
Cómo Acercarnos a Dios
Muchos se preguntan cómo acercarnos a Dios para recibir todas sus bendiciones. Veremos cómo lograrlo de acuerdo a las Sagradas Escrituras.
Probablemente has escuchado muchas veces que alguien te diga, o le diga a alguien que se acerque a Dios. Sin embargo, una persona que nunca ha tenido nada que ver con Dios se puede sentir confundida porque no sabe cómo hacerlo.
Aun muchos cristianos pueden sentir que llevan tiempo en el evangelio y no sienten la presencia de Dios en sus vidas, porque están tal vez muy lejos del Señor y no tienen idea cómo acercarse a Él.
Cómo Acercarnos a Dios
¿Pero qué significa acercarse a Dios? O ¿Cómo podemos acercarnos a Dios? ¿Cuál será clave para estar más cerca de Nuestro Padre Celestial y recibir todas sus promesas y bendiciones? Veamos lo que dice el apóstol, en Santiago 4:6-10:
«Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará».
En estos profundos versículos encontramos la clave para acercarnos a Dios: Dios odia la soberbia pero ama la humildad, de tal manera que lo primero que tenemos que hacer si queremos acercarnos a Dios es someternos a su Voluntad, y para someternos tendremos que arrepentirnos de nuestros pecados y confesarlos a Dios, clamando por su perdón y rogando al Espíritu Santo que nos capacite para dejar el pecado atrás.
Dios quiere que nos humillemos ante su presencia para clamar por su perdón y reconciliarnos con Él a través de su Hijo amado, Jesucristo, nuestro Salvador.
«Porque el corazón contrito y humillado no lo desprecia Dios», (Salmo 51:17). Es afligir nuestros corazones de tristeza y de dolor por haber ofendido a Dios, y es estar dispuestos a cambiar dejando el pecado atrás. Es comenzar una nueva vida desde cero con Dios, aprendiendo a vivir bajo su dirección y bajo sus principios como Cristo nos enseñó; como Cristo lo hizo a su paso por la tierra.
Cristo vivió siempre en total obediencia a su Padre. Él dijo: «Yo he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió», Juan 6:38. Cristo tenía una relación estrecha con el Padre, porque El dependía por completo de Dios.
De hecho también decía: «Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar», Juan 12:49.
Cristo siempre hizo la Voluntad de Dios y guardó fielmente sus mandamientos, porque su mas grande anhelo fue siempre agradar al Padre, y por eso Dios nunca lo dejó solo a través de las luchas que Cristo tuvo que pasar en este mundo lleno de maldad. Jesús decía: «El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada», Juan 8:29.
Hemos sido creados para agradar a Dios, para honrarlo con nuestros actos y para vivir para Él. Y aunque el pecado nos ha desviado de nuestro destino final, Cristo con su sacrificio nos reconcilia con el Padre y nos pone nuevamente en el camino del cielo; solo tenemos que estar dispuestos a seguirlo con humildad y entrega, porque recordemos que Dios resiste a los soberbios.
Acercarnos a Dios es Someternos a su Voluntad
Así pues que la única manera en la que podemos acercarnos a Dios, es sometiéndonos a su Voluntad, obedeciendo sus preceptos, haciendo lo que a Él le agrada y dependiendo por completo de Él. Y si nosotros hacemos eso tendremos la garantía de su protección contra las asechanzas del diablo y su dirección para no equivocarnos más.
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