Cómo Era el Carácter de Cristo

Cómo era el carácter de Cristo
Si no alcanzamos el carácter de Cristo no tendremos vida eterna. Pero cómo era específicamente su carácter? Lo veremos a continuación.
En 1 Juan 3:3-7 dice lo siguiente:
“Todo aquel que tiene la esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo”.
Cómo Era el Carácter de Cristo
En el párrafo anterior el apóstol describe 3 interesantes características que tuvo Cristo a su paso por la tierra. Dice que era puro, que no había pecado en Él y que era justo, y hablo en pasado, porque me estoy refiriendo a su existencia humana, es decir, a las características que Él ostentó como hombre.
Cristo vivió una vida de perfecta obediencia a los mandamientos de Dios, mientras vivió en esta tierra, y lo hizo porque tenía que darnos ejemplo de lo que tenemos que hacer los cristianos hoy. El vivió su vida en perfecta obediencia para que nosotros también por su Gracia vivamos en obediencia a sus mandamientos.
Él dijo en Juan 15:10 lo siguiente: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.
Esa fue otra cualidad de Cristo, su perfecta obediencia, para salvar a quienes le obedecen y se someten a Él. Por eso dice en Hebreos 5:8-9:
“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Esto significa que así como Él siempre fue obediente a su Padre, nosotros tenemos que serlo también.
Pero en realidad, es la perfecta obediencia a Dios la que nos lleva a ser perfectos, justos y sin pecado como Cristo vivió, y tenemos que ser perfectamente obedientes porque en el día del juicio, serán desechados todos aquellos que retengan las imperfecciones comunes de la gente del mundo.
Ya no somos del mundo, hemos sido escogidos por Cristo (Juan 17:19) y salvados por su sangre, de tal manera que ya no podemos vivir como la gente del mundo. Debemos ahora vivir en perfecta obediencia a los mandamientos de Dios para que por la Gracia de Cristo alcancemos esa perfección que Cristo tuvo. Es esa obediencia perfecta la clave para alcanzar la Salvación, por nuestra fe en Cristo.
Es obvio que somos imperfectos y débiles, pero recordemos que es a través de Cristo, y con la ayuda de su Santo Espíritu que podemos alcanzar la perfección, no de otra manera. Si quisiéramos alcanzar la perfección del carácter de Cristo, por nosotros mismos, sería imposible lograrlo.
Solo por la entrega de su vida y a través de su Gracia, es que todos podemos alcanzar el nivel de su perfección, si es que realmente lo queremos. Todos aquellos que reciban su gracia y sigan su ejemplo, entregando por completo sus vidas a Él, y viviendo en perfecta obediencia a sus preceptos, tendrán sus nombres plasmados en el Libro de la Vida.
Porque es cuando estemos dispuestos a ello, que Cristo podrá completar la obra de santificación y restauración en nosotros. Cristo con su muerte en la cruz nos perdona de nuestros pecados y por su gracia nos restaura a la imagen perfecta de Dios que habíamos perdido, dándonos un corazón nuevo, un corazón limpio y puro conforme al suyo.
Pero para poder alcanzar esto, Dios tiene que ver en nosotros una plena disposición y un ferviente esfuerzo para obedecerle y para lograr la victoria sobre el pecado, agregando Él por sus méritos lo que nos falta para alcanzarlo.
Sin embargo, Dios no aceptará a aquellos que asegurando tener fe en Él, son desobedientes a sus mandamientos, porque la fe verdadera es la que nos lleva a hacia la perfecta obediencia a nuestro Salvador.
Cristo vivió una vida de perfecta obediencia a la Ley de Dios, a su paso por la tierra, para darnos el ejemplo de cómo hacerlo; y esa misma vida es la que tenemos que llevar nosotros por medio de su poder y bajo la instrucción de su Palabra. Porque solamente nuestra perfecta obediencia puede satisfacer los altos estándares que Dios exige, los cuales solo podemos alcanzar por medio de la gracia de Cristo y nuestra entera disposición para lograrlo.
Dios quiere que alcancemos la perfección, poniendo como modelo a Jesucristo quien pudo vivir en santidad en medio de un mundo ruin y perverso como el que le tocó vivir, demostrando además, que en la unión con Dios, el hombre si puede alcanzar la perfección del carácter, y vencer las tentaciones, sin dejarse contaminar por el mal.
Cristo venció y pudo llevar su vida de santidad, pero no por ser Dios, sino por su estrecha relación con el Padre y su constante vida de oración. Recordemos que Cristo no podía vencer el pecado como Dios, sino como hombre, pues si lo hubiera hecho como Dios, no solamente habría sido imposible que se diera el proceso de redención sino porque el primero en acusar a Dios habría sido satanás ante la injusticia.
Cristo tenía que vencer el pecado como hombre para poder salvarnos, y no podía ser de otra manera. Es por eso que su sacrificio es tan grande y su amor tan infinito, porque no solo murió por nosotros, sino que padeció durante su vida toda clase de vejaciones, sin tener necesidad de hacerlo. Pero lo hizo por amor a nosotros.
Por eso dice en 12 Corintios 5:15: “Cristo por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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