
El Maravilloso Plan de Redención
El Plan de Redención es un plan elaborado por Dios y su Hijo amado para salvar a la humanidad perdida. Veremos de qué se trata a continuación.
El plan de Redención, es un plan tan maravillosamente elaborado, que puede salvar hasta al más perverso de los pecadores. ¿Pero quién puede ser el más perverso? Como humanos podemos tener ciertas opiniones acerca de quién puede ser mas perverso que otro, y a veces juzgamos a aquellos cuyo pecado es distinto al de nosotros.
Sin embargo para Dios, todos estamos al mismo nivel de maldad porque para Él, pecado es pecado y ninguno es peor que el otro, pues para Dios es tan malo el que miente como el que roba o mata, y aun el que no daña a nadie pero que tampoco ayuda al prójimo en necesidad, pudiendo hacerlo. «Porque al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, eso le es pecado», dice en Santiago 4:17.
Pero veamos lo que dijo Jesús al respecto: «Ninguno hay bueno, sino solo Dios», (Marcos 10:18), y cualquiera que llegue a ser bueno solo puede serlo por el maravilloso Plan de Redención que puede transformar a un pecador asiduo en un verdadero hijo de Dios.
Después de la rebelión de Adán y Eva, nuestra naturaleza cambió por completo, y aunque dejamos de ser buenos, el infinito amor de Dios ha sido demasiado paciente para con nosotros, dándonos grandes muestras de misericordia y bondad, porque Él no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento, (1 Pedro 3:9).
El Maravilloso Plan de Redención
Sí, el plan de Salvación es tan maravilloso porque Dios a través de este, no solamente perdona al pecador de todos sus pecados, dejándolo como una persona justa y buena, sino que también lo restaura, al punto de convertirlo en una nueva criatura, odiando todas aquellas costumbres pecaminosas que antes amaba y que tanto ofenden a Dios.
Y es porque quienes estén dispuestos a ser transformados, reciben la simiente de Dios, es decir que son engendrados pero no por sangre y carne, sino por el Espíritu Santo de Dios que produce en ellos una nueva naturaleza, semejante a la de Cristo, convirtiéndolos en hijos de Dios (Juan 1:13). Qué maravillosa promesa.
Y una vez hijos, por medio de la obediencia a los principios de Dios, pueden alcanzar gozo, paz y amor; y por medio de la fe unir su debilidad humana al inconmensurable poder de Dios para vencer el pecado y alcanzar la santidad para entrar al cielo.
Es a través de Cristo que el pecador sale de su más degradante condición de pecado para convertirse, por los méritos del Salvador, en un ser puro, santo y justo, aceptado por Dios como parte de su familia divina.
Es contemplando diariamente a Cristo, que el pecador es transformado y elevado a la más alta dignidad, al punto de que se le permita sentarse con Cristo en su trono. Esta es también una promesa de Dios. Jesús dijo: «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono», Apocalipsis 3:21.
Pero para alcanzar tan hermosa promesa la condición es vencer por completo el pecado, y para lograrlo Jesús estará siempre ahí, para ayudarnos a salir victoriosos, dándonos su fuerza y su poder, porque para eso fue que Él venció primero. Cristo vino como hombre para vencer el pecado, la muerte y todas las adversidades con las que el diablo ha contaminado nuestro hermoso planeta.
Es por eso que Él dijo en Juan 16:33 lo siguiente: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, porque yo he vencido al mundo». Jesús no nos quitará las contrariedades y dificultades que son producto de este mundo caído en el que tenemos que vivir, pero sí nos garantiza que si vamos de su mano poderosa, tendremos victoria porque Él ya venció.
Nuestra Misión como Cristianos
Pero además como cristianos y fieles seguidores de Cristo que ya somos, tenemos entonces un propósito eterno dentro del Plan de Redención, pues al salvarnos a través de Cristo, nos convertimos en eslabones de Salvación para todos aquellos que aún no conocen a Dios.
En el plan de Redención cada uno de nosotros es una pieza importante para Dios, pues somos usados por Él, para dar a conocer el mensaje de Salvación a tantas personas del mundo que están perdidas, como una vez lo estuvimos nosotros también.
Nuestra vida es valiosa en la medida en la que la ponemos para la Gloria de Dios y el servicio de nuestros semejantes, porque la vida no es para acumular riquezas, tener éxito y fama, sino para agradar y servir en la obra del Señor, siendo los instrumentos terrenales para llevar a otros a los pies de Jesús.
Y recordemos que esto no es una opción, sino una obligación, porque la orden que Jesús dio a sus discípulos antes de subir al cielo fue: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura«, Marcos 16:15.
Esa orden se hace extensiva a nosotros hoy que somos también sus discípulos, y si bien es cierto que no todos podemos ir por todo el mundo, si lo podemos hacer entre las personas de nuestro entorno, de tal manera que no tenemos excusa para no hacerlo porque de todas formas, Dios nos pedirá cuentas por eso.
Si este artículo te parece interesante, compártelo. Es esa la mejor manera de llevar el evangelio a todo rincón.
Un sitio para reencontrarte con Dios
Cristianismo y otros temas de interés
Blog para jóvenes cristianos
Un lugar para reflexionar juntos....
Mensajes predicados por Juan Manuel Montané
Comentarios recientes