La Tibieza Espiritual del Cristianismo

La Tibieza Espiritual del Cristianismo
La iglesia está en un estado de tibieza espiritual condenada por Cristo en Apocalipsis 3. ¿Y qué es la tibieza espiritual? Lo veremos aquí.
Cristo dijo: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente !Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”.
Este mensaje fue enviado a la iglesia de Laodicea, formada tal vez en la época de los apóstoles, y la última de las siete iglesias, correspondiendo también a la iglesia del fin de los tiempos antes de la segunda venida del Señor, es decir, a la iglesia de hoy.
El problema de esta iglesia era que se decían consagrados a Dios, pero no se daban cuenta de su estado de tibieza espiritual. Se autodenominaban cristianos pero se sentían autosuficientes y sin necesidad de nada, mucho menos de Cristo. La riqueza material proliferaba en aquella ciudad, y es obvio que tanta prosperidad corrompió aun el corazón de los cristianos.
Es la misma condición que vemos en la iglesia actualmente, ya no tanto por la prosperidad, sino por las vanas distracciones del mundo (la tecnología, las redes sociales etc), y la vida tan agitada del momento.
La tibieza espiritual es el estado más lamentable de la iglesia de Cristo, porque estos que dicen ser cristianos, aunque son fieles miembros de las iglesias, y asisten periódicamente a ellas, en realidad nada tienen en común con el Señor, porque no son consecuentes con lo que afirman creer.
Estos son cristianos de nombre solamente porque sus vidas distan mucho de reflejar el carácter de Cristo, y es a estos cristianos a los que el Señor se refiere cuando dice: “Por cuanto no eres ni frío ni caliente sino tibio, te vomitaré de mi boca”.
La Tibieza Espiritual del Cristianismo
¿Pero en qué consiste esa tibieza espiritual? Tenemos que definir primero las otras dos condiciones mencionadas por el Señor arriba: ¿Quiénes son los fríos? Son todos aquellos que nada tienen que ver con Dios, viven por completo en el mundo y jamás tienen en cuenta al Señor para nada.
¿Y los calientes? Todos aquellos que llevan una vida fervorosa en Cristo Jesús, que han nacido de nuevo y con la transformación de su carácter y su obediencia no solamente honran a Dios, sino que dan testimonio de Cristo.
Pero los tibios, son los que tienen un pie en el mundo y el otro en la iglesia (no en Cristo). Quieren las bondades y bendiciones de Dios, pero sin apartarse de los placeres del mundo, y son estos a los que abomina el Señor, que aunque se sientan y se crean cristianos, están descalificados para entrar al cielo. Cristo nos demanda entrega total y renunciar al mundo si queremos seguirlo.
Lo dijo en Lucas 14:33: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Y en Santiago 4:4 dice el apóstol muy claramente: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios”.
Cristo no aceptará a aquellos cuyos intereses están divididos; aquellos que se han conformado al mundo y sus debilidades; los que llevan una vida viciada de mundanalidad y no de santidad. Estos no serán admitidos en el cielo, y por eso el apóstol Pablo en la carta a los Romanos amonesta a la iglesia diciendo:
“No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:2.
Porque si somos hijos de Dios, tenemos que hacer la Voluntad del Padre y desechar las costumbres mundanas que no son aceptadas por Él. Tenemos que transformar nuestros pensamientos, adaptándonos a las nuevas exigencias del Señor, y eso solo lo logramos a través del estudio concienzudo de la Palabra de Dios, pero también, separándonos para Cristo, y viviendo en conexión con el Padre como Cristo lo hizo.
Los que somos de Cristo, no somos del mundo, como tampoco Él lo fue. Tenemos que ser como Cristo que aunque estuvo en el mundo, jamás se dejó absorber por él, y para lograrlo tenemos que permanecer en Él, y “el que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo”, 1 Juan 2:6.
Dice el apóstol: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo (a través del bautismo), buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”, Colosenses 3:1-2.
Porque ocuparnos de las cosas del mundo es descuidar de antemano nuestra eternidad, de tal manera que podemos concluir que la tibieza espiritual no es una opción para los verdaderos hijos de Dios, y quienes la poseen, no lo son.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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