
Por Qué Debemos Obedecer a Dios
Todos queremos las bendiciones de Dios, pero muy pocos estamos dispuestos a obedecerle. Veremos por qué hay que obedecerle a Dios.
Sabemos que en todos los ámbitos de la vida, para obtener un derecho, siempre hay un deber o una obligación que debemos cumplir. Sin embargo, cuando se trata de Dios como que para algunos no tiene tanta importancia, y aunque quieren todas sus bendiciones, son reacios a obedecer sus preceptos.
¿Por Qué Debemos Obedecer a Dios?
Debemos obedecerle a Dios porque es el Creador del Universo y de todo lo que hay en él, y si es el Creador de todo, aún de nosotros, entonces Él es el que pone las reglas, y nosotros como su Creación, tenemos que cumplirlas.
Dice en Colosenses 1:16 lo siguiente: «Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él».
¿Si todo en la Creación fue hecho de esa manera, quiénes somos nosotros para no someternos? Nos advierte el profeta: «Buscad lo bueno y no lo malo, para que viváis, porque así Jehová Dios estará con vosotros», Amós 5:14. Aquí la bendición es que Dios estará con nosotros y nos cuidará, y el deber, es que hay que hacer lo bueno y no lo malo.
Dios nos ha creado, y aunque nos ha dado libre albedrío, al final tendremos que rendirle cuentas por nuestros malos hábitos y pecados. El dijo: «Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia», Deuteronomio 30:19.
Dios es santo, y aunque nos da el privilegio de elegir, exige que sus hijos sean también santos si es que un día no muy lejano quieren vivir eternamente con Él en el cielo, y es más que comprensible. En Isaías 41:4 dice también el Señor: «Yo soy el único Dios y mantengo bajo control todo lo que pasa en este mundo. He existido desde el principio, y existiré por siempre», TLC.
Dios como Creador, Ser Supremo y Eterno, tiene el poder de elegir y de exigir lo que quiere de nosotros y para nosotros. «Porque de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en Él habitan. Porque Él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos», Salmo 24:1-2 Así que si cuando Cristo venga, queremos irnos con Él al cielo, no tenemos más opción que obedecer sus preceptos y someternos a su santísima Voluntad.
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