
Dios nos ha dado libre albedrío para escoger, aun entre ser salvos o no, porque la Salvación es una elección y lo veremos a continuación.
Dice la Biblia que “Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro3:9), y eso significa que la Voluntad de Dios es que todos nos salvemos.
Sin embargo pareciera como Jesús no estuviera de acuerdo con esto al afirmar lo siguiente: “Y tomando Jesús la copa, y habiendo dado gracias les dio a sus discípulos diciendo; Bebed de ella todos, porque esto es mi sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”, Mateo 26:27-28.
En este pasaje Jesús ya no habla de todos, sino de muchos, y es bien claro que al decir muchos, está dejando por fuera a otros tantos. ¿Se estarán contradiciendo Jesús y el Padre? En realidad no, porque ambas afirmaciones son verdaderas aunque no esté afirmando lo mismo.
Es cierto que el deseo de Dios es que toda la humanidad se salve, y de hecho Cristo vino a morir por todos. Sin embargo, y aunque esa fue la intención de Jesús en el plan de Dios, en realidad no todos se salvarán sino cierta cantidad, es decir muchos, pero no todos, y no será por Él, sino porque no todos aceptarán esa Salvación.
La Salvación Es Una Elección
Dios nos ha dado libre albedrío, dándonos la opción de escoger nuestros caminos, de escoger entre el bien y el mal, y aun de escoger entre salvarnos o perdernos, y es por eso que también la Salvación es una elección que debemos tomar y que debemos asumir con todo lo que ella conlleva.
Veamos un ejemplo bien claro y sencillo;
Imagina por un momento que alguien toca a tu puerta diciendo ser el abogado de la familia real de Inglaterra que te trae una maravillosa noticia, y es que han descubierto que tú eres hijo/a del príncipe Carlos quien desea reconocerte como hijo y que por lo tanto tienes todo el derecho a pertenecer a esa familia con todos sus beneficios.
Esa es la buena noticia, pero aun tú no tienes nada hasta que no decidas firmar y decir que estás dispuesto a recibir tan preciado regalo. Sin embargo, antes de firmar se te dice cuales serán las condiciones para ser aceptado por la reina.
Entre ellas están que tendrás que renunciar por completo a tu vida pasada, olvidarte de tus amigos, familia, actividades que hasta el momento solías hacer.
Además, por el contrario, tendrás que asumir un sinfín de actividades y obras de beneficencia, levantarte a las 5 de la mañana o antes todos los días, andar con guardaespaldas para todas partes, estar dispuesto a sonreírle a todo el mundo y a toda hora, hacer lo que ellos te dicen que tendrás que hacer y rendir cuentas a la máxima autoridad del palacio por cada uno de tus actos, porque vas a pertenecer a la familia más importante del mundo, por decirlo así, y no podrás comportarte como la gente común lo hace.
A cambio si tendrás ciertos beneficios tales como comprar ropa, zapatos y automóviles costosos y una gran herencia económica. ¿Estarías entonces dispuesto a dejar todo lo que tienes por una estabilidad económica? Ese sería un buen punto para analizar.
Decido Elegir a Cristo
Así como en el ejemplo yo tendría que elegir si aceptar o no, lo mismo pasa con la Salvación, cuando decido si elijo ser salvo o si prefiero escoger el mundo, porque cuando elegimos a Cristo tenemos que renunciar al mundo, pero si decido escoger al mundo, entonces estoy literalmente rechazando a Cristo.
No podemos escoger a Cristo y vivir como el mundo lo hace, porque así como la realeza nos va a exigir muchos cambios en nuestra vida para ser aceptados dentro de su familia, cuanto más Dios que nos ofrece pertenecer a su divina familia, que nos ofrece el privilegio de ser llamados hijos de Dios.
Sin embargo, la gran diferencia entre pertenecer a la realeza y pertenecer a la familia de Dios, es que Dios al escogerlo a Él, nos da a cambio paz, gozo, salud, bienestar, seguridad, estabilidad económica y protección contra los ataques del diablo, además de la Vida Eterna.
Ese es el fruto del Espíritu, el cual recibimos cuando nacemos de nuevo porque es una promesa de Dios, y lo dice en Gálatas 5:22-23: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio”.
Y todo eso comienza a formar parte de nuestra rutina diaria, tanto así que el mundo no puede entender a qué se debe nuestra paz y nuestro gozo aun en las peores circunstancias.
Pero veamos otros versículos que nos aseguran todas las ventajas de pertenecer a la familia de Dios. Como hijo de Dios yo siempre puedo decir con certeza:
“Has cambiado mi lamento en baile, desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría”, Salmo 30:11
“Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro, y me rodearás con cánticos de liberación”, Salmo 32:7.
“Cuando en mi la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría”, Salmo 94:19.
“El Señor se complace en su pueblo, y a los humildes les concede el honor de la victoria”, Salmo 149:4.
Es cierto que la Salvación es un regalo, pero como todo regalo, yo no solo puedo decidir si aceptarlo o no, o aun tengo todo el derecho de cuidarlo cuando lo recibo, o de desecharlo también, porque la Salvación es una elección.
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