
La Transformación en Cristo (Image by Gerd Altmann from Pixabay )
Cierto que desde Adán y Eva somos una raza caída. Pero gracias a Dios, tenemos transformación en Cristo y lo veremos ahora según la Biblia.
Es cierto que desde tiempos inmemoriales los seres humanos somos una raza caída y sin esperanza, pero mediante su Hijo, Dios nos ha revelado la excelencia que todos podemos llegar a alcanzar solamente por los méritos de Jesús, nuestro amado Salvador.
Todos, gracias a Cristo, podemos ser elevados de nuestra miserable condición de pecadores, hacia niveles tan altos de purificación y santidad, que jamás hubiéramos podido siquiera imaginar. Por eso dice en la Palabra de Dios que «cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman», 1 Corintios 2:9.
Y amar es obedecer, porque eso es lo que significa el amor para Dios, que nos sometamos a su Santa Voluntad para de esa manera recibir de Él todas sus bendiciones. Así de grande es la misericordia de Dios, que puede llevarnos hasta a sentarnos al lado de Nuestro Salvador en el cielo, si con un corazón sincero nos entregamos a Él, porque así Dios lo ha prometido.
Lo dice en Apocalipsis 3:21 al expresar lo siguiente: «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono». Qué privilegio el que nos otorga el Señor. Estas maravillosas palabras salen de la misma boca de Jesús, pero como podemos ver, esta maravillosa promesa está condicionada a nuestra obediencia a sus mandamientos y principios.
Porque dice, al que venciere del mismo modo que El venció, y aquí hace referencia a vencer el pecado. Todos sabemos que el pecado es obra del diablo, pero Cristo vino a deshacer las obras de satanás, y por eso, Él tenía que vencer el pecado en la misma condición de raza caída que como humanos todos tenemos, y lo logró.
Debiéramos apreciar mejor y más plenamente el privilegio que el Señor nos confiere, que llevando el yugo de Cristo y aprendiendo de Jesús llegaremos a ser semejantes a Él. Jesús mismo lo dijo: «El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro», Lucas 6:40.
La Transformación en Cristo
La transformación en Cristo es un hecho real y alcanzable para cualquier ser humano que esté dispuesto a conseguirla. ¿Cómo? Obviamente a través de Cristo. Todo aquel que desee ser transformado sólo tiene que contemplar a Cristo, estudiar consistentemente su vida y su desempeño como ser humano en su comunidad.
Estudiar lo que decía y lo que pensaba, para poder así entender también lo que sentía. Alguien decía que nos convertimos en lo que consistentemente contemplamos, de tal manera que si con persistencia contemplamos a Jesús, tendremos que llegar a ser como El. Para que «haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo» (Filipenses 2:5).
Y eso se logra mediante la conversión y la transformación que viene a ser el resultado del estudio concienzudo de la vida del Gran Maestro de maestros. Nuestra principal labor como cristianos es ser los discípulos de Jesús. Y mediante ese ferviente discipulado es que aprendemos a ser como nuestro Maestro que es la Voluntad de Dios, porque Dios quiere que todos seamos como Cristo para poder ocupar las mansiones celestiales que está preparando para nosotros.
Si las acciones son el resultado de lo que pensamos, tenemos que aprender a pensar como Jesús para poder actuar como El lo hacía. Y si nuestros pensamientos se salen de los parámetros establecidos por Dios, entonces tendremos que aprender a dominarlos. Dice el apóstol que «debemos llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo», 2 Corintios 10:5.
Pero recordemos que nuestros pensamientos se forman de lo que vemos y oímos, de tal manera que tenemos que cuidar mucho también, lo que vemos y oímos, clamando al Espíritu Santo que aleje de nuestra mente todo pensamiento que no glorifique a Dios. Porque si tenemos buenos pensamientos, tendremos necesariamente buenas acciones que agraden y glorifiquen a Dios, pues para eso es que hemos sido creados.
Hemos sido comprados por la sangre de Jesucristo, y así como por gracia nos ha salvado, esa misma gracia es la que nos empodera para hacer su Voluntad. Dirijamos nuestros pensamientos a las cosas que Jesús amaba y apartémonos de aquellas que no le agradan a Dios, y hagámoslo hasta que se convierta en hábito. Es así como logramos alcanzar esa transformación en Cristo que nos dará un sitio privilegiado en el cielo.
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