
Los Tres Enemigos del Hombre (Image by Michal Renčo from Pixabay)
Desde la caída de Adán y Eva, tenemos tres enemigos implacables que nos asedian noche y día. Veamos cómo vencerlos según la Biblia.
El reconocido predicador cristiano Wesley decía: «Hay tres enemigos que quieren alejarnos de Dios y son el mundo, la carne y el diablo». Estos tres perversos enemigos nos afectan, nos dañan, nos envuelven y nos intimidan con su feroz poder.
Son adversarios que se presentan ante nosotros, pero no mostrándose como enemigos, sino por el contrario, presentándose sutilmente con engaños, burlándose así de nuestra debilidad, confabulándose entre ellos para imponernos su implacable señorío, y dominándonos en la mayoría de los casos.
El capítulo 4 del libro de Santiago, puede definir muy claramente el producto del hombre sometido a los poderes de estos tres odiosos enemigos, que de una manera o de otra suelen imponerse sobre nosotros.
Cómo Actúan Los Tres Enemigos del Hombre
Nos dominan, nos hacen envidiosos, codiciosos, obligándonos a vivir únicamente para complacer nuestros más vergonzosos deseos y para satisfacer cosas que nos dejan el alma vacía y el corazón destrozado; nos atan con cadenas, haciéndonos sus esclavos y nos alejan de Dios, impidiéndonos relacionarnos con El.
Sin embargo, cuando todo parece perdido para nosotros, Cristo, nuestro amado Redentor nos ofrece su maravillosa gracia. El mundo, la carne y satanás nos ofrecen adulterio, egoísmo, codicia, toda clase de deseos mundanos y perdición, que puedan hacernos felices por algún tiempo, pero al final siempre nos dejarán vacíos e incompletos, porque en el fondo siempre vamos a sentir como que nos falta algo, que pueda llenar por completo nuestra existencia.
Es ese el vacío que solo la Gracia de Cristo puede llenar. Y es esa la Gracia que nos puede liberar de todo lo degradante y más, porque aunque los poderes de estos tres enemigos son bien grandes, el poder de Cristo es mucho mayor y está disponible para nosotros hoy, y para vencer cualquier clase de tentación a la que nos tengamos que enfrentar.
Es a través de Su Gracia, que podemos odiar el pecado, y disfrutar plenamente de la compañía de Dios haciéndonos fervientes e inseparables seguidores suyos. Es la Gracia de Cristo la que puede transformar nuestros corazones llenos de maldad por una nueva naturaleza pura y santa.
¿Pero cómo podemos alcanzar esa maravillosa Gracia? Buscando a Dios. Dice en el libro de Santiago 4:7-8: «Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros». Si buscamos a Dios con un corazón arrepentido y nos sometemos a Él, no solamente obtendremos esa maravillosa Gracia que nos ofrece Cristo, el Salvador, sino que el diablo tendrá que huir porque sabrá que si estamos con Jesús, ninguna mala influencia prosperará con nosotros.
Pero si persistimos en seguir en el mundo, nos convertiremos también en enemigos de Dios, porque todo aquel que es amigo del mundo se convierte en enemigo de Dios (Santiago 4:4). Y eso en términos bíblicos se traduce en soberbia, que significa que esa persona prefiere el mundo y el yugo de satanás que someterse a Dios.
Los soberbios son todos aquellos que a pesar de estar bien perdidos y dominados por el diablo, el mundo y la carne, prefieren seguir ahí que someterse por completo a Dios, quien podría liberarlos de su triste condición. Es por eso que dice en Santiago 4:6 que «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». Mas que pecar, lo malo es resistirse al arrepentimiento, desechando la Gracia que nos ofrece Dios, y eso es lo que Dios no soporta, porque significa darle la espalda al amoroso sacrificio de Jesús para salvarnos.
De tal manera que esa maravillosa Gracia de Dios, le es solamente dada a todo el que esté dispuesto a someterse a la Voluntad de Dios. Y someterse significa que Cristo more en nuestro corazón y gobierne cada uno de nuestros actos. Someterse a Dios significa que la vida de Cristo circule dentro de nosotros, del mismo modo que la sangre circula por nuestras venas, y que el Santo Espíritu de Dios sea el que nos dirija cada día, desde que nos levantamos hasta que cerramos nuestros ojos cada noche.
Porque si buscamos la ayuda y la gracia de Dios, el Espíritu Santo tomará posesión de nuestra mente y hará que nuestras acciones sean de beneficio para nosotros y los que nos rodean, pero también para glorificar a Dios. Es solo de esa manera que podemos vencer a nuestros implacables enemigos. Solo el poder de Cristo en nosotros, nos podrá librar del poder del mundo, la carne y satanás, porque con Cristo somos más que vencedores.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la mejor manera de llevar el evangelio a todo rincón.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes