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La Entrega Completa a Dios

Entrega Completa a Dios

Entrega Completa a Dios (Image by StockSnap from Pixabay)

La entrega completa a Dios significa entregar todo de nosotros a Dios, es decir, una entrega total. ¿Pero cómo? Lo veremos a continuación.

El evangelio es la revelación de Dios; es el plan de Salvación o el plan de la Gracia de Dios. Es el llamado de una entrega completa de todos a Cristo, porque es de la única manera que podremos alcanzar la eternidad con el Señor.

Y digo todos, porque la invitación a asumirlo es para todos sin acepción de personas, solo que no todos responden a dicho llamado (Mateo 22:14).

La Entrega Completa a Dios

La entrega completa significa, como su nombre lo indica, entregar todo de nosotros a Dios: nuestros pensamientos, nuestros planes, nuestras actividades, nuestros gustos y deseos para que Dios los dirija; y aun entregarle nuestras debilidades y falencias, para que Él nos ayude a superarlas, transformando nuestro carácter al modelo de Cristo.

Estamos entonces hablando de una entrega total, es decir, una entrega espiritual, mental y física. Una entrega de todo nuestro ser a Cristo, para que sea Él quien gobierne nuestra vida por completo. Es entregarnos con todo el corazón sin reserva alguna, sometiendo nuestra voluntad a la de Cristo, porque de lo contrario no se relazará la transformación a la semejanza de Dios, sin la cual no entraremos al cielo.

Eso significa consagrarnos a Dios y al consagrarnos tenemos que abandonar todo aquello que nos separe de Él. ¿Y qué nos puede separar de Dios? Las cosas del mundo. Por eso dice el apóstol en 1 Juan 2:15-16 lo siguiente:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en Él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

Significa entonces renunciar a cosas materiales y actividades mundanas que no edifican; a hábitos dañinos; a vacíos entretenimientos que solo nos hacen desperdiciar el tiempo; a relaciones familiares y de amistad que impiden desarrollar los propósitos de Dios en nosotros; tenemos que renunciar aun a apetitos desmedidos de comidas que afectan nuestra salud, poniendo en peligro nuestro cuerpo que es Templo del Espíritu Santo. Porque seguir a Cristo es renunciar al mundo.

El mismo lo dijo en Lucas 14:33 al expresar lo siguiente: “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Y el propósito es, no solamente alcanzar la eternidad nuestra, sino también ser testigos para el mundo de lo que Cristo puede hacer cuando nos sometemos a Él. Y para lograr tal objetivo tenemos que morir al yo, permitiendo al Espíritu Santo que transforme nuestro carácter al carácter de Cristo.

Tenemos que estar dispuestos a dejar todo por Cristo, aun si en el llamado Él nos pidiera dejar nuestro trabajo para salir a hacer su obra. Recordemos las palabras de Jesús cuando expresó lo siguiente: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame”, Mateo 16:24.

Y negarse a si mismo es no pensarlo dos veces; es dejar todo para  seguirlo. ¿Estaremos dispuestos a eso? Si nosotros estamos dispuestos y ponemos manos a la obra en hacer lo que el Señor nos pide, Dios acudirá en nuestra ayuda para poder hacer su Voluntad. Dios siempre nos capacita cuando estamos dispuestos a obedecerlo.

Sin embargo para poder conocer su Voluntad, tenemos que estudiar concienzudamente su Palabra, para poder responder de acuerdo a ella en el momento indicado. Porque cuando estudiamos diligentemente la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos guiará para tomar decisiones sabias cuando sea necesario, y de testificar ante el mundo. Dios cuando nos pide algo, nos da también las herramientas para lograrlo, porque Él es un Padre amantísimo que nunca nos deja solos.

Dios sabe que por nuestras propias fuerzas es imposible alcanzar los objetivos que nos exige, pero para eso nos da su Santo Espíritu, para capacitarnos y fortalecernos al punto de poder alcanzarlos. La única condición que nos pide es que estemos dispuestos a entregarle por completo todo lo que somos, es decir, una entrega total a Dios. Todo aquel que esté dispuesto a rendirse por completo a Dios, recibirá don del cielo para vivir una vida sin pecado, y en obediencia perfecta a la Ley de Dios.

Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a toda criatura. Gracias.

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Esta entrada fue publicada en diciembre 26, 2021 por en Dios habla hoy, Vida Eterna y etiquetada con , .
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