Los Peligros de la Rebeldía a Dios

Los peligros de la rebeldía a Dios
El Señor es bueno y misericordioso, pero la desobediencia y rebeldía a Dios trae graves consecuencias y lo veremos a la luz de la Palabra.
Ya en un artículo anterior demostrábamos a través de la Biblia que la desobediencia es rebeldía, y la rebeldía es como idolatría para Dios, pero ahora hablaremos específicamente de los peligros de la rebeldía a Dios, es decir, de las graves consecuencias que podemos acarrear si nos rebelamos contra el Señor.
Pero veamos lo que significa la palabra rebeldía. Una persona rebelde, según el diccionario, “es aquella que se subleva o que opone resistencia a principios, leyes o mandatos. La rebeldía supone la falta de obediencia debida al mandato de la autoridad”.
Todos, como integrantes de la sociedad, tenemos que someternos a unos principios o normas, o de lo contrario seremos castigados, ya sea en la escuela, el trabajo, el hogar, o nuestra comunidad. Sin embargo, es verdaderamente sorprendente como muy pocos están dispuestos a cumplir las leyes de Dios, la máxima y única autoridad de todo el Universo.
Algunos no las cumplen porque las desconocen, como muchos de nosotros antes de conocer a Cristo, pero peor aún, es que las normas establecidas por Dios en su Palabra, son deliberadamente incumplidas y pisoteadas por muchos de los cristianos modernos, que aseguran de manera irreverente, que dichas leyes están obsoletas y que ya no hay que cumplirlas.
Pero ellos no entienden que al negar las leyes o mandamientos de Dios e incumplirlos, están desconociendo su autoridad. Además al desconocer la autoridad de Dios están abiertamente rebelándose contra el Creador y así como en los tiempos antiguos, Él tuvo que castigar severamente a su pueblo escogido por rebelarse contra Él, a si mismo no le pesará la mano para castigar a los rebeldes de hoy, porque la misericordia de Dios tiene un límite.
Los Peligros de la Rebeldía a Dios
Pero veamos a continuación los graves peligros de la rebeldía a Dios según ha quedado plasmado en su Palabra. Dice en Levítico 26:14-16, NVI:
“Si ustedes no me obedecen ni ponen por obra todos estos mandamientos, sino que desprecian mis estatutos y aborrecen mis preceptos, y dejan de poner por obra todos mis mandamientos, violando así mi pacto, entonces yo mismo los castigaré con un terror repentino, con enfermedades y con fiebre que los debilitarán, les harán perder la vista y acabarán con su vida. En vano sembrarán su semilla, porque se la comerán sus enemigos. Yo les negaré mi favor, y sus adversarios los derrotarán, y sus enemigos los dominarán”.
Estas palabras del Señor iban dirigidas al pueblo escogido, al pueblo de Israel, pero después de la venida del Señor, todos los que lo hemos reconocido y aceptado como nuestro Señor y Salvador, somos el pueblo escogido de Dios, nosotros somos el Israel moderno, y esas palabras tienen tanta validez para nosotros como la tuvieron para ellos entonces, porque el Señor no cambia (Malaquías 3:6) y sus leyes tienen que cumplirse a cabalidad hasta su Segunda Venida.
Jesucristo lo dijo muy claramente en Mateo 5:17-18 al expresar lo siguiente: “No penséis que he venido para abrogar (anular) la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.
Dios es bueno y su misericordia es infinita, pero no para aquellos que pretendan persistir en el pecado. “Jehová es tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable”, dice en Números 14:18.
Su misericordia es para los que se arrepienten y deciden vivir en obediencia a sus mandamientos, porque dice la Biblia en 1 Juan 1:9 que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, mientras que “el que encubre sus pecados no prosperará”, (Proverbios 28:13).
Definitivamente la rebeldía solo nos trae maldición y nos aleja de Dios, porque Dios no escucha a los pecadores (Juan 9:31), y esconde su rostro de ellos para no escuchar sus oraciones, si es que las hacen.
“Aunque no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír, vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”, (Isaías 59:1-2)
No es Dios el que se aleja, ni tampoco significa que su misericordia se acabe, sino que nuestra maldad y rebeldía, hacen que su ira se eleve al punto de tener que castigar al que no quiere someterse, el libro de Deuteronomio 7:9-10 lo ratifica al expresar lo siguiente:
«Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos, pero que destruye a quienes lo odian y no se tarda en darles su merecido». Y si ese castigo no es recibido aquí en la tierra, será entonces en la eternidad, porque con el Señor no se juega. Deberíamos reflexionar sobre esto.
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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.
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