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La Disciplina de Dios

La Disciplina de Dios

La Disciplina de Dios

El amor de un padre debe establecerse de manera equilibrada entre la disciplina y el amor. Hablaremos entonces de la disciplina de Dios.

El verdadero amor de un padre o una madre debe fundamentarse sobre la base de la disciplina y el amor, para que sea efectivo funcional y exitoso. Es decir, para que tenga unos resultados óptimos en cuanto a la orientación y formación del niño, porque los padres son los primeros educadores y los que siembran las primeras semillas de lo que sus hijos habrán de ser.

Dice la Palabra de Dios: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Educar no es tarea fácil y ha de ser muy bien planificada y orientada a hacer de nuestros hijos personas de bien, con unos principios éticos y morales que glorifiquen a Dios y sirvan a la humanidad.

La Disciplina en el Hogar

Es por eso que la disciplina es fundamental en el hogar, y no tiene nada que ver con autoritarismo sino con instrucción. No hay que gritar ni maltratar para disciplinar. Y para entender mejor el concepto de disciplina veamos de donde viene. En el Nuevo Testamento, esta palabra proviene del griego “paideía”, que significa: tutoría, guía, entrenamiento, educación, enseñanza, instrucción, corrección.

Entonces cuando se habla de “disciplina” en la Biblia se refiere a formación y proceso de educación y/o restauración. Significa que al momento de instruir establecemos también normas y límites de lo que se debe y no se debe hacer, pero siempre con amor y respeto sin rebajar ni disminuir el valor de nuestros hijos.

La Disciplina es imprescindible en la vida de todo ser humano porque nos enseña el camino recto por donde debemos andar y «aunque a veces no parece ser causa de gozo, sino de tristeza, al final siempre da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados», (Hebreos 12:11). Recordemos que donde no hay disciplina no hay orden, y donde no hay orden tampoco está Dios porque Dios es un Dios de orden.

La Disciplina de Dios

Pero ahora hablemos de la disciplina de Dios. Dios como el Padre Supremo, tiene también que disciplinarios en muchos casos. Por ejemplo cuando después de haber conocido la verdad, nos salimos de los parámetros por Él establecidos, Dios permite que pasen cosas que no son tan buenas, con el fin de que reaccionemos y nos volvamos a Él.

La Biblia está llena de estos ejemplos, de lo que Dios permitía que sucediera a su pueblo hasta que ellos desesperados por las calamidades, con un corazón contrito se arrepentían y volvían a Él (Ver todo el libro de Jueces). Veamos lo que dice en Hebreos 12:5-6: «Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo».

Y sigue diciendo el autor: «Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”, Hebreos 12:7-8. De tal manera que es un privilegio recibir la disciplina de Dios, porque quiere decir, que a pesar de nuestra rebeldía o desobediencia, no ha renunciado a nosotros sino que insiste en que de un modo o de otro nos volvamos a Él.

Dios siempre amonesta y advierte primero para que tomemos consciencia y recapacitemos; son las advertencias de Dios, pero cuando eso no funciona, permite cosas más grandes. El ejemplo más claro lo vemos con el pueblo de Israel que tuvo muchas advertencias enviadas a través de los profetas, pero el corazón de ellos estaba tan pervertido que hicieron caso omiso de todas ellas, hasta que Dios tuvo que castigarlos de verdad.

Fue cuando a través del rey Nabucodonosor el Señor permitió que la ciudad y el templo fueran totalmente destruidos y sus habitantes llevados cautivos a Babilonia por setenta años (Jeremías 20:1-6; 25:1-11). Después de los setenta años Dios permitió que regresaran y reconstruyeran la ciudad y el templo.

Anduvieron en obediencia por un tiempo, pero con el paso de los siglos, se olvidaron otra vez de Dios. Entonces Dios mandó a su Hijo para salvar a aquel pueblo, pero nuevamente su corazón estaba tan pervertido que desconocieron a Jesús como el Mesías y lo mataron.

Entonces el castigo para ellos fue aún peor, porque Dios usó a los romanos para destruir nuevamente la ciudad y el templo; muchos fueron brutalmente asesinados y unos pocos tuvieron que huir. Pero esta vez se quedaron sin tierra por casi dos mil años, tiempo que tuvieron que vivir errantes por el mundo, hasta que en 1945, la ONU les devolvió un pequeño pedazo de su territorio porque el resto había sido tomado por sus vecinos.

Del mismo modo el Señor actuará con todos aquellos que lo invocamos como nuestro Padre y Señor. No desoigamos las advertencias de Dios, que hoy llegan hasta nosotros a través de su Santa Palabra, porque si no escuchamos sus advertencias tendremos que soportar y sufrir sus castigos.

La Biblia habla mucho del Gran Día del Señor: «He aquí, el día del SEÑOR viene, cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolación la tierra y exterminar de ella a sus pecadores. Pues las estrellas del cielo y sus constelaciones no destellarán su luz; se oscurecerá el sol al salir, y la luna no irradiará su luz. Castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad; también pondré fin a la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los despiadados», Isaías 13:9-11.

Ante el silencio de Dios ahora, el mundo suele creer que no habrá castigo por la maldad, pero no es así, porque Dios simplemente está tomando nota de cada uno de nuestros actos y solo espera con paciencia nuestro arrepentimiento y conversión, por el infinito amor que nos profesa. Pero cuando su paciencia se acabe, ya no habrá misericordia sino el inminente castigo.

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Esta entrada fue publicada en marzo 21, 2023 por en Transformación en Cristo y etiquetada con , .
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