La Iglesia Verdadera

La Iglesia Verdadera
Si todos creen que su iglesia es la verdadera, cómo saber cuál es la que Cristo estableció? Veremos lo que dice la Biblia al respecto.
Todos creemos que la iglesia a la que asistimos es la iglesia verdadera, y es apenas lógico que así sea, pues si no estuviéramos seguros de eso no estaríamos ahí. Sin embargo hay una sola iglesia verdadera y es aquella que no solo esta mencionada en la Biblia como la Esposa del Cordero, sino que también basa su filosofía solamente en las Sagradas Escrituras.
Aquí no hablaremos de que si estos o aquellos son o no son, porque la Biblia en ninguna parte habla de católicos, luteranos, episcopales, evangélicos, protestantes ni nada por el estilo, porque Cristo nunca pretendió establecer denominaciones, ni los apóstoles tampoco lo hicieron.
Cristo solamente estableció una iglesia, y los que le seguimos somos simplemente cristianos, porque las innumerables denominaciones que hoy existen fueron inventadas por hombres, y nada tienen que ver con la Palabra de Dios. Es por eso que existen según la Biblia solo dos clases de iglesias, la falsa y la verdadera, y las nombra específicamente como la Esposa del Cordero (Iglesia Verdadera, Apocalipsis 21:9, 22:17) y la Gran Ramera (la Iglesia Falsa, Apocalipsis 17, llamada también Babilonia, Apocalipsis 18).
La Iglesia Verdadera
Pero antes de hablar de la iglesia verdadera considero importante aclarar porqué Dios hace dicha comparación. Para Dios, el amor por su iglesia es como el de un hombre por su esposa, y su fidelidad hacia ella es eterna, pero del mismo modo, nos demanda absoluta fidelidad hacia Él.
Es por eso que la Iglesia Verdadera, su Esposa, es aquella que le es fiel, que guarda sus mandamientos, y que basa sus creencias solamente en la Palabra de Dios que es el manual que Él nos ha dejado para vivir de acuerdo a sus principios, para prepararnos no solo para la Salvación (2 Timoteo 3:15-16), sino también para la Segunda Venida del Señor.
Pero además, es importante aclarar que la Iglesia, somos específicamente los fieles seguidores de Cristo. La Iglesia no es ni una estructura o edificio, ni tampoco una denominación. En realidad la Iglesia somos todos los que creemos en Cristo, aunque denominemos iglesia al sitio en el que nos reunimos, pero esa no es la Iglesia.
Veamos lo que dice en Hechos 9:31: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo».
La Iglesia Falsa
Por el contrario, La Ramera, es la mujer infiel a su marido que es Cristo, y su infidelidad, es denominada en la Biblia como fornicación, porque hace culto y adoración a imágenes, otros dioses, según lo afirma Dios, cosa que es abominación para Él, y que va en contra del segundo mandamiento de su Ley.
Esa es la Iglesia falsa, la que basa sus enseñanzas en mandamientos de hombres, como lo dijo Jesucristo en Mateo 15:7-9: “Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.
Los mandamientos a los que se refiere el Señor, son costumbres paganas tomadas de las antiguas culturas por algunas iglesias, y adoptadas como cristianas, pero que no lo son, motivo por el cual, la Biblia llama también a esta iglesia falsa, “Babilonia”.
Dice en Apocalipsis 17:3-4, “Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”.
Estas palabras fueron escritas por el apóstol Juan, quien a través de una visión, le fue mostrado esto por medio de un ángel enviado de Dios.
Existe solamente una iglesia, que aunque suene espantoso para muchos, reúne todos los requisitos para ser la Iglesia falsa, la Gran Ramera, Babilonia la Grande, y es la iglesia católica, y lo digo sin el afán de ofender, sino que mi deber es transmitir lo que dice la Biblia.
Es la única cuyos líderes se visten de púrpura (los obispos, a quienes les dicen los purpurinos), y escarlata (los cardenales).
Es la única que usa un cáliz de oro en sus servicios, y que usa joyas preciosas en las tiaras que ponen en sus cabezas. Es la que adora imágenes y atribuye a María, virginidad y milagros, nada de lo cual se encuentra en la Biblia.
Pero además es la única que se atrevió a cambiar la Ley de Dios, y la que cambió el día de reposo del Sábado por el domingo sin el permiso de Dios. Es a ella a quien se refiere la Biblia cuando habla de BABILONIA, porque es ella la que ha adoptado todas las tradiciones de la Antigua Babilonia como la celebración de la navidad, fecha en la cual no nació Jesús, sino Tamuz el dios sol de los babilonios, o la semana santa que también es la celebración del duelo por la muerte del mismo dios, ambas cosas no existentes en la Biblia, porque nada tienen que ver con Cristo.
Y dice el versículo que es “la madre de las rameras”, porque existen muchas otras iglesias que dicen llamarse cristianas, que no solo guardan el domingo, señal de autoridad del papado, no de Dios, sino que celebran todas estas tradiciones paganas.
Es cierto que en todas esas iglesias hay personas que aman a Dios, y es por eso que Él los llama a salir de allí si no se quieren perder. Lo dice en Apocalipsis 18: “Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados y para que no recibáis de sus plagas”, porque el castigo para ella será espantoso.
Es por todo esto que tenemos que estudiar las Sagradas Escrituras, pero no solo los Salmos o los Evangelios, sino toda, para conocer verdaderamente el carácter de Dios y cuál es su Voluntad, para no ser engañados y al final resultar perdiendo la eternidad por ignorancia.
El Señor lo advierte en Oseas 4:6 al expresar lo siguiente: “Mi pueblo perece porque le faltó conocimiento”. Que no nos pase esto.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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