El diablo tiene armas muy poderosas, pero los cristianos tenemos la manera de vencerlas. Hoy veremos cómo resistir al diablo.

El diablo nos acecha constantemente porque sabe que le queda poco tiempo (Apocalipsis 12:12), y ha tenido que redoblar sus esfuerzos para dañarnos y en muchas ocasiones vencernos.

Pero si somos en verdad cristianos, si somos hijos de Dios, no tiene porque vencernos, porque dice la Palabra de Dios: «Si Dios con nosotros, quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Cómo Resistir al Diablo

La mejor manera de resistir al diablo es sometiéndonos a Dios por completo. Lo dice en Santiago 4:7-8 al expresar lo siguiente: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros». Si el diablo nos ve sometidos a Dios, sabe que no tiene nada qué hacer con nosotros.

Y someternos a Dios es entregar nuestra voluntad enteramente a Él. La entrega depende del tiempo que dedicamos a estar en su presencia, a estudiar su Palabra y a encontrarnos con Él en oración.

Dios nos puede dar seguridad, estabilidad y protección contra los ataques de satanás, pero cuando dejamos de alimentar el alma, dejándonos absorber por las cosas materiales del mundo, somos vencidos fácilmente.

Por eso Jesús siempre dijo: Velad y orad, y significa estar alertas para que el diablo no nos pueda tomar por sorpresa.

Jesús conoce muy bien las pruebas por las que tenemos que pasar en este mundo porque Él las vivió también, y puede ayudarnos a vencerlas. Él las venció porque permanecía en constante oración al Padre.

A menudo el Señor se retiraba a lugares solitarios para buscar el apoyo del Padre, su sabiduría, y el descanso para sobrellevar las pesadas cargas que diariamente llevaba sobre sus hombros. Cristo vino a librar la guerra contra el enemigo más poderoso del ser humano, y la venció por nosotros.

Y así como El pudo vencerlas de la mano del Padre, hoy nosotros podemos vencer al diablo de la mano de Jesús, que es como El nos garantiza la victoria.

El no nos deja solos en la lucha sino que nos promete poner todo su poder a nuestra disposición si estamos dispuestos a seguirlo.

El dijo: «En el mundo tendréis aflicción pero confiad porque yo he vencido al mundo», Juan 16:33. Mantengamos puesta la mirada en Jesús nuestro Salvador, contemplando su vida, y estudiando sus promesas, para que de esa manera no solo estemos preparados para cualquier emergencia sino que nos será fácil discernir el peligro que amenace nuestra vida espiritual.

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