
Enfoquémonos en Dios
Dependiendo del enfoque que le demos a nuestra vida dependerá nuestro destino final, pues si nos enfocamos en Dios tendremos Vida Eterna.
La vida es un corto peregrinaje por este mundo, y dependiendo del enfoque que le demos dependerá también nuestro destino final. ¿Sobre qué punto estamos enfocando nuestra vida? A veces tenemos tantas distracciones que perdemos de vista las cosas importantes de la existencia.
Nos enfocamos en cosas materiales que queremos alcanzar, y una vez alcanzadas nos damos cuenta que no llenan nuestras expectativas. Sentimos entonces que no nos dan lo que esperábamos sentir. Nos enfocamos en cierto nivel de estudio o de trabajo creyendo que una vez logrado nuestra vida sería más placentera y completa, pero no es así.
Nos enfocamos en el amor de una persona, creyendo que una vez establecida la relación para toda la vida, nuestro paso por ella sería mucho mejor que hasta entonces lo era, llevándonos una terrible decepción porque tampoco puede llenar nuestros vacíos emocionales y espirituales.
Y nos pasamos la vida, buscando tantas cosas materiales para ser felices, que nos olvidamos de enfocarnos en lo más importante que es nuestra eternidad, porque sólo somos peregrinos en esta tierra y nuestra verdadera morada está en el cielo; pero eso sí dependiendo de cómo vivamos en la tierra.
Fuimos creados para ser eternos porque fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:26), pero el pecado distorsionó esa esencia divina con la que fuimos creados, y trajo consigo las enfermedades, la miseria y la muerte.
Enfoquémonos en Dios
Es por eso que nada en este mundo puede llenar nuestras necesidades más íntimas sino solo Dios. Cristo es la solución a todas nuestras necesidades, problemas, inquietudes, dudas, preocupaciones y miedos, de tal manera que debemos enfocarnos en El. Es Él quien nos da la paz en medio del conflicto, y nos da también el discernimiento para poder afrontarlo con sabiduría, de su mano poderosa.
¿Pero cómo podemos lograrlo? A través de la obediencia a sus principios y mandamientos, porque al ser obedientes, entramos en el nivel de pertenencia a Dios y de su protección contra los ataques del maligno. «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros», dice en Santiago 4:7. Porque recordemos que todo lo malo viene del diablo, mientras que «toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces», (Santiago 1:7).
Por eso Jesús dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas», Mateo 6:33. Porque si nosotros nos ocupamos de las cosas de Dios, Él se encargará de las nuestras, haciendo lo posible de lo imposible. Cuando nos enfocamos en Dios, todo lo demás en nuestra vida simplemente fluye sin tropiezos. Dice el Salmo 37:5-6 lo siguiente: «Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía». ¿Puede un ser humano necesitar más que eso?
Claro que no, y significa también que cuando nos enfocamos en Dios, todo en nuestra vida estará bajo control absoluto, porque dependemos de Él y solo tenemos que confiar y esperar sin preocupaciones, sin angustias y sin miedos, del mismo modo que un pequeño niño puede confiar ciegamente en su padre. Tal vez por eso Jesús dijo que solo los que sean como niños entrarán en el Reino de los Cielos, Mateo 18:3.
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