
Cómo Podemos Bendecir a Otros Con Nuestras Palabras
Las palabras tienen poder para bendecir o para dañar. Pero cómo podemos bendecir a otros por medio de la palabra. Lo veremos aquí.
Es muy cierto cuando se afirma que las palabras tienen poder ya sea para bendecir o también para dañar, y es por eso que debemos tener mucho cuidado al expresarnos.
Debemos siempre pensar antes de hablar porque la palabra pronunciada ya no se puede volver atrás, y por hablar impensadamente, muchas veces ofendemos sin siquiera darnos cuenta y aun muchas veces también lo hacemos sin querer.
Las palabras duras y ociosas pueden hacer mucho daño, y emitirlas descuidadamente es tan grave que por ellas tendremos que rendir cuentas a Dios el día del juicio (Mateo 12:36).
Pero también al hablar palabras necias, groseras, frívolas, obscenas o de doble sentido, deshonramos a Dios con ellas y minamos nuestra espiritualidad. Por eso el apóstol nos exhorta diciendo: «Que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca», Efesios 4:29.
Cómo Podemos Bendecir a Otros Con Nuestras Palabras
Los verdaderos hijos de Dios debemos impartir la luz de Cristo por medio de nuestras palabras. Con nuestras palabras debemos transmitir luz en vez de oscuridad y armonía en vez de animosidad o disensión.
Sin embargo, las palabras correctas y bien usadas pueden ejercer una poderosa influencia en el oyente, mas aun que el mejor sermón que se pueda predicar.
El carácter de una persona se puede apreciar fácilmente a través de sus conversaciones, porque lo que se dice refleja los pensamientos, los sentimientos y las creencias. Ya lo dijo el Señor en Lucas 6:45:
«El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca«.
Nuestro lenguaje debe reflejar el amor de Cristo y la sabiduría divina. Los hijos de Dios no podemos expresarnos del mismo modo en que la gente del mundo lo hace, porque con nuestras palabras debemos siempre agradar y honrar a Dios mientras bendecimos al prójimo.
Por eso dice en Colosenses 3:17: «Todo lo que hagáis, sea de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él».
Los cristianos tenemos una seria responsabilidad al emitir palabras, pues ellas deben reflejar siempre el carácter de Cristo a quien representamos, y si usamos palabras inapropiadas estamos denigrando de Nuestro Salvador.
Cuando hablemos no pronunciemos palabras que no nos atreveríamos a pronunciar si tuviéramos a Jesús en frente. Sin embargo recordemos que Él sí está presente en todo lo que hacemos aunque no lo veamos.
Evitemos pronunciar palabras desalentadoras. Evitemos también la difamación y la crítica, porque son altamente abominables para Dios al punto de que Él las considera como atentar contra la vida de alguien. En Levítico 19:16 dice así: «No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo».
Y evitemos también responder con agresividad cuando nos ofendan o maltraten de palabra. Es precisamente ahí donde podremos reflejar mejor el carácter de Cristo. El dijo: «Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón», Mateo 11:29. Y qué mejor muestra de mansedumbre al no responder a nuestro ofensor con la misma moneda.
Si nuestra intención es bendecir a otros evitemos aun las palabras soeces y las conversaciones frívolas y vanas que en vez de bendecir, traen maldición tanto para quien habla como para quien escucha.
Seamos pues consecuentes con nuestra investidura de cristianos. Reflejemos a Cristo con cada uno de nuestros actos y conversaciones para que podamos glorificar a Dios, dando el mejor testimonio ante el mundo.
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