
Cómo se Forma el Carácter Cristiano
El carácter cristiano se forma tomando decisiones de obediencia a Dios, eligiendo entre lo bueno y lo malo. Veamos lo que dice la Biblia.
El carácter cristiano se forma tomando decisiones sencillas de obediencia a Dios. Dios nos da la oportunidad de elegir entre lo bueno y lo malo, pero el éxito dependerá del buen discernimiento que hagamos de ella.
Mientras Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer por su buena voluntad (Filipenses 2:13), nosotros con nuestras decisiones obramos para nuestra Salvación cuando actuamos de acuerdo a su voluntad.
Debe existir un principio de cooperación entre el poder de Dios y nuestra disposición para obedecerlo y seguirlo. Sin este principio es imposible alcanzar una verdadera santidad, porque de nada valdría el esfuerzo humano sin el poder divino; y el poder divino sin el esfuerzo humano, sería también improductivo para tal efecto.
Es cierto que Dios es todo, pero si nosotros no ponemos de nuestra parte, Dios tampoco podría hacer nada, ni generar ningún cambio en nosotros.
Y del mismo modo si el hombre tuviera toda la disposición del mundo para cambiar su vida por si solo, le sería completamente imposible lograrlo sin el poder de Dios.
Recordemos las palabras de Jesús al expresar lo siguiente: «Como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros», Juan 17:21. Porque en la unidad está la fuerza.
Cómo se Forma el Carácter Cristiano
Cuando empezamos a caminar con Cristo, estudiando fielmente su Palabra y recorriendo el sendero del crecimiento espiritual, Dios nos va poniendo pequeños desafíos, en los cuales tenemos que decidir entre el mundo y Él.
Y en la medida en que vamos superando cada prueba, vamos ascendiendo un peldaño hacia la eternidad. Es de esa manera como nos vamos haciendo mas idóneos para los desafíos mayores que tendremos que enfrentar.
Es nuestra fidelidad a Dios en las cosas pequeñas, honrándolo en lo mas mínimo, como Dios nos va dando responsabilidades mas grandes.
Dios puso a Daniel y a sus tres amigos en la corte de Babilonia para que fueran sus testigos en medio de una cultura pagana y ellos supieron dar buen testimonio de Dios ante las pruebas que se les presentaron.
Sadrac, Mesac y Abed-nego pudieron enfrentarse a Nabucodonosor cuando se rehusaron a adorar a su dios falso y lo hicieron a pesar de que su decisión les iba a costar la vida.
A causa de eso fueron lanzados a un horno de fuego ardiendo, pero Dios por su fidelidad los salvó y ese maravilloso milagro engrandeció el nombre del Altísimo ante todas las provincias del imperio (Daniel 3). Algo parecido sucedió con Daniel en el foso de los leones (Daniel 6).
Pero así como Dios usó a estos jóvenes para que fueran sus testigos ante todo el imperio en aquel entonces, Él quiere que nosotros hoy seamos sus testigos ante el mundo. Tanto en los asuntos menores como en los mayores, Dios desea que revelemos sus principios a través de nuestra conducta.
No debemos desperdiciar ni la más mínima oportunidad para serle fieles a Dios. Seremos juzgados por lo que debiéramos haber hecho y no hicimos, por no haber hecho uso de las facultades dadas por Dios para glorificarlo y honrarlo.
El carácter del cristiano no se debe a la casualidad sino que es el resultado de una esmerada autodisciplina, a la completa sumisión al Padre y a doblegar el YO, poniéndolo al servicio de Dios y de nuestros semejantes.
El Carácter Cristiano y la Santidad
El carácter cristiano se forma bajo los parámetros de la santidad que nos exige Dios. La Santificación tiene que ver con la completa entrega a Dios. Es la entrega del cuerpo, el alma, el espíritu y la mente a Dios sin ninguna reserva.
Santidad es obrar con justicia, amar la misericordia y es también caminar humildemente con el Señor, haciendo su Voluntad. y sin tener en cuenta nuestros intereses personales. Gracias al pecado, todos tenemos un carácter pervertido y torcido que por andar en la ignorancia y sin Dios, no logramos detectar.
Y aun después de haber aceptado al Señor muchos siguen viviendo de la misma manera sin demostrar cambio alguno. Pero todos tenemos que ser transformados y santificados para Cristo, o de lo contrario no seremos aceptados en el cielo, porque la Voluntad de Dios es que seamos santos.
Y es solo a través de la verdad, y por el poder del Espíritu Santo que podemos ser transformados y preparados para las mansiones celestiales.
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