
Vivimos bajo la maldición del pecado
Vivimos bajo la maldición del pecado pero no tiene que ser así, pues Cristo ya pagó por eso. Veremos cómo cambiar la maldición en bendición.
Vivimos bajo la maldición del pecado; es la maldición que cayó sobre la tierra por haber transgredido las leyes de Dios y como consecuencia, con el tiempo también se transgredieron las leyes de la naturaleza. En Génesis 3:17 dice lo siguiente: «Y dijo Dios al hombre: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida».
Vivimos Bajo la Maldición Del Pecado
Esa maldición a la tierra por parte de Dios trajo muchas implicaciones al mundo y también al hombre por supuesto. El hombre tendría que labrar la tierra con sacrificio y arduo trabajo, algo que no pasaba antes del pecado.
En el Edén antes de la transgresión, las plantas, árboles y flores no necesitaban ser regados por el hombre, pues salía un vapor de agua de la tierra (Génesis 2:6), que los mantenían bien hidratados para vivir y producir. Después de esto, Dios tuvo que mandar la lluvia para tal efecto, pero en aquellos sitios de la tierra donde llueve poco, el hombre tiene que ingeniárselas para suplir esas falencias que afectan directamente a los cultivos.
El trabajo entonces se hace ahora más difícil para el agricultor. Surgió también la mala hierba que crece alrededor de los buenos cultivos destruyéndolos, de tal manera que el hombre tiene que estar constantemente desmalezando para evitarlo.
Pero además de la labranza, esa maldición alcanzó a todo sobre la tierra porque en primera instancia llegó la muerte para el hombre y aparecieron las enfermedades para todos los seres vivos; los animales comenzaron a matarse unos a otros, y los malos sentimientos se apoderaron de la humanidad porque se había roto su relación con Dios.
Ya el hombre no podía estar ante la presencia de Dios como cuando fue creado. El pecado había cambiado su esencia espiritual a una carnal y pecaminosa, y ningún pecador puede estar ante la presencia de Dios sin morir (Exodo 33:20). Y también se multiplicaron y se intensificaron los dolores de parto para la mujer. Esa es la maldición bajo la cual todos vivimos.
Maldición Versus Bendición
Pero dentro de todas esas consecuencias que la caída del hombre trajo, hay una maravillosa esperanza que es Cristo, quien vino al mundo para cambiar esa maldición y convertirla en una maravillosa bendición. Jesús vino a pagar con su sangre, la deuda de pecado de toda la humanidad, y el castigo que merecíamos todos los seres del mundo después de la transgresión de nuestros primeros padres.
Cristo vino al mundo para salvarnos y también para reconciliarnos con Dios a través de su amoroso sacrificio. Gracias a la obra de Jesús, todos los seres humanos podemos elegir cambiar esa maldición en la que vivimos por la bendición de ser hijos de Dios.
Gracias a Cristo podemos liberarnos de la esclavitud del pecado y del yugo de satanás, para ser siervos de Dios y vivir esa vida de abundancia que Jesús nos prometió, sin angustias ni tristezas ni miedos, porque nuestro Salvador nos respalda.
Cómo Cambiar esa Maldición en Bendición
Pero cómo cambiar esa maldición en bendición? ¿Cómo recuperar esa esencia divina con la cuál fuimos creados? Solo hay una manera, y es, entregando nuestra vida por completo a Dios. ¿Y qué significa entregarle nuestra vida a Dios? Significa entregarle nuestra voluntad a la suya.
Significa renunciar a nuestros gustos y deseos, para hacer solo la Voluntad de Dios. Cristo dijo: «El que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo«, Lucas 14:33. Es arrepentirnos de nuestra vida de pecado y estar dispuestos a someternos por completo a Él, y a dejar que el Espíritu Santo nos transforme en una nueva criatura para la gloria y la honra de Dios.
Esa es la maravillosa promesa de Dios, que a través de Cristo recuperamos todo lo que habíamos perdido para la gloria y honra de nuestro Salvador y para alcanzar esa tan anhelada eternidad con Cristo en el cielo.
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