
Sometimiento y Obediencia a Dios
El sometimiento y la obediencia a Dios son las principales características de los verdaderos hijos de Dios y lo veremos a continuación.
Cuando una persona por voluntad propia decide someterse a la autoridad de alguien, sabe que lo que tiene que hacer entonces es obedecer todo lo que esa autoridad le exige. Veamos un ejemplo claro y sencillo. Cuando aceptamos un empleo, sabemos que si queremos permanecer en esa empresa, tenemos que someternos y aceptar las reglas que ellos imponen o de lo contrario seremos despedidos.
Todos los seres humanos que vivimos en una sociedad, tenemos que someternos a reglas y principios, en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en la comunidad donde vivimos, o en la iglesia, porque el mundo está regido por normas para que todo funcione bien. Sin embargo, cómo nos cuesta someternos a la Santa Voluntad de Dios.
Qué Nos Impide Someternos a Dios
¿Pero qué nos impide someternos a Dios? Hay un solo ser en todo el universo que nos impide someternos a Dios y obedecer sus principios, y ese es satanás. Satanás no quiere que nos sometamos a Dios, porque sabe que el que hace eso, tiene la protección del cielo y es intocable para él. Dice la Palabra del Señor: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros», Santiago 4:7.
Al someternos a Dios, satanás pierde todo poder sobre nosotros porque le estamos cerrando la puerta a todas sus artimañas, pues es a través de mentiras y engaños que él nos convence de no someternos a Dios, y lo hace de manera sagaz trabajando nuestra mente. Satanás nos hace creer por ejemplo, que la Ley de Dios o los Diez Mandamientos fueron abolidos, que además como humanos que somos no la podemos cumplir, y que seguiremos pecando hasta el fin.
Satanás quiere que creamos eso porque sabe que si nos sometemos a Dios y caminamos humildemente de su mano y entregados a Él, nos capacitará a través de su Santo Espíritu para cumplir a cabalidad y sin mayor esfuerzo sus mandamientos. Sin embargo, el obedecer la Ley de Dios no es más que el resultado necesario de amarlo y respetarlo; porque la Ley de Dios es la Ley del amor, un amor que nace a través de Cristo, nuestro Salvador.
Así como de niños obedecíamos a nuestros padres porque los amamos, del mismo modo es el amor de Dios que nos cobija, el que nos anima y empodera para amarle a Él y como una consecuencia de ese amor, viene la obediencia. Pero el enemigo también quiere hacernos creer que hagamos lo que hagamos, aunque sea pecado, Dios de todas formas nos perdonará, y seremos salvos. Nada más lejos de la realidad porque ningún pecador entrará al cielo, y los que quieren creer eso, en realidad no conocen a Dios ni quieren reconocer a Jesús como su Salvador.
Es cierto que Dios es amor, pero también es cierto que es fuego consumidor, y por un lado va su amor y su bondad, pero a la par de ellos tiene que ir su justicia. Dice en Números 14:18 lo siguiente: «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos».
Sometimiento y Obediencia a Dios
Aunque para muchos el sometimiento a Dios puede ser una carga muy pesada, en realidad el someternos a Dios es un verdadero privilegio que nos trae enormes bendiciones. Y si someternos a Dios es una pesada carga es porque en realidad no hemos tenido un verdadero encuentro con Él, no tenemos una estrecha relación y al no tenerla significa que el Señor es un completo desconocido para nosotros. ¿Quién puede amar a un desconocido? ¿O quién puede querer someterse a un extraño?
Nadie, y es por eso que muchos cristianos van por la vida de una manera descontrolada y sin principios. Porque han creído las mentiras de satanás y no se han tomado el tiempo para conocer a Dios. Pero los que conocen a Jesús, lo reconocen como su Salvador, y establecen una estrecha relación de amor con Él, son guiados por la sabiduría divina; son guiados por el más grande de los maestros, el Maestro de maestros y su objetivo principal es buscar fervientemente la Voluntad de Dios para cumplirla.
Estos y solo estos, son los que pueden alimentarse de la Fuente de Sabiduría, y mediante ella, alcanzar no sólo la Gracia de la Salvación sino también ser semejantes al Maestro que es Cristo, para poder entrar al cielo. Todos aquellos que se autodenominan hijos de Dios, deben honrar Su Nombre en espíritu, palabra y obra, porque en todo su ser deben reflejar el carácter divino, deben reflejar el carácter de Cristo, porque de lo contrario estarán deshonrado al Creador y exponiendo a vergüenza y vituperio a nuestro amado Salvador.
Así pues que el sometimiento y la obediencia a los principios de Dios no es más que el reflejo del enorme amor que sentimos por Cristo y el agradecimiento por el inconmensurable sacrificio que ha hecho por nosotros, y los que se niegan a someterse y obedecerlo es porque en realidad, como dice el apostol Juan, ni siquiera conocen a Dios, e irremediablemente se perderán
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