La Promesa del Espíritu Santo es una promesa condicional a la obediencia. Veremos por qué a continuación.
Jesús dijo: «Si me amáis guardad mis mandamientos y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre», Juan 14:15-16. En otras palabras Jesús está diciendo que si obedecemos su Palabra, como consecuencia recibiremos el don del Espíritu Santo, llamado por Jesús como el Consolador.
Y el apóstol Pedro lo ratifica más claramente en Hechos 5:32 al expresar que «el Espíritu Santo le es dado solo a los que le obedecen».
La Promesa del Espíritu Santo
Ambos versículos determinan que la promesa del Espíritu Santo es una promesa condicional, porque para recibirle tenemos que ser obedientes a los principios de Dios.
Además, una de las grandes características que tiene el Espíritu Santo en nuestra vida, es que nos convence de pecado, de justicia y de juicio», Juan 16:8. Así que si alguien anda en pecado, es imposible que tenga al Espíritu Santo, puesto que sigue pecando, y no ha recibido las amonestaciones de Dios acerca de sus pecados, ni tampoco lo ha guiado a dejar de pecar.
Es por eso que aunque muchos cristianos desobedientes afirmen tener al Espíritu Santo en sus vidas, están engañados por quien sabe qué clase de espíritu, porque el Espíritu Santo es solamente dado por Dios a quiénes estén dispuestos a obedecerle. Jesús también dijo: «El Padre conmigo está; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada». Jesús siempre obedeció los mandamientos, Él mismo lo dijo: «Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor».
La conexión que Cristo tuvo permanentemente con el Padre fue la que le permitió obtener la victoria sobre el pecado, y esa misma conexión que nosotros tengamos con Cristo, que es a través del Espíritu Santo, nos dará también esa victoria. Por eso es que tenemos que permanecer en Cristo, seguirlo fielmente y obedecerlo, para que la promesa del Espíritu Santo se haga una realidad en nuestra vida. Y «no tengamos ninguna condenación estando en Cristo Jesús, no andando conforme a la carne, sino conforme al Espíritu», Romanos 8:1.
Porque como dice el apóstol Pablo que «los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Ya que el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios», Romanos 8:5-8.
Y los que viven según la carne, es obvio que no tienen al Espíritu Santo, porque si lo tuvieran, obedecerían los mandamientos de Dios, y andarían como Cristo anduvo, en perfecta fidelidad a Dios. Mas a Dios gracias, los verdaderos hijos de Dios no vivimos según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en nosotros.
Porque el que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. Pero si Cristo está en nosotros, el cuerpo en verdad está muerto al pecado, y vivo por el Espíritu para la justicia de Dios, (Romanos 8:9-10). Así que es como un círculo vicioso, porque los que no obedecen, jamás recibirán la promesa del Espíritu Santo; y a su vez, como no tienen al Espíritu Santo, seguirán viviendo según la carne, e incapaces de obedecer la Ley de Dios.
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