
Nuestra Identidad en Cristo
El pecado nos quitó nuestra esencia divina, pero con su sacrificio Cristo nos devuelve su identidad, y lo veremos a continuación.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza de tal manera que todos teníamos una esencia divina, pura y perfecta.
Pero tras la desobediencia y transgresión de Adán y Eva, se rompió la relación con Dios y esa esencia divina se distorsionó. El hombre se deslindó del todo de Dios y comenzó a actuar por sí mismo, no solo sin la guía sino también sin la protección del Creador.
Y gracias a esa transgresión el hombre también perdió su dominio sobre la tierra, cediéndosela a satanás. Una vez siendo satanás prácticamente el dueño del mundo, quiso entonces implantar su malévola identidad en el hombre caído, alejado de Dios, y no fue entonces muy difícil lograrlo.
El diablo con sus artimañas ha querido que toda la humanidad ahora bajo su dominio, borre por completo la imagen de Dios e implantar su propia imagen y semejanza
Y para alcanzar su objetivo ha usado a los grandes hombres de influencia, tales como líderes políticos, religiosos y sociales manejados por él.
El primer intento de subyugar al mundo lo hizo a través del Imperio Babilónico, y prácticamente lo logró por mas de un siglo; y con cada nuevo imperio que llegaba, su dominio era más y más grande.
Después vino el Imperio Medo-Persa, el Griego (Daniel 8:20-21) y el Romano, (que estaba aún vigente cuando nació Cristo, como lo señalan los evangelios).
Al debilitarse el Imperio Romano, de sus escombros surgió el dominio del papado que alcanzó a durar 1260 años (desde el 538 AC al 1798 DC) y también cayó.
Pero sus deseos de dominio siguen vigentes y la Biblia dice que al final de los tiempos resurgirá ese dominio sobre aquellos que no tengan el sello de Dios sobre sus frentes.
Dice en Apocalipsis 13:3-4: «Y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?»
Recordemos que bestia en la Biblia representa un gobierno, reino o dominio, según se explica en Daniel 7:17. Pero sigue diciendo que a esta bestia «se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses», Apocalipsis 13:5.
«También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo», Apocalipsis 13:7-8.
Nuestra Identidad en Cristo
Sin embargo, esa identidad malévola de satanás sobre el mundo, no tiene porque ser la nuestra, porque los que hemos nacido de nuevo, los que permanecemos en Cristo y que obedecemos fielmente sus principios, hemos recibido una nueva identidad, y es nuestra identidad en Cristo.
Nuestra identidad en Cristo es la que nos pone en el camino angosto mencionado por Cristo (Mateo 7:14), y que es el directo y seguro camino al cielo.
Pero recordemos muy bien sus palabras al respecto: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan», Mateo 7:13-14.
A veces es difícil de discernir cuál camino escoger porque el hilo entre ambos es muy sutil y podemos fácilmente dejarnos deslumbrar por los placeres y entretenimientos que satanás a través del mundo nos ofrece.
Satanás siempre trata de influir con sus sutiles engaños sobre las mentes humanas, tratando de minimizar, invalidar y anular de ellas los preceptos de Dios, y es por eso que tenemos que estar muy afianzados en las Sagradas Escrituras que son las que nos conectan directamente con el Padre a través de Jesucristo.
Debemos conocer y tener muy arraigados en nuestra mente, los sagrados escritos, a fin de no ser fácilmente manipulados y convencidos por los encantamientos de satanás para arrastrarnos y alejarnos de Dios.
La Biblia es la comunicación divina. Es la forma más segura y fiel en la que Dios puede hablarnos, del mismo modo como si estuviera hablando frente a frente con nosotros.
La Biblia fue inspirada por Dios para mantenerse en contacto con nosotros a través de los siglos, porque es su inmutable voluntad la que está en ella plasmada.
Todo lo que Dios ha querido decirnos y enseñarnos, ha quedado allí para trascender a través del tiempo, porque sus verdades son eternas y no cambian.
Y es el constante y diligente estudio de la Biblia la que mantiene viva esa identidad que Cristo nos devolvió con su amoroso sacrificio.
Cuando Jesús oraba al Padre por sus discípulos decía estas palabras: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad», Juan 17:15-17.
Cristo estaba encomendándolos a Dios para que los protegiera de un mundo perverso y cruel en el que debían permanecer, aunque ellos ya no eran del mundo. Y pedía también que los santificara a través de su Palabra.
Esa oración nos incluye hoy a nosotros pero solamente si permanecemos también fieles a su Palabra, porque es a través de ella que Dios puede santificarnos para El y reforzar la identidad que Cristo nos ha devuelto.
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