
Cristo dijo que para entrar al Cielo tenemos que nacer de nuevo. ¿Y cómo podemos nacer de nuevo? Veremos lo que dice la Biblia al respecto.
Fuimos creados como seres espirituales, para vivir en perfecta comunión con Dios, pero al pecar morimos espiritualmente, porque “la paga del pecado es muerte”, dice en Romanos 6:23.
Dios dijo a Adán y Eva que si comían del fruto prohibido morirían (Génesis 2:16-17). Sin embargo, una vez comieron ellos no murieron, porque la muerte a la que Dios se refería era a la muerte espiritual, y su desobediencia trajo como consecuencia la expulsión del jardín del Edén (Génesis 3:23-24).
Gracias al pecado, se rompió la perfecta conexión del hombre con Dios que era el nexo espiritual entre ambos; el hombre comenzó entonces a vivir de acuerdo a sus propias decisiones y no por la guía de Dios; y su decadencia lo llevó a la perdición y a la inminente condenación.
Así pues, después de tal acto de rebeldía contra Dios, la humanidad quedó en un lamentable estado de mortandad, al punto de que todos nacemos muertos; “muertos en nuestros delitos y pecados, siguiendo la corriente de este mundo, y conforme al príncipe de la potestad de las tinieblas, satanás, que opera sobre los hijos de desobediencia”, (Efesios 2:1-3).
Sin embargo, Dios en su infinito amor nos ha querido salvar, porque dice la Biblia que Él no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedamos al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), y para lograrlo es necesario nacer de nuevo, a través de Cristo, el Salvador del mundo.
Nacer de Nuevo
Jesús lo dijo: “El que no naciere de nuevo del agua y del Espíritu, no podrá entrar al Reino de Dios porque lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”, (Juan 3:5-6). ¿Pero nacer de nuevo? ¿Qué significará eso? Todos los seres humanos nacemos en la carne por el placer y el deseo de nuestros padres terrenales, pero Cristo habla aquí de nacer en el Espíritu.
Sin embargo, más que nacer, podríamos decir que lo que necesitamos es un renacer, porque recordemos que fuimos creados por Dios como seres espirituales y esa esencia nos mantenía unidos a Él, pero al pecar esa conexión se rompió y morimos espiritualmente.
Entonces lo que necesitamos es renacer, resucitar nuestro espíritu, necesitamos reconectarnos con nuestra esencia divina, o en otras palabras, necesitamos reconectarnos con nuestro Creador, a quien por nuestra maldad y pecados hemos rechazado, ofendido y desechado, y solo lo logramos a través de Cristo.
Nacer de nuevo significa tener un nuevo corazón puro y santo, libre de pecado por la gracia de Dios. Porque es la gracia la que nos transforma, y puede vivificar esas facultades muertas por el pecado, y hacerlas nuevas para la Gloria y Honra de Dios.
Cómo Podemos Nacer de Nuevo
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”, (Juan 11:25-26).
Es a través de Cristo que podemos nacer de nuevo, no solamente porque Él es la resurrección y la vida sino porque es además el único camino para llegar al Padre (Juan 14:6). Dice en Juan 1:12-13 lo siguiente: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Qué hermosa promesa: Si le recibimos Él nos da el derecho de ser hechos hijos de Dios, eso es maravilloso; pero para poder recibir a Jesús en nuestro corazón tenemos primero que arrepentirnos de nuestros pecados y estar dispuestos, no solo a dejarlos atrás, sino a someternos a su Voluntad, para recibir el perdón de Dios y el don del Espíritu Santo, porque Cristo no va a entrar en un corazón lleno de orgullo, de pecado y de maldad.
Esa fue la razón por la cual los judíos no lo reconocieron, lo rechazaron y lo mataron, porque ellos estaban perdidos en sus pecados y no estaban dispuestos ni a arrepentirse, ni mucho menos a someterse a nadie. Su orgullo y arrogancia fueron su perdición.
Por eso dice la Biblia que Cristo a lo suyo vino y los suyos no le recibieron (Juan 1:11), y como no le recibieron, simplemente se perdieron, porque dice en Juan 3:18-19 que “todo aquel que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. Y esta la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron mas las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.
Esto describe perfectamente a los judíos de la época quienes a pesar de su maldad, se jactaban de ser el pueblo escogido por Dios. Ellos estaban tan embotados en sus pecados que no pudieron reconocer al Mesías tan esperado y de quien todos los días leían en la Palabra; aun hoy, la gran mayoría de los judíos siguen esperando al Mesías.
Que esto nos sirva de lección hoy a muchos, porque es lamentable ver la condición de la mayoría de los cristianos, que se creen salvos pero que no han nacido de nuevo, y si Dios condenó a los judíos de entonces, no le pesará la mano para hacerlo también con nosotros si no nos arrepentimos de corazón y nos entregamos por completo a Él. Cuidado, no juguemos con nuestra eternidad.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes