
Cuál Es el Fruto de la Salvación (Image by Yves Bernardi from Pixabay)
La Salvación es un proceso de preparación para entrar al cielo. Pero cuál es el fruto de la Salvación? Veremos lo que dice la Biblia.
La Salvación es un proceso que comienza con la justificación que nos acredita Dios por su gracia y que aceptamos por fe. Pero ese proceso de Salvación que comienza con la justificación se llama santificación, y dura toda la vida. La santificación es absolutamente necesaria para entrar al cielo, porque la santificación es la transformación del carácter para vivir con Cristo toda la eternidad; de tal manera que sin transformación tampoco habrá Salvación.
Cuál Es el Fruto de la Salvación
Dice el apóstol Pablo: «Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin (objetivo), la vida eterna», Romanos 6:22. Entonces, el fruto de la Salvación es la santificación que se determina por nuestras buenas obras.
Y aclaro que las buenas obras no son para ser salvos, porque la Salvación es por Gracia. Pero las buenas obras son el resultado, o son las que demuestran que somos salvos; ellas demuestran que hemos comenzado el proceso de santificación y que el Espíritu Santo de Dios está transformándonos en nuevas criaturas y preparándonos para la Vida Eterna, puesto que nadie puede ir al cielo tal como es.
Todos necesitamos ser transformados de nuestra naturaleza carnal y pecadora a una nueva naturaleza espiritual y sin pecado, es decir, a una nueva vida en Cristo. Esa nueva naturaleza responde a un nuevo nacimiento en el que la simiente de Dios ya mora en nosotros (1 Juan 3:9). Es por eso que el apóstol Pablo nos dice:
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, 2 Corintios 5:17. Eso significa que comenzamos una nueva vida, en la que nos deben regir las cosas espirituales. Comenzamos a dejar de ser carnales como antes éramos para ser espirituales y el amor de Cristo es el que debemos reflejar al mundo a través de nuestra conducta.
Si antes nos dominaba la ira, el enojo, la impaciencia, la envidia la crítica o el descontento, ahora debe imperar en nosotros la tolerancia, la solidaridad, la alegría, la misericordia, la empatía y el amor incondicional por los demás. Es el Fruto del Espíritu el mismo fruto de la Salvación, de tal manera que si no desarrollamos ese fruto, tampoco tendremos entrada al cielo.
En Gálatas 5:22-23 el apóstol menciona cuál es el fruto del Espiritu y dice así: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o doninio propio». Porque cuando nacemos de nuevo a esta nueva vida en Cristo, su amor puro y perfecto se ve y se siente, ejerciendo un enorme poder en nosotros. Un poder que nos capacita para hacer cosas que antes ni imaginábamos poder hacer.
Un poder que convierte al tímido en osado; al perezoso en diligente; al agresivo e intolerante en paciente y comprensivo; y al ignorante en sabio. Es el amor puro y perfecto que alivia todas las penas porque tenemos a Cristo; es el que da esperanza al desalentado, alegría al triste, y nuevas oportunidades al que lo ha perdido todo. Es el amor que llena nuestra vida dándonos la certeza de que por difíciles que se vean las cosas, todo irá mejor solo si confiamos en Dios.
Pero además ese poder nos capacita para enfrentar las tribulaciones con entereza y sin quejarnos porque sabemos que el Señor está con nosotros. Ese es el maravilloso fruto de la Salvación, una transformación completa de un carácter mundano que sólo hace culto al «yo interior’, buscando siempre beneficios egoístas, para ser semejantes al carácter de Cristo y adorarlo solo a Él.
Así pues que el fruto de la Salvación no es solamente la promesa de pasar toda la eternidad con Cristo sino también la certeza de una vida abundante en nuestro peregrinar por este mundo. Para darnos todo eso fue que vino Cristo a esta tierra, y por lo tanto debemos aprovecharlo de la mejor manera.
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