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Es un Sacrificio Seguir a Jesús

Es Aburrido Seguir a Jesús

Es Aburrido Seguir a Jesús

Para muchos seguir a Jesús es un sacrificio, pero no tiene que ser así. Seguir a Cristo puede ser todo un gozo y lo veremos a continuación.

El mundo cree que los cristianos somos aburridos porque hemos cambiado los placeres del mundo, temporales y vacíos, por seguir a Cristo que llena por completo nuestra vida.

Es un Sacrificio Seguir a Jesús

¿Es entonces un sacrificio seguir a Jesús? Seguir a Cristo sí puede ser un sacrificio, si decidimos hacerlo en nuestra naturaleza mundana y pecaminosa. En ese caso, claro que seguir a Cristo puede llegar a ser insoportable, porque sería tratar de hacer algo que no queremos, algo que no nace del corazón solo porque creemos que debemos hacerlo.

Eso sería semejante a casarnos con alguien por conveniencia, alguien a quien no amamos. No puedo llegar a imaginarme siquiera, el horror de tener intimidad con alguien que no amo, y saber que esa persona sería mi compañera por el resto de mi vida. Creo que eso sería el peor martirio que alguien puede llegar a vivir.

Esto sucede porque Dios nos creó para amar y ser amados; para que cada instante de nuestra vida sea placentero a pesar de las dificultades, y cuando amamos a alguien y somos amados, somos felices a pesar de los problemas, porque el amor hace que nos podamos apoyar mutuamente.

No te ha pasado que a veces nos preguntamos cómo es que alguien que conocemos, puede ser feliz con su pareja, una persona que a nosotros nos parece totalmente aburrida? Pues esa persona simplemente es feliz porque ama, se siente bien correspondida, y disfruta plenamente de esa compañía. En el amor la lógica no cuenta, porque el amor nos transforma, y las cosas que hacemos por el ser amado no son sacrificios sino actos de amor. Es así de simple.

El Amor de Cristo Nos Transforma

Si el amor entre las personas que somos imperfectas nos cambia, cuanto más el amor de Cristo puede transformarnos totalmente. Por eso dice el apóstol en 2 Corintios 5:17 lo siguiente: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».

Pero yo más bien diría, si alguno se enamora de Cristo, nueva criatura es, porque El pone en nosotros un nuevo corazón, capaz de sentir nuevas y maravillosas cosas, que jamás hubiéramos siquiera imaginado sentir.

Por eso dice en la Biblia que “cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre son la que Dios ha preparado para aquellos que le aman”, (1 Corintios 2:9). Son cosas que solo el Espíritu de Dios nos puede dar y que son incomprensibles para el mundo.

Porque para estar, o para permanecer en Cristo tenemos que enamorarnos de Él, para que podamos de manera simple, renunciar al mundo por Él, y ser completamente felices con el cambio.

¿Por qué fracasamos como cristianos? Porque tenemos un cristianismo falso y porque aunque decimos ser cristianos, en realidad Cristo no nos ha tocado, y no es porque el Señor no quiera, es porque somos nosotros los que no se lo hemos permitido. Es porque la mayoría no quieren dejar el mundo y así, Cristo no puede hacer nada.

En 1 Juan 3:19 dice el apóstol que «la luz vino al mundo (Cristo), pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas».

Muchos no quieren dejar sus malos hábitos y costumbres mundanas,  porque forman ya parte esencial de sus vidas, y piensas que sin ellas no podrían vivir, motivo por el cual es realmente imposible, que tales personas sean transformadas. Esa es precisamente la esclavitud de la que nos puede librar Cristo, si estamos dispuestos a permitírselo.

Y si no son transformados es obvio que su falsa vida cristiana se convierte en un sacrificio y una muy pesada carga, porque siempre habrá en su interior una lucha entre lo que piensan que deben hacer, y tratan de hacerlo pero no pueden.

Es como una adicción que cuando la persona adicta está en su sano juicio, razona que debe dejar pero que no puede porque el vicio ha tomado tal posesión de su voluntad que necesita ayuda externa para superarla.

De igual modo actúa el pecado en nosotros. Ya el mismo apóstol lo menciona en una de sus cartas, pues él también tuvo esas luchas, como todos en principio las tenemos en mayor o menor proporción, pero que como él lo hizo, tenemos que enfrentar y superar.

El decía: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí ¿Quién me librará entonces de este cuerpo de muerte? Solo Cristo Jesús Salvador Nuestro” (Romanos 7:19-20, 24-25).

Todos tenemos una naturaleza débil y pecaminosa de la que no nos podemos librar por nosotros mismos, y Dios conoce muy bien esa condición, por lo que fue necesario enviar un Salvador. Porque solamente un poder superior nos puede librar, y ese Poder Supremo solo puede venir de Dios.

Pero ni aun ese Poder Supremo puede transformarnos, si no estamos dispuestos a rendirnos a Él para ser transformados. Y si no somos transformados, es obvio que seguir a Cristo sí se convierte en un sacrificio y en una carga bastante pesada.

Es por eso que la clave para que seguir a Cristo no sea un sacrificio, consiste en pedir a Dios que nos ayude a enamorarnos de Él, para que así en vez de que sea un sacrificio, el seguirlo se convierta en todo un placer.

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Esta entrada fue publicada en diciembre 28, 2022 por en Transformación en Cristo y etiquetada con , .
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