque debido a su prepotencia siempre tendrá conflictos con los demás, ya que se sentirá demasiado importante como para compararse con el resto de los mortales.
Una persona orgullosa, difícilmente encuentra un buen lugar en la sociedad, pues por su arrogancia, suele alejar a los demás debido a que nadie quiere una persona prepotente para compartir. Estas personas son más bien desechadas y marginadas por su temperamento generalmente fuerte e irritable, sobre todo cuando las cosas no se hacen a su manera.
Los Peligros del Orgullo
El orgullo es malo porque una persona orgullosa no estará dispuesta a someterse a nadie y Dios nos exige obediencia y sumisión. Una persona orgullosa no está dispuesta a aceptar sus errores, ni a pedir perdón cuando ofende a alguien y Jesús dijo que quien no perdona, no será perdonado por Dios (Mateo 6:14-15].
El orgulloso no estará dispuesto a sacrificar sus propios gustos y deseos por los de nadie, porque ellos siempre quieren ser los primeros y Jesús dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos», Marcos 9:35. Y el apóstol Pablo dijo que «no debemos mirar nuestro beneficio propio sino primero el de los demás, considerándolos como superiores a nosotros», (Filipenses 2:3-4), algo que el orgulloso jamás aceptará.
Una de las cosas que Dios nos exige es abnegación y entrega, como El mismo entregó su vida por amor a nosotros. Pero además, el orgulloso no estará dispuesto a amar a otros sin condición, a ser solidario y tolerante, porque se ama tanto a sí mismo que le cuesta soportar a los demás. Y el mandamiento que Jesús nos dio es el de amar al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39), incluyendo aún a nuestros enemigos (Mateo 5:44).
Si la Biblia dice que tenemos que ser como Cristo, tenemos entonces que dejar la arrogancia a un lado y aprender de nuestro Salvador, porque eso fue lo que Él dijo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón», Mateo 11:29. Tanto el orgullo, como la envidia por ejemplo, son sentimientos malsanos que afectan considerablemente los intereses comunes de la iglesia de Cristo, porque nos impiden trabajar en unidad, ya que las personas que adolecen de tales sentimientos solo piensan en sí mismas y no les interesa el bien del prójimo.
Dice la Palabra de Dios que “el temor de Jehová es aborrecer el mal, la soberbia, la arrogancia, y 1el mal camino», Proverbios 8:13. Recordemos que el temor de Dios es reverenciarlo, honrarlo con nuestros actos, agradarlo y reconocerlo como nuestro creador y Señor de todo el universo, y una persona orgullosa será incapaz de todo eso por las mismas características mencionadas arriba. De tal manera, que diciéndolo en otras palabras, el orgulloso no es salvo y por esa misma razón tampoco será aceptado jamás en el cielo porque sólo los mansos y humildes de corazón, heredarán la Vida Eterna (Mateo 5:5).
Es muy difícil dominar nuestros defectos de carácter, porque somos una generación caída, que vive en un mundo caído gobernado por satanás, pero debemos recordar que Jesús ya ha vencido y que de su mano poderosa, nosotros podemos también vencer cualquier cosa, sea material o espiritual. Es por eso que Pablo dice en Filipenses 4:13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece», y cuando habla de todo, significa que ningún defecto de carácter por horrible que sea, podrá dominarnos si nos aferramos a nuestro amado Salvador.
Porque si nos sometemos a su Voluntad, Él podrá transformarnos por completo, convirtiéndonos en nuevas criaturas, ya que esa es la promesa de Dios. Y las nuevas criaturas ya no pecan porque tienen la simiente de Dios. Es la nueva vida en Cristo la que nos impide seguir pecando (1 Juan 3:9), porque en esa nueva naturaleza santa y pura, ya no sentimos ganas de pecar, es más, aprendemos a odiar el pecado y a amar más las cosas de Dios. ¿No es eso maravilloso?
Así pues que con Cristo ni el orgullo ni ningún otro defecto de carácter nos podrá quitar la entrada al cielo simplemente porque con Cristo seremos capaces de dejar todo mal sentimiento atrás, para vivir en santidad como lo exige Dios.
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