
En Qué Consiste el Pacto de Dios con el Hombre (Image by Jill Wellington from Pixabay)
Un pacto es un compromiso entre dos partes. A continuación veremos en qué consiste específicamente el pacto de Dios con el hombre.
Antes de entrar en materia quiero que definamos lo que significa la palabra pacto. Según el diccionario de la lengua española pacto es un «acuerdo entre dos o más partes o personas que obliga a ambas a cumplir una serie de condiciones». Otra definición dice que es un «acuerdo de voluntades por el que dos o más personas o entidades conciertan o convienen en asumir determinadas obligaciones y derechos comprometiéndose a cumplir lo estipulado».
Según la definición, en un pacto ambas partes tienen obligaciones y derechos. Es necesario tener muy en cuenta ese aspecto para poder entender en qué consiste el pacto de Dios con la humanidad.
En Qué Consiste el Pacto de Dios con el Hombre
Veamos lo que dice Éxodo 7:9: «Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos». Y en Deuteronomio 19:5 dice así: «Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las naciones. Aunque toda la tierra me pertenece».
En estos versículos podemos ver claramente cuáles serían las obligaciones de cada una de las partes en el Pacto: El hombre se compromete a obedecer a los preceptos divinos y Dios por su parte se compromete a amarlo y a cuidarlo como a un pueblo especial y exclusivo de entre todos los pueblos de la tierra. Pero además, el hombre tiene una gran misión dentro de ese pacto y es la de dar a conocer a Dios al resto del mundo (Isaías 43:21).
Esa fue la misión de los judíos en su tiempo, y es la misión de nosotros los cristianos también hoy. Dice el Salmo 103:17-18: «Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos, con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra». Ese era el Pacto Sagrado que Dios hizo con los judíos, quienes eran entonces el pueblo escogido de Dios.
De tal manera que ese pacto hubiera seguido vigente si el pueblo hubiera seguido siendo obediente a Dios, pero resulta que ese pueblo fue muy rebelde con el Señor y gracias a su desobediencia rompieron el Pacto con Dios. Veamos lo que dice en Jueces 2:20: «Y se encendió la ira del Señor contra Israel, y dijo: Por cuanto esta nación ha quebrantado el pacto, y no ha escuchado mi voz, no los protegeré». Y en Hebreos 8:9 dice: «Porque no permanecieron en mi pacto, yo me desentendí de ellos, dice el Señor».
Es obvio que al desobedecer ellos rompieron primero el pacto, y Dios entonces los dejó a su suerte. Porque al ellos incumplir dicho pacto, liberaban a Dios de cumplir con su parte y por eso los abandonó.
En Qué consiste el Nuevo Pacto
El Nuevo Pacto es muy similar al primero pero mejor, porque si el primero fue sellado con la sangre de un animal, este fue sellado con la sangre preciosa de Jesús quien intercede por nosotros ante Dios, y tiene mejores promesas. Además este pacto ya no fue hecho con los judíos, sino con todos los que confesamos a Jesús como nuestro Salvador, sean judíos o no judíos.
Pero nuestro compromiso en dicho pacto sigue siendo el de obedecer sus mandamientos que ya no están sobre tablas de piedra sino en nuestra mente y en nuestro corazón. Así lo dice en Hebreos 8:10: «Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo».
Recordemos que después de Cristo, nosotros somos el Israel moderno, es decir, el Israel espiritual. De tal manera que nuestro deber en el Pacto con Dios sigue siendo el de obedecer fielmente sus preceptos, y darlo a conocer a otros para que de ese modo Él siempre esté con nosotros y nos bendiga, porque como dice en Daniel 9:4: «Él siempre guarda el pacto y la misericordia con los que le aman y guardan sus mandamientos».
El que no esté dispuesto a guardar los mandamientos de Dios hoy, está incurriendo en la misma rebelión de los judíos de entonces; está quebrantando el Sagrado Pacto de Dios y como consecuencia perderá el derecho a la Salvación. No juguemos con eso, porque aunque el diablo haya hecho creer al mundo que la Ley de Dios fue abolida, la Biblia es muy clara en afirmar lo contrario.
No permitamos que los engaños de satanás nos roben nuestra eternidad. Estudiemos concienzudamente la Palabra de Dios y pidamos al Espíritu Santo que nos dé la Sabiduría Divina tan necesaria en estos tiempos para no dejarnos engañar y poder pasar la eternidad con Cristo en el cielo.
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