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Cómo Debe Ser el Vocabulario de un Cristiano

Cómo Debe Ser el Vocabulario de un Cristiano

Cómo Debe Ser el Vocabulario de un Cristiano (Image by Roché Oosthuizen from Pixabay)

El cristiano debe distinguirse en todo con respecto al resto del mundo. Pero cuál debe ser el vocabulario del cristiano? Lo veremos ahora.

El cristiano debe distinguirse en todo con respecto al resto del mundo, porque tiene los ojos del mundo puestos en él. Pero cuál debe ser el vocabulario del cristiano? El apóstol Pablo nos exhorta cuando dice: «Que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes», Efesios 4:29.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra corromper significa: «Depravar, dañar, echar a perder o pervertir». Teniendo en cuenta esto podemos decir que entre las palabras corrompidas están por ejemplo, las palabras soeces, los chistes de doble sentido, las que denigran al ser humano, el sarcasmo, la burla y todas aquellas que afectan la integridad o la reputación de alguien, incluyendo hablar mal de él a sus espaldas.

Estas son cosas que no le agradan a Dios de ninguna manera, y es un comportamiento totalmente inaceptado por El. Recordemos las palabras de Jesús cuando dijo que por nuestras palabras seremos juzgados y condenados», (Mateo 12:37), si son palabras que no edifican ni glorifican a Dios, porque cuando ofendemos o dañamos a alguien a quien principalmente estamos afrentando es a Dios.

Cómo Debe Ser el Vocabulario de un Cristiano

Entonces, cómo debe ser el vocabulario del cristiano? Completamente opuesto al del mundo. Solemos olvidar que Dios todo lo ve. «Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos», dice en Provetbios 15:3, de tal manera que nada de lo que pensamos, decimos o hacemos se escapa del escrutinio de Dios.

«Y de toda palabra ociosa que pronunciemos, tendremos que rendir cuentas a Dios en el día del juicio«, dijo también Jesús en Mateo 12:36. Así de grave es para Dios que hablemos a la ligera. Uno de los frutos del crecimiento en Cristo es precisamente la forma en la que nos expresamos, dejando de lado y de manera radical toda palabra que no edifique.

El ejemplo que Jesús nos dio con su vida, prohíbe toda vulgaridad y liviandad al expresarnos con los demás. Los verdaderos hijos de Dios debemos ser un ejemplo para el mundo, no solamente acerca de cómo actuamos, sino también de cómo hablamos. Debemos traer al mundo una alegría franca y sincera y una elevadora influencia que fluya del amor de Cristo, evitando toda clase de trivialidades o conversaciones ociosas que no aportan ningún bien a los oyentes.

Porque si la mente y el corazón están llenos del amor de Cristo, este será ampliamente evidenciado en nuestras conversaciones, en las palabras que pronunciamos y en las ideas que expresamos, teniendo en cuenta también el modo en que las expresamos. Nuestras palabras deben ser estimulantes, que animen y consuelen al angustiado, y que aconsejen a todo aquel que busca la dirección de Dios, y que no sabe cómo llegar a Él.

Hablemos también de nuestras experiencias con Dios, de las cosas maravillosas que ha hecho en nuestras vidas; de los milagros y bendiciones que nos ha dado; de cómo nos ha transformado, porque dando testimonio es que llevamos también a otros el mensaje de Salvación. Jesús dijo: «Id y llevad el evangelio a toda criatura», Marcos 16:15; y muy probablemente el único evangelio que muchos estén dispuestos a escuchar, es el testimonio de nosotros mismos, quienes ya somos parte de dicho mensaje, y por eso nuestro testimonio debe ser intachable en todos los aspectos de nuestro diario vivir.

Estamos siendo observados, estudiados y analizados por el mundo, específicamente por los no creyentes, y si decimos ser cristianos debemos reflejar a Cristo o de lo contrario lo estamos deshonrando. Y para reflejar a Cristo tenemos que llevar una vida íntegra y de santidad como la de Cristo, de tal manera que debemos cuidar nuestra conducta y nuestra manera de expresarnos.

Hay comentarios que ni vale la pena mencionarlos; evitemos expresar opiniones que dañen o afecten de manera negativa al oyente; no denigremos ni juzguemos a otros, porque Dios no nos ha llamado a eso sino a amar, a bendecir y a ayudar a nuestro prójimo. Por tanto pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser muy sabios al hablar a fin de que podamos ser el reflejo vivo de nuestro amado Salvador.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la mejor manera de llevar el evangelio a todo rincón.

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Esta entrada fue publicada en mayo 27, 2023 por en Transformación en Cristo y etiquetada con , .
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