
La Lluvia Temprana y la Lluvia Tardía en el Cristiano (Image by Saskia Plötz from Pixabay)
Sabemos en qué consiste la lluvia temprana y la lluvia tardía en los cultivos. ¿Pero cómo se aplica en el cristiano? Lo veremos bíblicamente.
Cuando hablamos acerca de la siembra y la cosecha, todos sabemos que es necesaria la lluvia para que las semillas germinen y se desarrollen de manera eficiente y muy saludable.
La Lluvia Temprana y la Lluvia Tardía
La lluvia o el riego son absolutamente necesarios cuando la semilla se siembra para que germine. A esa primera lluvia se la llama la lluvia temprana. Y existe otra lluvia que es fundamental también para que una vez germinada la semilla, pueda crecer sanamente y desarrollarse hasta fructificar, y a esa lluvia se la denomina la lluvia tardia.
La Biblia lo menciona en Deuteronomio 11:14, al expresarlo de la siguiente manera en palabras del Señor: «Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, y tu vino y tu aceite», (ver también Joel 2:23-24). Y en Santiago 5:7 lo expresa así: «Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía».
La Lluvia Temprana y la Lluvia Tardía en el Campo Espiritual
Ese mismo concepto es trasladado al conocimiento de Cristo y nuestro crecimiento espiritual. Veamos como lo plantea Isaías 55:10-11 en palabras del Señor: «Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié».
Aquí el profeta hace una analogía y da a entender que la Palabra de Dios es como una semilla que cae en un terreno como el corazón del hombre y que así como en la tierra, la lluvia que cae hace germinar el fruto, del mismo modo esa Palabra, de alguna manera tendrá que prosperar, porque ese es el propósito de Dios.
Así la lluvia temprana en el caso del creyente, es el poder del Espíritu Santo para convencernos de pecado, hacernos arrepentir de ellos, y confesarlos a Dios. Esta es la que produce la conversión. La lluvia tardía por su parte, es la obra del Espíritu Santo para la santificación o el desarrollo del carácter semejante al de Cristo. Sin embargo si la semilla (es decir la Palabra de Dios), no cae en buena tierra tampoco habrá lluvia. (Ver Parábola del Sembrador en Mateo 13:1-9 y 18-23).
La Lluvia Temprana y la Lluvia Tardía en el Cristiano
Dice en el libro Testimonios para los Ministros lo siguiente: “Como el rocío y la lluvia caen al principio para que la semilla germine, y luego para que la cosecha madure, se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus etapas el proceso del crecimiento espiritual.
La maduración del grano representa la terminación de la obra de la gracia de Dios en el alma. Mediante el poder del Espíritu Santo se ha de perfeccionar en el carácter la imagen moral de Dios. Debemos ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo. La lluvia tardía que madura la cosecha de la tierra representa la gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del hombre.
Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que los primeros aguaceros hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla” (Pág. 506, Ellen de White).
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