
Quiénes Son las Vírgenes Prudentes (Image by LUM3N from Pixabay)
En Mateo 25 Jesús habló de diez vírgenes, cinco de las cuales eran prudentes y cinco fatuas. Hablaremos de las cinco vírgenes prudentes.
A Jesús le encantaba hablar por medio de parábolas, y una de ellas fue la de Mateo 25 en la que hablaba de cinco vírgenes prudentes y cinco vírgenes fatuas o necias. Las diez representan a los cristianos verdaderos que aman a Dios y esperan su venida. Sin embargo, según la parábola sólo cinco lograron entrar con Él a las bodas del Cordero que serán en el cielo, mientras que las otras fueron dejadas fuera y Jesús les dijo: No las conozco.
Ahora bien, si ambos grupos representan a cristianos verdaderos, cuál fue entonces la diferencia entre unas y otras? ¿Por qué cinco lograron entrar y las otras cinco fueron rechazadas por Jesús? Veamos la parábola:
Parábola de las diez vírgenes
Dice Jesús: «Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; más las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.
Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. A la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.
Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir»
Quiénes Son las Vírgenes Prudentes
Como vemos en la parábola, la diferencia entre las vírgenes prudentes y las insensatas, es que las prudentes llevaban aceite extra para que sus lámparas no se apagaran en ningún momento. Eso tal vez puede parecer insignificante pero en realidad no lo es porque el aceite en la Biblia representa la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Mientras las lámparas representan la Palabra de Dios, el aceite representa al Espíritu Santo sin el cual la Palabra no tiene ningún sentido. Nosotros podríamos llegar a conocer toda la Biblia, pero si no tenemos al Espíritu Santo quien es el que nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8) para transformar nuestro carácter, estamos igual que los no creyentes.
Recordemos a los fariseos y los escribas de la época de Cristo que conocían muy bien la Palabra de Dios pero eran tan perversos que no reconocieron a Jesús como el Mesías y lo mataron. Es el Espíritu Santo el que nos conecta directamente con Dios, porque es el representante de Cristo en la tierra.
Quien tiene al Espíritu Santo tiene a Jesús en su corazón y es el que le permitirá discernir muy bien entre lo bueno y lo malo; es el que le permitirá entender y aceptar la Voluntad de Dios, sus principios y obedecerlos. Porque si bien es cierto que cuando decidimos aceptar a Jesús, Él nos acepta como somos, también lo es que Él no nos quiere dejar como estamos sino que Él quiere transformarnos y hacernos idóneos para entrar al cielo, ya que ningún pecador será aceptado allí.
Jesús está dispuesto a cambiarnos, pero no lo va a hacer en contra de nosotros mismos. El necesita nuestra disposición para transformarnos, pero si nosotros no queremos, Él ya no podrá hacer nada y cuando venga nos dejará por fuera, como lo hizo con las insensatas de la historia. La transformación del carácter es un proceso largo que no puede darse en el mismo momento en el que Jesús venga.
La transformación que es la misma santificación, es un proceso que dura toda la vida, y sin el cual seremos rechazados por Dios. Las diez vírgenes eran cristianas comprometidas, pero también pecadoras como todos nosotros lo somos. Sin embargo, la diferencia entre unas y otras, fue la disposición de que las primeras aceptaron dejarse transformar por el Señor para vencer el pecado, y estar listas para entrar con Él al cielo.
Recordemos también las palabras de Jesús cuando dijo: «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono», Apocalipsis 3:21. Tenemos que vencer el pecado y todas esas debilidades y flaquezas que ofenden a Dios, pero solo lo lograremos si estamos dispuestos a dejarnos transformar por el Espíritu Santo, que es el aceite que mantendrá nuestras lámparas encendidas hasta la Venida del Señor.
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