
La Obediencia en la Salvación (Image by Ashish Bogawat from Pixabay)
Dice la Biblia que la fe sin obras es muerta y la obediencia en la Salvación son las obras de la fe en ella. Lo veremos ahora según la Biblia.
Dice la Palabra de Dios que somos salvos por Gracia por medio de la fe, es decir que al arrepentirnos de nuestros pecados y confesarlos a Dios, debemos creer por fe que Dios nos ha perdonado y esa fe es la que nos tiene que llevar a la obediencia a los principios de Dios y a hacer su Santa Voluntad.
Veamos cómo lo expresa el apóstol en Efesios 2:8. El dice: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe«. Está bien claro aquí que la Salvación no es por buenas obras que nosotros hagamos.
La Obediencia en la Salvación
Sin embargo, el fruto de esa fe es la que nos lleva a obedecer fielmente a Dios. Es decir, que nuestras buenas obras son el resultado de ser salvos. Las buenas obras tienen que ver con la obediencia en la Salvación. Es el amor que le tenemos a Dios y el agradecimiento por su obra Redentora la que nos anima a hacer buenas obras y a obedecer.
Llegamos a estar en deuda con Dios, de tal manera que nuestro corazón agradecido quiere ayudar a otros a que conozcan y sepan que hay una esperanza de Salvación también para ellos. Y no es que pretendamos pagarle con nuestras obras, pues no se trata de eso, sino que nuestro nuevo corazón siente la inmensa necesidad de servirle a Dios por amor, de creerle, seguirlo y de obedecerlo.
Dice en 1 Juan 5:3: «Y este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos”. Todo hijo que ama verdaderamente a sus padres, manifestará ese amor mediante la obediencia voluntaria y sincera porque cree que sus padres lo aman tanto, que solo buscan su bienestar.
Por otro lado, el niño egoísta, desagradecido y caprichoso no quiere hacer nada por sus padres, al tiempo que pretende y busca gozar de todos los privilegios concedidos a aquellos hijos que son fieles y obedientes.
Eso mismo sucede con muchos de los que profesan ser hijos de Dios, quienes aun viendo las bendiciones que constantemente reciben de Dios, no están dispuestos a hacer la Voluntad del Creador. Estos suelen ver los requerimientos de Dios como una desagradable restricción, y sus mandamientos como una pesada carga.
Solo el que ama a Dios y busca arduamente la santidad se puede deleitar en la ley de Dios. Ya lo decía el Salmista: «Me deleitaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras», Salmo 119:16. Porque solo cuando amamos sinceramente a Dios, estaremos dispuestos a obedecerlo, y en eso radica la obediencia en la Salvación.
Pero hay que recordar también que la desobediencia a Dios y sus principios nos acarreará la pérdida de la Salvación, porque la Salvación es un proceso, no un estado. La Salvación es un proceso de transformación que nos lleva de ser pecadores asiduos a justos y obedientes.
Y eso no es difícil de lograr puesto que al estar dispuestos a seguir a Cristo y obedecerlo, entonces Dios pone una nueva naturaleza en nosotros, que nos ayuda a ver la vida de otra manera, a amar las cosas de Dios y a odiar el pecado. Es así como se logra porque Dios nos hace nuevas criaturas.
Ya lo dice el apóstol en 2 Corintios 5:17 al expresar lo siguiente: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas». Y somos nuevas criaturas porque Dios nos da un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón obediente y sumiso a Dios, porque nos da un corazón movido por el amor de Cristo. Qué maravilla, no te parece?
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