
Qué Estamos Dispuestos a Dejar por Cristo
Si Cristo dejó su gloria en el cielo para venir al mundo y salvarnos ¿qué estamos dispuestos a dejar por Cristo? Veremos una interesante historia al respecto.
En tiempos de paz es muy fácil decir que somos cristianos, que amamos al Señor y que estamos dispuestos a seguirle donde sea y bajo cualquier circunstancia.
¿Pero qué pasará en momentos de crisis? ¿Qué estaremos dispuestos a hacer o a dejar de hacer si nos vemos sometidos bajo presión? En la Biblia tenemos un ejemplo muy claro. Veamos de qué se trata:
«El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos. Fueron, entonces reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey había levantado.
Y un pregonero anunciaba en alta voz, que todos se postraran a adorar la estatua de oro y el que no se postrara y la adorase inmediatamente sería echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postraron y adoraron la estatua de oro por el rey levantada.
Pero hubo tres hebreos que rehusaron hacerlo porque esa práctica de adoración a ídolos, está en contra de los principios de Dios, y estos jóvenes llamados Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron los únicos de todo el pueblo que prefirieron atenerse a las consecuencias antes que desagradar a Dios.
Cuando el rey se enteró de esto, lleno de ira los mandó llamar y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Pues si no la adoráis, seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo.
Pero ellos le contestaron: «He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado».
El rey inmediatamente ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado, y los jóvenes fueron amarrados y echados dentro.
Pero luego sucedió algo insólito. De una extraña manera, los jóvenes podían verse desde afuera ilesos, parados con otro que parecía un dios. El rey entonces los hizo salir del horno y al ver que el fuego no los había siquiera tocado ni dañado dijo:
«Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de ellos, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar» Daniel 3.
Qué Estamos Dispuestos a Dejar por Cristo
Estos jóvenes hebreos decidieron no someterse a los caprichos del rey y estuvieron dispuestos a recibir el espantoso castigo antes que deshonrar a Dios.
Es cierto que el desenlace fue a favor de ellos, pero hubiera podido ser diferente. Sin embargo, no dudaron ni un momento en escoger la Voluntad de Dios por encima de todo.
Ellos tenían muy definida su identidad en Cristo y por eso prefirieron morir quemados antes que ofender a Dios.
La decisión que los jóvenes tomaron fue el resultado de una íntima relación con Dios que venía desde muy atrás, por medio de la cual ellos se prepararon con antelación para enfrentar la crisis y pasaron la prueba con el Señor.
Todos en algún momento seremos también probados por Dios, y de nuestra preparación espiritual dependerá como enfrentaremos nuestros desafíos.
¿Y cómo se dará esa preparación? Haciendo pequeños sacrificios por Dios. Dejando cosas del mundo que nos gustan para agradar a Dios.
Es con esas pequeñas cosas como vamos forjando nuestro carácter para semejarnos cada vez mas a Cristo nuestro Salvador. Estudiando a diario las Sagradas Escrituras para conocer su Voluntad y vivir para su gloria y honra, dejando de lado las cosas que no agradan a Dios
Porque en el tiempo del fin habrá persecuciones pues Cristo lo dijo: «Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán», Juan 15:20.
¿Estaremos dispuestos como estos hebreos a no negar nuestras convicciones por Dios? ¿Será entonces así de firme nuestro amor por el Señor?
Es hora de que analicemos cómo está nuestra relación con Dios y que tan firmes son nuestras creencias para enfrentar aquellos tiempos de tribulación que muy pronto vendrán.
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