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Arraigados en Cristo

Arraigados en Cristo

Arraigados en Cristo (Image by StockSnap from Pixabay).

Los justos entrarán al cielo y su justicia prevalecerá en aquellos que estén arraigados en Cristo. Veremos qué dice la Biblia al respecto.

Dice el Salmo 92:12-14 lo siguiente: «El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes».

El cedro del Líbano es un árbol robusto, fuerte, frondoso e imponente que puede alcanzar hasta 40 metros de altura por 2.5 metros de diámetro. Su madera es densa, fuerte y muy duradera, con profundas y extendidas raíces que le permiten permanecer firme e inamovible aún en las peores tormentas. Gracias a esto, puede durar hasta dos mil años de edad. Es muy adaptable a los climas extremos, soportando aun fuertes heladas.

Es tal vez por su resistencia a las inclemencias del tiempo y otros factores externos, que la Biblia lo compara con el hombre justo, que se halla firmemente arraigado en Cristo. Cuando un cristiano cree de manera vehemente en su Salvador, aferrado a Cristo a través de las profundas raíces de la fe, puede florecer y fructificar, permaneciendo firme en sus convicciones y reverdeciendo aún en medio de las peores adversidades.

Arraigados en Cristo

Para estar firmemente anclados en la Roca, arraigados en Cristo, tenemos que permitirle que tome posesión absoluta de nosotros, entregándole nuestra voluntad para someternos a la suya. Se trata de una total dependencia a Dios, sometimiento absoluto y obediencia fiel a sus mandamientos y principios, sin ninguna clase de cuestionamientos. Es permanecer en El, del mismo modo que la rama tiene que permanecer unida al tronco del árbol para poder vivir y fructificar, porque es el árbol en sí mismo el que puede alimentar las ramas, de la savia que viene de las fuertes raíces para mantenerlo en pie.

Analicemos esto en las propias palabras de Jesús: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer», Juan 15:4-6.

Permanecer en Cristo es estar arraigado en Él, y al estar arraigado en Él, produce frutos para el Reino de Dios. Y es que el verdadero cristiano debe producir los frutos del Espíritu que son: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza o dominio propio», Gálatas 5:22-23. Estos frutos son los que determinarán si en verdad es salvo o no; y determinarán cuan arraigado se encuentra en Cristo para poder entrar al cielo o por el contrario, ser definitivamente descartado de él.

Arraigados en Cristo Para Vencer la Adversidad

Pero esos mismos frutos determinan también cuan fuerte y firme puede permanecer frente a las difíciles tormentas y pruebas que le sobrevendrán mientras permanezca en este mundo de dificultades y perversión. Estamos viviendo los últimos días de este mundo y son tiempos bastante peligrosos, en los que la maldad del hombre está llegando a su climax, nuestra sociedad está desenfrenada y el poder de satanás desbordado.

Esto ya había sido profetizado por el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:1-7 al expresar lo siguiente: «En los postreros días, habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella».

Son hombres sin Dios, cuyo referente interno es satanás, porque quien no tiene a Dios, le rinde culto al diablo según las propias palabras de Jesús cuando dijo: «Quien no está conmigo, está contra mí», Mateo 12:30. Es por eso que vivir en medio de una sociedad sin Dios no es nada fácil, sobre todo si no vamos en su misma corriente, y es por eso también que nuestras raíces deben estar bien cimentadas en Cristo.

Todos seremos fuertemente probados. Nuestra mente y nuestras convicciones, al igual que el cedro del Líbano, deben estar preparadas para soportar cualquier tormenta y para resistir cualquier tentación, porque los poderes de las tinieblas estarán listos para atacarnos al menor asomo de debilidad nuestra o falta de protección divina. Porque si no estamos firmemente arraigados en Cristo, podremos ser presa fácil para el enemigo, que no descansará hasta hacernos caer.

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Esta entrada fue publicada en noviembre 26, 2022 por en Conociendo a Dios y etiquetada con , .
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