
Cuál Es El Precio de la Vida Eterna
El precio que Dios nos exige para alcanzar la Vida Eterna, puede parecer demasiado alto para muchos, pero no es negociable por Dios. Veremos lo que dice la Biblia.
Dios quiere todo de quienes hemos decidido seguirlo, porque Cristo lo dio todo. Cristo renunció a su investidura al venir a la tierra, para convertirse en un simple mortal como cualquiera de nosotros.
Y aunque nunca dejó de ser Dios, renunció a la gloria, la honra y la majestad que siempre tuvo junto al Padre para vivir como hombre y someterse a los sufrimientos que el hombre sufre durante este peregrinaje terrenal.
Estuvo expuesto a toda clase de tentaciones, y su naturaleza caída estuvo todo el tiempo expuesta al pecado, como lo estamos también nosotros.
Para El no fue fácil pasar las pruebas, pero por amor a nosotros lo hizo venciéndolas todas, y finalmente murió como el peor de los pecadores sin jamás haber pecado.
Dice en 2 Corintios 5:21 lo siguiente: «Al que no conoció pecado, por nosotros se hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él».
Jesús aunque nunca pecó, estuvo dispuesto a pasar por todo eso para salvarnos, pero también para enseñarnos cómo vencer nuestras debilidades y pecados.
Ese precisamente fue el precio que Cristo estuvo dispuesto a pagar por nuestra vida eterna, por nuestra Salvación.
Pero así como El tuvo que pagar un precio muy alto, nos exige también pagar un precio que aunque jamás se podría siquiera comparar al suyo, de todas formas tendremos que asumir
Cuál es el Precio de la Vida Eterna
Jesús dijo en Lucas 14:33 lo siguiente: «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo«. Y también dijo: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí», Mateo 10:37.
De estos pasajes podemos extraer una muy importante enseñanza y es que si queremos alcanzar la vida eterna tenemos que renunciar a cualquier cosa de este mundo, material, física, espiritual y aun a nuestros seres queridos si ellos interfieren en nuestra entrega completa a Dios, o si nos desvían del propósito que El tiene para nosotros, porque Dios tiene que estar por encima de todo en nuestra vida.
Dios es celoso (Deuteronomio 6:15) y no está dispuesto a compartirnos con nadie, y está bien claro que el que quiere seguir a Cristo tendrá que renunciar al mundo, porque El dijo: «El que no está conmigo está contra mí», Mateo 12:30
Si los cristianos no seguimos fielmente las exigencias del Señor es como si le estuviéramos dando la espalda, y al mismo tiempo casándonos con satanás, porque el que no está con Cristo, se encuentra por defecto con el diablo.
Aunque Dios no nos obliga a nada, sí existe una condición irrevocable de renunciar a todo lo material de este mundo para seguirlo a Él.
Y cuando decimos que es renunciar a todo, quiere decir todo incluyendo riquezas, amistades, empleos o aun familia, si así Dios lo determina en un momento dado. Veamos lo que pasó con el joven rico:
«Cuando Jesús salía para irse, vino un hombre y le preguntó : ¿Qué haré para heredar la vida eterna?. Jesús le respondió: ‘Los mandamientos sabes, no mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre’. Y el joven le contestó: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Entonces Jesús le respondió: Una cosa te falta: ve y vende todo lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; entonces vienes y me sigues». Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes», Mateo 10:17-22.
Este hombre probablemente sí quería la Vida Eterna, pero no estuvo dispuesto a renunciar a sus bienes por alcanzarla.
Entrega Total a Cristo para Alcanzar la Vida Eterna
Al entregar nuestro corazón a Jesús, al poner nuestra vida a sus pies le damos todo, pero también recibimos todo lo que El tiene para darnos. Porque todo lo de Cristo es nuestro.
Dios nos pide todo, pero El nos da también todo. No las mismas cosas que da el mundo sino otras muchas, cuyo valor es incalculable y que no tienen precio.
Él nos da un gozo que sobrepasa todo entendimiento; nos da paz aun en medio de las dificultades de esta vida; nos da seguridad en medio del caos de este mundo, nos da perdón a pesar de todas nuestras debilidades y pecados; y nos da amor por nuestros semejantes, y aun por nuestros enemigos.
Nos da un carácter apacible; nos da bondad; nos da paciencia y tolerancia en medio de una sociedad convulsionada. Nos da mansedumbre y dominio propio. Pero nos da también salud, provisión y muchas bendiciones, cosas que el mundo jamás nos puede dar.
Porque dice la Biblia que «al hombre que le agrada Dios le da sabiduría, ciencia y gozo, pero al pecador le da el trabajo de amontonar y recoger para dárselo al que agrada a Dios«, Eclesiastés 2:26
¿De qué sirve por ejemplo tener todo el oro y no tener paz? Pero veamos también lo que Jesús promete a quienes están dispuestos a darlo todo.
Lucas 18:28-30: «Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna».
Recordemos por ejemplo el caso de Abraham cuando Dios le pidió que sacrificara a su único hijo con Sara, el hijo de la promesa (Genesis 22:1-18).
Abraham estuvo dispuesto a obedecer sin ningún reparo, entonces Dios finalmente lo detuvo, salvando no solamente a Isaac, sino que después de la muerte de Sara, lo bendijo con muchos hijos más, al casarse con otra mujer.
Dios lo único que quiere es probarnos para saber qué tan dispuestos estamos a seguirlo de corazón y a obedecerlo sin ninguna restricción.
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