
Creo que todos queremos entrar al cielo, pero cuáles serán los requisitos para lograrlo? Lo veremos a continuación según la Biblia.
Creo que si nos preguntaran a cada uno de nosotros si queremos entrar al Cielo, la respuesta sería, un rotundo sí.Sin embargo, es quizás bastante confusa la idea de muchos acerca de cómo alcanzar la Salvación, y poder entrar al Cielo para pasar la eternidad con Cristo ¿Alguna vez te has preguntado cuáles son los verdaderos requisitos para lograrlo?
Quiénes Entrarán Al Cielo
Existen algunas teorías al respecto, y una de ellas, tal vez la más común y usada, es que solo tenemos que repetir una oración invitando a Cristo a entrar en nuestro corazón y nada más, sin importar aun la vida desordenada que podamos seguir llevando, porque dicha oración instantáneamente nos abre la puerta al Cielo.
Según la misma teoría, ya no hay que cumplir los mandamientos porque ya Cristo los abolió en la cruz. En otras palabras podemos decir que ya que el pecado es la transgresión de la Ley según la Palabra de Dios, y ya no hay Ley que cumplir, entonces el Cielo estará lleno de pecadores.
Pero si así fuera la idea, para qué entonces murió Jesús? En ese caso hubiera sido más fácil evitarle todo ese tormento al Señor, y permitir que todos entraran de una vez al Cielo.
Sería además, como que Dios, el único Dios real y verdadero, el propio Creador del mundo fuera un alcahuete. A Cristo le preguntaron: “Qué he de hacer para entrar en la Vida Eterna? Y Él respondió: Los mandamientos sabes. No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre”, Marcos 10:18-19.
Es cierto que la Salvación es un regalo, en el sentido de que Cristo pagó por toda la deuda impagable de pecado que teníamos con Dios, pero no significa que podemos seguir pecando.
Sin Arrepentimiento no hay Perdón
Sin arrepentimiento no hay perdón o Justificación, y sin un cambio de vida o proceso de Santificación, no hay Salvación. Cuando decidimos seguir a Cristo, lo primero que tenemos que hacer es reconocer nuestros pecados y arrepentirnos de corazón, confesarlos a Dios, y estar dispuestos a dejarlos atrás, para poder recibir el perdón.
Pero este es solo el comienzo de la historia, porque es ahí donde comienza el proceso de santificación, ya que sin santificación, no hay Salvación. Veamos un ejemplo cotidiano. Cuando te matriculas en la universidad para estudiar una carrera, tienes primero que presentar un examen de admisión, que si lo apruebas, solo te dará el derecho a entrar, pero no te garantiza recibir el diploma.
Matricularte no te hace ni médico, ni abogado, ni ingeniero, sino que solo te abre el largo camino para alcanzar la meta, pero no es la meta. Esa es solo la puerta de entrada, y de ahí tienes que comenzar a trabajar duro y prepararte por años con esfuerzo y dedicación para alcanzar el título al que aspiras.
Es exactamente lo que pasa con la Salvación. Cuando nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados a Dios, lo que estamos haciendo es matriculándonos como cristianos, pero eso no nos garantiza la entrada al Cielo. Eso solo nos da la oportunidad de comenzar una nueva vida con Cristo y prepararnos para la eternidad, de la mano del Señor. Y el título que adquirimos durante el proceso es la santificación, para poder demostrarle al Señor a través de nuestra nueva vida, que si somos dignos de entrar al Cielo.
En el libro de Lucas, mientras Jesús les hablaba a sus discípulos acerca de los terribles tiempos que vendrán antes de su venida dijo lo siguiente: “Velad pues en todo tiempo, orando para que seáis tenidos por dignos de escapar de estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”, Lucas 21:36.
Porque los que no sean dignos, es decir, todos aquellos que no trabajaron en el proceso de santificación y siguen pecando, no podrán estar en pie ante el Señor, y serán destruidos con el resplandor de su presencia (2 Tesalonicenses 2:8), porque Dios dijo que ningún hombre puede estar en frente de Él y vivir (Éxodo 33:20).
Sin embargo, a través de Cristo si podemos, y Él mismo lo dijo: Oremos con fervor y de manera constante, para que Dios nos ayude en esa preparación que necesitamos para que seamos dignos y podamos alcanzar el maravilloso privilegio de entrar al Cielo.
Pero se trata de orar y de estudiar concienzudamente su Palabra, para conocer la vida de Jesús, aprender lo que Él exige de nosotros y semejarnos a Él, porque Él es nuestro modelo y de acuerdo a la semejanza que tengamos con Él es que entraremos al Cielo. Dice en Efesios 4:13 que todos debemos llegar al conocimiento de Cristo, varón perfecto y alcanzar nosotros la plenitud en Él, convirtiéndonos en nuevos hombres, creados según Dios en la justicia y la santidad de la verdad que es Cristo (Efesios 4:24).
Podemos concluir entonces que la Salvación es una carrera, “prosiguiendo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14), y poder alcanzar la corona incorruptible de la Vida Eterna.
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