
La Humanidad de Cristo
A continuación hablaremos de la humanidad de Cristo, un maravilloso evento sin precedentes que cambió la historia del mundo.
La encarnación de Cristo es uno de los más grandes acontecimientos sucedidos en la historia de esta tierra; fue un evento absurdo para muchos que no pudieron entenderlo ni creerlo; pero maravilloso para todos aquellos que estuvieron dispuestos a aceptarlo y a creer en Él.
Jesús se despojó de su divinidad, grandeza y majestad para revertirse de hombre y poder vivir con la raza humana, sometiéndose a toda clase de debilidades, sufrimientos y malos tratos, solo por amor a todos nosotros.
La Humanidad de Cristo
«Y Jesús se hizo carne, y habitó entre nosotros», Juan 1:14. Solo en su forma humana podía alcanzarnos. Jesús no hubiera podido presentarse como Dios para salvarnos, en primera instancia porque como pecadores que somos, hubiéramos sido destruidos por su pureza y por su gloria, porque ningún hombre puede ver a Dios y vivir (Éxodo 33:20).
Cristo vino en forma humana para estar más cerca de nosotros, para poder sentir en carne propia todas nuestras emociones y sufrimientos, y también para ser tentado de todas las formas como nosotros lo somos. Vivió toda una vida de sacrificio y abnegación para darnos ejemplo de lo que significa el verdadero amor, al punto de dar su vida por todos sin merecerlo.
Era la vida del santo, justo, perfecto y sin tacha por toda la humanidad perdida. Jesús sufrió el castigo que nosotros merecíamos, para que nosotros pudiéramos alcanzar la Gloria que Jesús merecía. El se hizo hombre para vencer el pecado en nuestra propia naturaleza y enseñarnos también cómo vencerlo.
Pero vino además como hombre para darnos a conocer la naturaleza divina de Dios el Padre (Juan 17:26). Porque contemplando y conociendo a Jesús, podemos también conocer a Dios pues Él dijo: «El que me ve a mi ha visto al Padre», Juan 14:9. Siendo hombre pero siendo aun, el Unigénito Hijo de Dios, podía enseñarnos de primera mano, todo acerca del Creador del universo; cómo piensa, cómo siente y su Voluntad para nosotros, además de todas sus promesas.
En Jesucristo hombre podían conjugarse ambas naturalezas, la humana y la divina para servir de puente entre Dios y nosotros, porque Él representa el lazo de unión, el canal de comunicación entre el cielo y la tierra. El vino a restablecer el vínculo roto por el pecado, que nos había alejado de Dios. De hecho Él mismo lo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí», Juan 14:6.
Cristo al venir a este mundo, se convierte como en una escalera plantada en la tierra, cuyo peldaño más alto termina en el cielo, conectándonos nuevamente a nuestra esencia primera cuando fuimos creados, y reconciliándonos con Dios. De tal manera que como El mismo dijo, no podremos lograrlo sin Él.
Es por eso que cada día debemos aferrarnos a nuestro Salvador, para que de su mano poderosa vayamos subiendo cada peldaño, hasta alcanzar la victoria sobre el pecado y seamos transformados al carácter perfecto de Cristo, siendo entonces irreprensibles para ser aceptados por Dios en el cielo.
Hoy Cristo está de nuevo en el cielo, y nos representa ante Dios, sirviendo como nuestro Abogado ante el Padre, intercediendo por cada pecador arrepentido y dispuesto a dejar de pecar. Porque dice en Proverbios 28:13 que «el que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia». Y esa misericordia la podemos alcanzar solo a través de los méritos de Cristo y de su intercesión, pues «El es el único mediador entre Dios y los hombres», 1 Timoteo 2:5.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la mejor manera de llevar el evangelio a todo rincón.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes