
Estamos Listos para Recibir al Señor
Si Jesús viniera hoy estaremos listos para recibirlo? Esa es una gran pregunta que poco nos hacemos y que resolveremos hoy con la Biblia.
A veces nos tomamos el asunto de la Venida de Jesús demasiado a la ligera. Se dice todo el tiempo: «Cristo viene! Cristo viene! Pero le prestamos poca o ninguna importancia al significado de tales palabras. ¿Has pensado tu en lo que realmente significa decir que Cristo ya viene? Lo más seguro es que no.
Estamos Listos para Recibir al Señor
La pregunta que deberíamos estar haciendo es si en realidad estamos listos para recibir al Señor. Preguntarnos por ejemplo si estamos firmes en nuestras convicciones con respecto a lo que Dios demanda de nosotros para entrar al cielo.
El apóstol Pablo dice en 1 Corintios 10:12 lo siguiente: «El que piense estar firme, mire que no caiga», y lo dice haciendo referencia a cómo los judíos, se llenaron de presunción, creyendo que por ser el pueblo escogido, podían hacer lo que quisieran sin tener en cuenta a Dios y que al final los perdonaría de todas formas, porque en verdad, muchas veces lo hizo por su infinito amor, pero sabemos que al final ya no los pudo perdonar mas.
Porque aunque Dios les tuvo demasiada paciencia, colmaron Su copa de misericordia y se perdieron. O si estamos llevando una vida de santidad, requisito fundamental para compartir la eternidad con Cristo, porque “sin santidad nadie verá a Dios”, (Hebreos 12:14).
Dice la Palabra de Dios que el Señor viene por una iglesia sin mancha y sin arruga, es decir, santa y perfecta, (Efesios 5:27). Jesús vendrá por un pueblo irreprensible, que sea un ejemplo de virtud para el mundo y la verdad es que estamos muy lejos de reflejar eso, pero de todas formas, sí tenemos que lograrlo.
Qué Cosas Nos Pueden Robar la Eternidad
En realidad son muchas las cosas que nos pueden robar la eternidad pero hay dos que son fatales y definitivas en nuestro camino a la Salvación y que aunque parezcan de muy poca importancia, nos alejan de Dios.
La primera es la idolatría, que no se refiere precisamente a adorar ídolos de piedra o de madera, aunque también los incluye por supuesto. Porque muchos creen que por no inclinarse ante esas imágenes no son idólatras pero sí lo son, o si lo somos, porque los ídolos de hoy son otros.
El díablo sabe bien como trabajar en todos los tiempos y para todas las debilidades del ser humano, y hoy tiene a la gente sometida a su Voluntad con la tecnología, las redes sociales, YouTube, la televisión, el cine, etc. ¿Cuánto tiempo estamos gastando en eso y sin sacar tiempo para Dios?
Hagamos un análisis concienzudo al respecto y nos daremos cuenta que es así. La gente suele decir que no tiene tiempo para estudiar la Biblia pero a cada minuto de tiempo libre corren al celular a llenarse la mente de la basura que encuentran ahí.
Pero eso nos lleva a otra porción de la Biblia que dice así: «Porque la rebelión es como pecado de adivinación, y la desobediencia, como iniquidad e idolatría. Por cuanto has desechado la palabra del Señor, El también te desechará», 1 Samuel 15:23. ¿Y de dónde viene la rebelión y la desobediencia, sino de no estudiar la Palabra de Dios? Porque una cosa conduce a la otra, y no podemos saber cómo obedecer a Dios, si no conocemos sus requerimientos.
La segunda cosa que definitivamente nos robará la eternidad es la murmuración. Es muy común que en cada conversación estemos murmurando acerca de alguien que no está presente en la charla, y no siempre será positivo. Y es tan grave la murmuración para Dios, que por esta, María la hermana de Moisés casi es desterrada definitivamente de su pueblo (Números 12).
En Levíticos 19:16 dice así: «No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová lo digo». Porque el chisme es como atentar contra la vida de alguien, ya que estamos poniendo en tela de juicio su reputación ante otros, y no somos quien para eso.
Y en Santiago 4:11-12 dice también al respecto: «No murmureis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la Ley y juzga a la Ley; y si juzgas a la Ley, no eres hacedor de la Ley sino juez. Uno solo es el dador de la Ley que puede salvar y perder; ¿pero tú quién eres para que juzgues a tu hermano?”
Interesante verdad? Es por eso que debemos evitar la murmuración, porque esas son palabras ociosas por las cuales tendremos que rendir también cuentas a Dios. Jesús lo dijo: «Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado», Mareo 12:36-37, así que mucho cuidado con eso.
Roguemos pues a Dios que nos ayude a dejar todas aquellas cosas que parecieran insignificantes pero que ofenden profundamente a Dios y que al final nos robarán la eternidad.
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