
El Amor y la Obediencia a Dios
El amor y la obediencia a Dios van de la mano, porque para Él, la obediencia es mejor que los sacrificios y lo veremos según la Biblia.
El mundo cristiano de hoy anda muy opuesto a los principios de Dios porque dicen amar a Cristo y ser sus seguidores pero no quieren obedecer sus mandamientos ni están dispuestos a someterse a su Voluntad.
Pero esta contradicción no va con Dios, porque el amor implica obediencia y Él mismo lo afirma al expresar lo siguiente: “Yo hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”, Éxodo 20:6.
La misericordia que Dios nos brinda a diario, es debida al infinito amor que nos profesa, y sus palabras indican que su misericordia y su amor son para los obedientes que son aquellos que también le aman a Él, porque el amor a Dios lo demostramos obedeciéndole.
Amor Implica Obediencia
Cristo también lo dijo en Juan 14:15: “Si me amáis guardad mis mandamientos”. Y en Juan 15:10 lo ratifica: “Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.
Como vemos en los versículos mencionados, para Cristo el obedecer a sus principios demuestran nuestro amor por Él. Porque la obediencia es el fruto del amor. Ahora, si Cristo guardó los mandamientos de Dios a su paso por la tierra, qué o quién nos hace creer a nosotros que no debemos guardarlos? Solo hay un personaje en el universo que quiere hacernos creer esa mentira, y su nombre es satanás. Porque la obediencia es el fruto del amor.
Satanás no quiere que Cristo sea nuestro Señor; es él quien quiere que nosotros le sirvamos y le adoremos a él, y nosotros al andar desobedeciendo los mandamientos de Dios, estamos adorando y reconociendo el señorío de satanás en nuestras vidas, y dándole la espalda a Dios. Es así de simple.
El Amor y la Obediencia a Dios
No podemos deslindar el amor de la obediencia. No podemos decir que amamos a Dios si estamos desconociendo su autoridad sobre nosotros y su soberanía sobre el universo del cual todos formamos parte, porque eso es lo que hacemos al no querer obedecer sus leyes y principios.
En 1 Juan 2:4-6 dice el apóstol: “El que dice yo le conozco, y no guarida sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él; pero el que guarda su Palabra, en este verdaderamente el amor del Padre se ha perfeccionado; por eso sabemos que estamos en Él. El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo”.
¿Y cómo anduvo Cristo? En obediencia a los mandamientos de Dios como Él mismo lo mencionó en Juan 15:10. Además Él siempre dijo que no venía hacer su Voluntad sino la del Padre que lo había enviado (Juan 6:38).
Cristo fue sumiso y obediente al Padre para darnos también ejemplo a nosotros de cómo debe ser y cómo debe comportarse un verdadero hijo de Dios. De tal manera que si Cristo fue obediente, con mayor razón tenemos que serlo nosotros, si es que queremos alcanzar la tan anhelada eternidad. Porque además “por su obediencia, Cristo vino a ser autor de eterna Salvación para todos los que le obedecen”, excluyendo así a los que no lo hacen, según dice en Hebreos 5:9.
Recordemos que Cristo fue nuestro modelo aquí en la tierra y con base a la semejanza de nuestro carácter al carácter de Cristo es que seremos juzgados.
Pero también dijo el Señor: “Porque el que me envió conmigo está: no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”, Juan 8:29. Cuando obedecemos a Dios, lo agradamos y también lo honramos, porque la obediencia es la mejor manera de honrar a Dios.
En Juan 14:23-24 el Señor también dice: “El que me ama, mi palabra guardará, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con Él. Pero el que no me ama, no guardará mis palabras”.
De todo lo anterior podemos deducir que el amor a Dios y la obediencia a sus principios tienen que ir de la mano, porque pecado de adivinación es la rebelión, y como idolatría es la obstinación“ para Dios el obedecer es mejor que los sacrificios, pues como pecado”, 1 Samuel 15:22-23.
Así como un niño que no quiere obedecer a sus padres es considerado rebelde y obstinado, de la misma manera el desobedecer los mandamientos de Dios, nos hace rebeldes y obstinados ante sus ojos, y para Dios esa obstinación y rebeldía, son como pecado de adivinación e idolatría, cosas que el Señor abomina mas que cualquier otra cosa.
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