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En Qué Consiste Nuestra Mayordomía Cristiana

En Qué Consiste Nuestra Mayordomía Cristiana

En Qué Consiste Nuestra Mayordomía Cristiana

Nada de lo que tenemos nos pertenece, pues todo lo que Dios nos da es prestado. Veamos en qué consiste nuestra mayordomía cristiana.

Todo lo que existe en este mundo le pertenece a Dios porque Él es el Creador. Sin embargo, en su infinito amor, El nos dejó a cargo de todos los recursos que puso ante nosotros para que los administráramos, obteniendo de ellos lo que necesitamos y cuidando de todo lo demás, para ponerlo al servicio de su obra, de tal manera que no somos dueños de nada sino solamente mayordomos de Dios.

En Qué Consiste Nuestra Mayordomía Cristiana

La mayordomía cristiana consiste en saber aprovechar de manera eficiente todos los regalos y beneficios dados por Dios. Estos incluyen tanto los recursos naturales que conocemos hasta hoy, del mismo modo que nuestro dinero, nuestros hijos, nuestro cuerpo y por supuesto también nuestros dones y talentos. Que nadie diga que posee grandes riquezas y se vanaglorie por eso, porque nada de eso es suyo, y un día no muy lejano tendrá que rendirle cuentas a Dios por el uso que ha hecho de sus bienes.

Con respecto a los bienes materiales, veamos lo que dice en Deuteronomio 15:7-8: «Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite».

De tal manera que no es una opción, sino una obligación. Los bienes materiales no son para guardarlos o atesorarlos. Los bienes materiales son para ponerlos al servicio de los más necesitados. Si los que tenemos no ayudamos a los que no tienen, entonces cómo podría Dios confiar en nosotros y seguirnos bendiciendo? Porque Dios nos bendice para bendecir a otros y de ese modo todo fluirá como debe ser.

Pero esto también incluye dar nuestros diezmos y ofrendas en la iglesia para la expansión del Evangelio. De hecho Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón», Mateo 6:19-21.

Y cuando damos para la obra del Señor sin ninguna mezquindad, estamos precisamente atesorando en el cielo, y Dios se encargará de multiplicar lo que poseemos. Si damos con generosidad, le estamos demostrando a Dios que nuestro corazón está de verdad con Él, porque estamos obedeciendo sus principios.

Administrando Nuestros Talentos

¿Y qué de nuestros dones y talentos? Tampoco los podemos usar de manera egoísta ni para nuestro propio beneficio, porque este recurso lo tenemos que poner también al beneficio de la humanidad, pues para eso nos los ha dado Dios. Efesios 4:11-12 dice que «Jesús constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».

Pero los dones no son dados solamente a aquellos que estén dispuestos a enseñar, sino que hay dones para todos los integrantes de la Iglesia, porque todos estamos llamados a servir. Lo dice también el apóstol en Romanos 12:6 cuando afirma lo siguiente: Todos tenemos dones, según la gracia que Dios nos da. Está el don de profecía; el de servicio, el de exhortación, o el de misericordia, solo por mencionar algunos.

Pero también Dios no da el don del Espíritu a los que estemos dispuestos a obedecerle a Dios. Y tiene que ver con, «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio». Y todos ellos son para la gloria de Dios y el servicio a la humanidad.

Somos Mayordomos de Dios Sobre Nuestros Hijos

Nuestros hijos tampoco nos pertenecen, porque son prestados por Dios para que los eduquemos de acuerdo a sus principios, y Él nos pedirá cuentas de cómo lo hemos hecho. La mala crianza de nuestros hijos traerá un severo castigo de Dios para nosotros y será implacable. He escuchado algunos padres irreverentes y poco sabios decir que sus hijos son suyos y que pueden hacer de ellos lo que les plazca, pero no es así, porque nuestra labor como padres es la más importante dada por Dios a hombre alguno.

Los padres tenemos que hacer de nuestros hijos hombres y mujeres de bien no solo para la gloria de Dios sino también para el bien de ellos mismos y de la humanidad entera, ya que niños mal criados son una verdadera carga para la sociedad. Es por la irresponsabilidad de muchos padres que en la actualidad tenemos que cargar con la falta de moralidad y de principios que han traído la descomposición social que vemos hoy.

Un caos que hubiera podido evitarse si ellos hubieran tomado con seriedad su labor de educadores y hubieran seguido las directrices que Dios demanda para tal efecto, y que se encuentran ricamente descritos en la Palabra de Dios.

Administrando Nuestro Cuerpo y Nuestra Salud

Dice la Biblia que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Lo dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 6:19: «Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en vosotros y al que han recibido de parte de Dios? No sois sus propios dueños; pues fuisteis comprados por un alto precio. Por tanto, glorificad con vuestro cuerpo a Dios». Tenemos pues que cuidar también nuestros cuerpos para glorificar a Dios y mantener nuestra salud.

En conclusión podemos decir que nada de lo que tenemos en este mundo nos pertenece, porque nuestros bienes, nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestros hijos y nuestros talentos le pertenecen a Dios, de tal manera que debemos administrarlos muy bien para la gloria del Padre. Por otro lado no debemos aferrarnos a nada material puesto que todo es temporal, y más bien prepararnos para la eternidad, haciendo el mejor uso de los recursos que Dios nos da aquí en la tierra para alcanzar el cielo.

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Esta entrada fue publicada en agosto 13, 2023 por en Dios habla hoy y etiquetada con , .
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