La Misericordia y la Ira de Dios

La Misericordia y la Ira de Dios
Confundimos misericordia con alcahuetería, pero existe un balance entre la misericordia y la ira de Dios y lo veremos según la Biblia.
El diablo se ha encargado a través de los tiempos de distorsionar el carácter de Dios, y a ese respecto ha logrado establecer dos conceptos negativos de Dios, que todos aquellos que no conocen las Sagradas Escrituras suelen adoptar.
El primer concepto erróneo de Dios, es creer que Dios es tan bueno que nos perdona todo y que sería incapaz de castigarnos, por su infinita bondad, y a pesar de nuestros pecaminosos actos. Que Él jamás querría ver sufrir a sus hijos, y perdonará cualquier cosa que hagamos por amor a nosotros. En otras palabras, el concepto que muchos tienen de Dios es que es alcahuete y sin carácter.
El otro concepto erróneo que algunos tienen, es creer que Dios es un ser tirano, vengativo, cruel, injusto y autoritario que se aprovecha de su poder, para castigar a la tierra y a sus habitantes, según lo describen algunos capítulos de la Biblia.
Pero Dios no es ni lo uno ni lo otro, exclusivamente, sino que Dios es un Dios justo que le da a cada a quien lo que se merece, porque Dios es amor, pero también es fuego consumidor.
La Misericordia y la Ira de Dios
Dice la Palabra del Dios: “El Señor es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión, pero de ninguna manera tendrá por inocente al culpable, sino que castigará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación”, Números 14:18.
Dios es abundante en misericordia con aquellos que se amparan bajo la misericordia divina, pero el que no quiere y pisotea la misericordia y el perdón de Dios, tiene que recibir el castigo y la retribución por su rebeldía y sus malas acciones. Eso es justicia, es la justicia de Dios.
Porque la misericordia de Dios se extiende día tras día para todos los pecadores, sin excepción de alguno, hasta que llega el momento en que se colma la medida de su paciencia, y ante la obstinación y desafiante rebeldía de quienes persisten en seguir pecando, Dios responde justificadamente con su ira santa y su santa indignación.
Dice la Biblia que “Dios honra a quienes le honran” (1 Samuel 2:30), y los honra con protección, provisión y muchas bendiciones, pero también dice que “los que lo desprecian serán tenidos en poco”, y quiere decir que cuando tiene que castigar lo hace, aunque con tristeza y dolor, porque nos ama, pero sabe que tiene que hacerlo.
¿Qué padre que ama a sus hijos, no los corrige? Y Dios no puede ser la excepción (Proverbios 3:12), porque Dios es el Creador, y es el mismo que estableció las Leyes; de tal manera que el carácter de Dios se determina por un perfecto equilibrio entre la misericordia y la justicia, entre la misericordia y la ira.
El Dios que una vez destruyó la tierra con un diluvio, es el mismo que mandó a su Hijo para salvar al mundo del castigo eterno, y ambos comportamientos forman parte del carácter perfecto de Dios que es amoroso y justo a la vez; misericordioso y castigador, de acuerdo a la situación que se le presente.
Sin embargo, Dios jamás castiga sin antes advertir muchas veces; en los tiempos antiguos por medio de los profetas, y hoy a través de su Santa Palabra, acerca de los juicios que vendrán para los desobedientes, y esperando con paciencia por el arrepentimiento de todos.
Dice el apóstol: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 Pedro 3:9. Pero su misericordia tiene un límite, y es entonces cuando tiene que llegar el momento de actuar.
Desde la Venida de Jesús a la Tierra, Dios ha estado esperando por el arrepentimiento de este mundo caído y perverso, pero lamentablemente han sido muy pocos los que han respondido al llamado del Señor, y por el contrario, la humanidad se degrada cada vez más por el pecado.
El hombre está embotado por los placeres del mundo y la rutina diaria, olvidándose por completo de Dios y del Plan de Salvación que es la única forma de alcanzar la eternidad con Cristo; y como dice la Palabra de Dios, un día Jesús llegará sin avisar y tendrá que separar a sus pocas ovejas del incalculable número de cabritos, y tomará por sorpresa a la gran mayoría, que por no estar preparados se perderán, pues ya no habrá misericordia en el juicio de Dios.
Las advertencias de Dios han durado casi dos mil años para las últimas generaciones, y el tiempo de Gracia pronto acabará. Como cristianos que somos, debemos aprender a conocer los tiempos de Dios, específicamente el que estamos viviendo hoy para prepararnos con premura, porque los juicios de Dios están cerca y la Segunda Venida del Señor a las puertas, según las señales anunciadas por Jesús en Mateo 24.
No dilatemos el ponernos a cuentas con Dios y vivir en santidad. No juguemos con nustra eternidad.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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