
La Necesidad de Dar para la Obra de Dios
Los cristianos verdaderos tenemos que dar para la obra del Señor o de lo contrario, esta se estancaría. Lo veremos a continuación.
Dios nos bendice para bendecir a otros, y si los cristianos, los que hemos recibido a Cristo y que somos salvos, somos la mano de Cristo en la tierra para expandir su obra y ayudar a los necesitados, es nuestra obligación invertir de nuestros bienes y ganancias en el reino de Dios.
Dice el Señor en Mateo 5:7 lo siguiente: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia».
Si Dios ha sido misericordioso con nosotros en todo, no solo perdonándonos sino también bendiciéndonos materialmente, significa que estamos en deuda con El, y lo menos que podemos hacer es ser misericordiosos también con otros y con la obra del Señor.
La Necesidad de Dar Para la Obra de Dios
Dios quiere que manifestemos nuestra gratitud representado a través de diezmos, dones y ofrendas, porque Dios quiere probar nuestro corazón, y conocer qué tan dispuestos estamos a compartir lo que tenemos.
Además existe una maravillosa promesa de Dios para aquellos que dan con alegría y dice así: «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir», Lucas 6:38.
Y significa que lo que demos a otros, nos será devuelto con creces porque con Dios siempre funciona así. En la medida en que nosotros multipliquemos nuestros dones, diezmos y ofrendas, Dios se encargará de darnos mucho mas, porque la obra de Dios requiere de mucho dinero para poder ser expandida como debe ser.
Tenemos mucho por hacer en un mundo perdido que está muriendo inevitablemente sin Dios; y si nosotros que conocemos la verdad no hacemos nada por multiplicarla, Dios nos pedirá cuentas por todo aquello que no hayamos hecho.
Dios quiere que seamos su mano misericordiosa y ayudadora en la tierra. El ha permitido que estemos rodeados de pobres con el fin de que practiquemos la abnegación y que a través del servicio perfeccionemos el carácter, el mismo carácter que Cristo tenía aquí en la tierra.
Porque tenemos que desarrollar el carácter de Cristo y hacer las mismas obras que El hacía. Esa es la misión que El nos dejó, y de nosotros depende desarrollar la obra de Dios en este mundo, porque si no lo hacemos nosotros, entonces quién lo hará?
No debemos quejarnos si se nos piden recursos para expandir la obra de Dios, no solo porque son absolutamente necesarios, sino por la enorme bendición que el dar nos trae.
Porque bien lo dice su Palabra: «Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto».
Dios no necesita nada de nosotros para El, pues es el dueño del oro, de la plata y de todos los recursos que hay en el mundo, pero El necesita que los que hemos sido bendecidos con bienes materiales trabajemos con ellos en su obra.
Porque ¿cómo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazón? No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad, (1 Juan 3:17-18).
Todos Tenemos que Dar para la Obra del Señor
Pero esta tarea de dar y compartir los bienes no es solamente para los que tengan mucho, sino para todos, inclusive para los que carecen de mucho.
Recordemos el ejemplo de la viuda pobre que dio dos monedas en la iglesia, a la hora de recoger las ofrendas, que era todo lo que tenía (Mateo 12:43-44), y que por cierto Jesús dijo que ella era la que había dado más que todos los demás, porque mientras los otros daban lo que les sobraba., ella dio todo lo que poseía. Un verdadero testimonio de la fe en Dios.
Pero además, todos en el mundo podemos y debemos dar algo de lo que tenemos, ya sea material o espiritual. Podemos dar económicamente o aun prestar cualquier clase de ayuda, visitando a un enfermo, ayudando en algo a un anciano, o aun donando nuestro tiempo para ayudar y servir en alguna comunidad, poniendo nuestros talentos al servicio de Dios y de quienes los necesiten.
Nuestro Salvador espera que todos sus seguidores, a quienes ha confiado sus recursos, estemos dispuestos a aliviar las necesidades de los demás.
No desechemos este maravilloso llamado que nos hace el Señor, de ayudar y servir. Todos tenemos que poner nuestro granito de arena para de algún modo llevar el mensaje de Salvación a este mundo perdido.
Tenemos que ser como una especie de puente entre nuestro Salvador y el mundo, llevando a otros al cocimiento de la verdad y poniendo esos maravillosos bienes y talentos que Dios nos ha dado al servicio de la humanidad, para la gloria y honra del Señor.
1 Juan 3:17-18 dice: «¿Cómo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazón? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad».
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar el evangelio a todo rincón.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes