
Evitemos las malas compañías
Evitemos las malas compañías que no nos aportan ningún beneficio espiritual sino que nos alejan de Dios. Veamos cómo lograrlo.
Es cierto que Dios dijo que debemos amar a todos incluyendo nuestros enemigos, tratándolos con respeto y consideración. Sin embargo, debemos evitar tener estrecho compañerismo con quienes sean completamente adversos a las cosas espirituales y a Dios.
Evitemos Las Malas Compañías
Como cristianos que somos debemos evitar tener familiaridad y camaradería con los inconversos, porque pueden ejercer una mala influencia sobre nosotros, alejándonos fácilmente de Dios y de nuestro propósito eterno.
El diablo suele usar todo tipo de personas agradables y con gran poder de persuasión para influir negativamente sobre los fieles seguidores de Cristo. Es por eso que la Biblia advierte cuando dice: «Salgan de en medio de ellos y apártense«, 2 Corintios 5:17 NVI.
Esas personas suelen tener una voluntad fuerte y un temperamento impositivo, que saben cómo envolver a muchos y hacerlos desistir de sus convicciones éticas y morales.
Evitemos a toda costa esa clase de amigos, ya que el entorno de estas personas está contaminado con el mal y puede fácilmente también contaminar el nuestro.
Busquemos personas que tengan nuestros mismos intereses, gustos y creencias acerca de Dios al momento de elegir nuestras amistades, para que nos ayuden a crecer en nuestros ideales y que aporten a nuestro desarrollo espiritual.
Personas con las que podamos compartir nuestras dudas e inquietudes acerca de Cristo y sus enseñanzas para enriquecernos en los asuntos del cielo y de nuestro destino final.
Debemos tener cuidado con aquellos que denigren de Dios o que traten con frivolidad su existencia, ya que pueden minar nuestras convicciones o hacernos también dudar acerca de ello.
Evitemos a los incrédulos
Dice en 2 Corintios 6:14-16 lo siguiente: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?»
Porque no pueden entenderse dos si piensan distinto. Sería como unificar el bien con el mal; la luz con las tinieblas; el día con la noche o a Dios con satanás. Es totalmente absurdo.
Es cierto que no debemos esperar que nuestros amigos estén completamente libres de imperfecciones, pues todos las tenemos, pero sí debemos al elegirlos, elevar tanto nuestra norma como sea posible.
Seamos exigentes al respecto; evitemos a aquellos que tratan de manera vana, frívola o indiferente tanto a Dios como sus sagrados principios, porque si pertenecemos a Cristo debemos tener cuidado de dónde específicamente ponemos nuestra simpatía y nuestros afectos.
Descartemos por completo a los irrespetuosos e irreverentes y rechacemos a quienes se burlan del Señor; alejémonos de aquellos que no tienen temor de Dios ni actúan bajo sus sagrados principios.
Si no hacemos esto con diligencia, estaremos poniendo en peligro el alma y alejándonos del camino al cielo, porque como dice el viejo adagio popular: «Dime con quién andas y te diré quién eres», pues desafortunadamente, los malos hábitos se pegan fácilmente.
Recordemos lo fácil que una manzana podrida puede ir dañando de manera rápida todas las buenas que se encuentren en su entorno, y si accedemos a compartir con los incrédulos, muy pronto nos convertiremos en uno de ellos.
Los fieles seguidores de Cristo estamos en el mundo pero no somos del mundo (Juan 17:16) por lo que «no debemos adaptarnos a el ni a sus vanas costumbres, sino transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento» (Romanos 12:2), para que seamos santos, únicos y perfectos de acuerdo a la Voluntad de Dios.
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