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Está tu Nombre en el Libro de la Vida

Está tu nombre en el Libro de la Vida (Foto Freepik)

Está tu nombre en el Libro de la Vida (Foto Freepik)

Los que tengan su nombre en el Libro de la Vida estarán con el Señor eternamente. Pero cómo saber si mi nombre está en el Libro de la Vida? Lo veremos a continuación.
¿Crees que tu nombre está escrito en el Libro de la Vida? ¿Tienes la plena seguridad de que eres Salvo en Cristo Jesús? ¿Qué es lo que tiene que hacer alguien para que su nombre sea inscrito en el Libro de la Vida? ¿Lo sabes? Si no lo sabes o si no estás seguro de saberlo, te invito a continuar leyendo, porque veremos lo que dice la Palabra de Dios al respecto.
Está tu Nombre en el Libro de la Vida
Cuando toda persona nace lo primero que tienen que hacer sus padres es registrarlo ante un Notario Público como hijo suyo, y el proceso consiste en que mediante unos testigos, cada uno con su firma y huellas dactilares declara que ese recién nacido es hijo de ambos, quedando entonces anotado o inscrito como nuevo ciudadano en un libro.
Ese libro es llamado Libro de Registro Civil de Nacimiento, donde queda constancia de que esa persona empieza a existir dentro de dicha ciudad. Es tan importante ese Libro de Registro, que para todo lo que hagamos por el resto de nuestra vida tendremos que llevar una copia del Folio donde ha quedado inscrito o registrado nuestro nombre, o nuestro nacimiento.
Si ese recién nacido por algún motivo no es registrado, él legalmente no existe, y en el futuro va a tener que enfrentar serios problemas cuando tenga que hacer cualquier cosa importante en su vida.
Cómo se escribe tu nombre en el Libro de la Vida
Pero veamos cómo es que se escribe nuestro nombre en el Libro de la Vida. En el libro de Juan 3:3-6 dice el Señor acerca de esto:
Dijo Jesús: “De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Aquí Jesús nos aclara. El primer nacimiento, es el nacimiento de la carne, del deseo de nuestros padres, y es ese nacimiento el que queda registrado en el Libro del Registro Civil. Pero el segundo nacimiento, o como lo llama la Biblia, el Nuevo Nacimiento es del Espíritu y es cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, los confesamos ante Dios, decidimos seguir a Cristo dejando el pecado atrás, y bautizándonos en su Nombre.
Eso es nacer de nuevo y comenzamos a andar en el espíritu, porque al estar dispuestos a dejar de pecar, el Santo Espíritu de Dios entra a morar en nosotros y nos capacita para vivir en santidad, porque nadie puede dejar de pecar en sus propias fuerzas, sino con el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, para que el Espíritu Santo entre a morar en nosotros tenemos que estar dispuestos a cambiar de vida, a obedecer los mandamientos de Dios y a vivir en santidad (Hechos 5:32), no de otra manera. Es ahí cuando se escribe nuestro nombre en el Libro de la Vida.
Eso es teóricamente hablando, pero en la vida práctica, cuál es el fruto de ese nuevo nacimiento, o cómo se demuestra que nuestro nombre si está escrito en el Libro de la Vida? Es simple, por nuestras obras. Son las obras o los frutos los que determinan la esencia de una persona. Así como un árbol de naranjas, no puede dar piñas, mandarinas o sandías, así mismo las obras de una persona determinan que hay dentro de ellas. El Señor lo dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”, y «por sus frutos los conoceréis», Mateo 7:20.
Antes de conocer a Cristo y entregar nuestra vida a Él, nuestras obras son carnales, son obras de la carne. ¿Y cuáles son esas obras? Lo dice el apóstol Pablo en Gálatas 5:19-21 amonestando a los cristianos de la época: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.
De tal manera que si nosotros hemos nacido de nuevo ya no practicamos nada de lo mencionado arriba, porque nadie que practique una de las anteriores tendrá la Vida Eterna. Nacer del Espíritu, es ser guiado por el Espíritu y es obvio que el Espíritu nunca nos llevará a practicar tales cosas porque “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza o dominio propio, y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”, (Gálatas 5:22-25).
Pero veamos lo que dice en 1 Juan 3:9, “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. Dios pone con el nuevo nacimiento su simiente en nosotros, su semilla, y de nosotros depende hacerla germinar para producir el fruto del Espíritu mencionado en Gálatas, y para ser salvos pero para lograrlo debemos guardar sus mandamientos ”porque el que dice, yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”, dice en 2 Juan 2:4
En conclusión, si tu puedes afirmar que ya has logrado vencer las obras de la carne mencionadas en Gálatas 5:19-21, y citadas arriba, entonces sí puedes decir que tu nombre está en el libro de la vida y que eres salvo, solo que tienes que permanecer firme en el estudio de la Palabra de Dios y en oración para no caer, porque bien dijo Jesús, que solo el que persevere hasta el fin, será salvo, y si decimos permanecer en Cristo, debemos andar como Él anduvo, (1 Juan 2:6), es decir, andar sin pecado.
Si te parece interesante, compártelo. Es esa la forma en que podemos llevar la Palabra de Dios a todo rincón. Gracias.

Cuando le crees a Dios

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Consta de 9 cortos capítulos que demuestran, cómo puede cambiar la vida de alguien cuando se atreve a creerle a Dios. Cómo con Dios podemos pasar de la total derrota, a la rotunda victoria. Ese fue mi caso. Espero que pueda ser de edificación y bendición para muchos, porque esa fue la intención al escribirlo. Bendiciones para todos.

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Esta entrada fue publicada el julio 26, 2018 por en Uncategorized.
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